Santa Muerte Por El Bardo de la Taurina

Manuel Rodriguez Sánchez “Manolete” haciendo el paseillo desde el hotel Cervantes hacia el coso de Santa Margarita en Linares, agosto de 1947.

Se palmó la temporada en Cinco Villas y sucedió como no debió de haber sucedido. Con un aberrante acto que provocó nos ardiera de vergüenza la cara, de rabia el corazón y de reproche la lengua,  cuando  el novillero Nicolás Gutiérrez, azuzado por su apoderado Luis Fernando Sánchez, masacró a ‘Faraón’ que así se llamó el novillo  de Huichapan, victimado arteramente no obstante un rosario de avisos, lo cual no  debe quedar impune y se tiene que aplicar un correctivo al novillero, más allá de lo que le significó verse desnudo por su falta de entrega, técnica y valor  y pa’ rematar en otro burel, los mulilleros junto con los subalternos mañosos  en turno, desafiaron al  digno, ético y valiente  juez de plaza Don Antonio Maeso, metiéndole presión al no darle rienda al tiro de percherones, con lo que esos jornaleros provocaron que unos cuantos asistentes   sacaran   el pañuelo pa’ sonarse las fosas nasales o para borrarse del rostro algunas perlas de sudor, pues dudo que haya sido pa’ pedir  una orejilla  distante de toda cordura, que si Don Antonio hubiera cedido, ya lo estaríamos remitiendo al palomar de la Nochebuena,  el que con frecuencia se convierte en el palco de la cachondearía.

MUERTE ELÉCTRICA

Hilvanando con lo que provocó la falta de pericia del novillero infractor, viene oportuno ventilar que en España se están ocupando de encontrar la manera de que los bureles no pasen de una muerte digna a una indigna, como lo puede ser la que se da cuando lidiadores carentes de valor y técnica pa’ echarse sobre el morrillo y el testuz pa’ descabellar y apuntillar, para lo cual entre las propuestas está que el matador se tire a matar con un número limitado de intentos, igualmente con la espada de cruceta y en el caso de los puntilleros se contempla que el finiquito se realice mediante un instrumento eléctrico,  desde donde se le quiera ver la medida puede resultar sana y por ende beneficiosa para la actual fiesta y por ello conminamos a la Asoc. de Matadores a tomar cartas en el asunto y tratar de implementar la medida lo antes posible.

                                                        MAL FARIO

Sin duda el taurino presente de mayor prestigio en la lidia de las estadísticas lo es Don Pedro Pérez, el hijo del más ingenioso porrista que en toda la historia de las plazas ha existido ‘El Pato’, además Don Pedro es proveedor de datos fidedignos para este escaparate en el renglón relativo a quienes se debe  designar con soporte  como triunfadores de las temporadas de la Plaza México, por ello cuando la  autoridades de la monumental  en Puerta de Caballos Manuel Acevedo, nos confirmó que Pedro Pérez había sido embestido por la adversidad dando como resultado, que se le haya amputado un pie, esta columna hizo suyo el dolor y a la vez   reconoce la entereza de este taurino el cual frente a la tragedia  exclamó ‘No pasa nada, la vida sigue y volveré al tendido de sol’ ante esa muestra de carácter solo  un pase de solidaridad y de admiración de quienes valoramos a un  personaje cojonudo de la fiesta.

                                                        SANTA MUERTE

Me preguntaban con motivo del día 12 de diciembre ¿por qué se perdió esa tradición tan mexicana de dar la Feria Guadalupana? esa que congreba a las grandes figuras, la respuesta;  No se da por dos causas; la primera que dudo que la  empresa de la capital  sepa que existió esa tradición tan taurina y segunda porque con trabajos hoy se tiene una figura (Zotoluco) del pasado y una del presente (Joselito Adame), así que lo mejor sería instituir la feria de la Santa Muerte, que es la que rige hoy en la fiesta y que además hasta nos brindaría el no tener que chutarnos tres tardes a un imitador guadalupano (Diego Silveti), ni a otro con carita de Juan Dieguito (Fermín ‘Armillita’) y eso sí, sería un milagro.

 

 

 

1 comentario »

  1. Sólo ha existido una sola “Feria Guadalupana” (Seis corridas contínuas en 1956); la que sí era una tradición era la “Corrida Guadalupana” em la que se entregaba un trofeo. Otra tradición que duró muchos años fue la de dar la “Corrida de Covadonga” en la que es estrechaban los lazos fraternos de los mexicanos con los españoles en general. La “Corrida de la Oreja de Oro” era a beneficio de la agrupación de matadores y se daba con seis de los matadores de mayor éxito en la temporada que se estaviera celebrando.

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