Opinión: ¡Sin ninguna esperanza!

Por Xavier Toscano.

En diversos escritos del recién terminado año de 2015, hicimos algunas reflexiones de los hechos ocurridos en el planeta de los toros durante este período, y que consideramos eran los más significativos, o que se diferenciaron por ser eventos relevantes dentro y fuera de los ruedos.

Como la agradable y no menos sorprendente noticia protagonizada por el decano de la fotografía taurina, Francisco Cano “Canito”, que cumplió 103 años de edad. Otra nada atrayente y más bien de tintes adversos como las serias, desafortunadas e inoportunas cornadas de Saúl Jiménez Fortes, en una temporada importante para él, que lo iba llevando a su definitiva consolidación. Igualmente el difícil trance vivido por el subalterno Mauricio Martínez Kingston en la capital, pero que afortunadamente los galenos han logrado con los avances en la medicina llevarlo con muchos cuidados a buen puerto.

Recordemos también los acontecimientos arbitrarios que se produjeron en el Estado de Coahuila, en donde su gobernante promulgó una ley —aplastando con iniquidad el derecho esencial a la libertad— en la cual prohibía la celebración de festejos taurinos, y no obstante haber conseguido los promotores de Torreón y Saltillo un amparo federal, el cual les permitía la celebración de éstos, el Gobierno bloqueó los festejos en Torreón y trató de obstaculizar el de Saltillo, utilizando a la fuerza pública para intimidar a la empresa y a los aficionados que habían asistido al evento. Y para no desentonar con los caprichos y atropellos del saliente alcalde de la ciudad de Bogotá, Gustavo Petro, el nuevo titular en el Gobierno bogotano de apellido Peñalosa, comunicó a sus electores que prolongará las medidas absurdas e ilegales de su antecesor para que continúe cerrada la plaza de toros Santamaría, sin preocuparle y mucho menos tomar en cuenta que exista un fallo de la Corte Constitucional Colombiana que aprueba y concede en su país la celebración de corridas de toros; ¡Incoherente, la más absurda sinrazón!

Hoy como corresponde a cualquier inicio de un período, tratamos de pensar en cuáles serían las factibles intenciones y objetivos que servirían como una posible ayuda, o potencial remedio para enderezar y dirigir a un rumbo más positivo a nuestro hermoso —tristemente por el egoísmo, la soberbia y prepotencia de algunos— pero actualmente, descastado y mancillado espectáculo taurino.

Han sido varias décadas en las que seguimos soportando a quienes con jactancia y presunción, se conducen prepotentes, de forma irreflexiva y deshonesta, con una disimulada, pero muy bien manipulada autorregulación, que ha sido la causa principal —más acentuada en los años que han trascurrido de este nuevo siglo— que ha dado origen a la catástrofe y hundimiento del espectáculo taurino, que se encuentra en una total y severa agonía, por lo que es imperativa, necesaria y fundamental, la inmediata intervención y vigilancia —y que dejen de esconder la cabeza como los avestruces dentro de un agujero— de las autoridades del Gobierno, para que exista un adecuado y correcto proceder dentro de los festejos, siempre a favor y para la protección de quienes pagan su boleto.

No hay que olvidar que nuestra bella Fiesta Brava —aunque algunas personas opinen diferente— es inequívoca y categóricamente un patrimonio histórico, social y cultural de nuestro pueblo. Con una antigüedad de más de quinientos años en nuestra tierra, que nos quedó como un legado de la colonización, así como de la misma manera fueron herencia el idioma, la religión, la gastronomía y el folclor que unidos y amalgamados con nuestra excepcionales y asombrosas raíces autóctonas, dieron paso a una extraordinaria cultura y civilización mestiza, de la que orgullosamente formamos todos los mexicanos.

Es indispensable y vital para la continuidad del “Autentico y Verdadero Espectáculo Taurino” la injerencia firme y decisiva —sin contemplaciones ni complicidades— del Gobierno, siendo lo más ideal y congruente que su intervención fuera a nivel federal con una “Reglamentación Única” que vigilara y sancionara a todas las entidades federativa de nuestro país —¿un sueño imposible?— similar en la medida de lo posible al manejo y vigilancia que se lleva en España; o, ¿qué acaso la fiesta no vino de allá? Y, ¿el toro?, ¿la vestimenta?, ¿los utensilios necesarios para la lidia, etc.? Y, ¿qué acaso nuestros arreglados y comoditos reglamentos no dicen a la letra?… “Se lidiarán toros bravos a la usanza española”… “Los toreros saldrán vestidos a la usanza española”… ¿Entonces?  La aplicación de estas regulaciones —que tendrán que ser revisadas y corregidas para beneficio de los aficionados y público que paga su boleto—  deberán ser aplicadas con absoluta honestidad y rectitud, sin actuaciones mediocres, servirles y humillantes que hoy únicamente complacen a las empresas y a los protagonistas del espectáculo.

Y así, y solamente así, finalmente conseguir erradicar tantos timos y triquiñuelas que vienen ocasionando a los aficionados,  y principalmente extirpar el continuo y nefasto cáncer del fraude de ver lidiar novillos y becerros en lugar de auténticos toros, situación anárquica y caótica que se vive en las plazas de nuestro país.

Sin embargo actualmente este propósito o proyecto se avizora difícil de llevar a buen término, si no es que las autoridades asuman ya, una actitud de compromiso ante una responsabilidad que sí es de su competencia. Los años de este nuevo siglo van pasando, y cada día vemos como los gobernantes pierden más credibilidad de jurisdicción, no sé si por incapacidad, ignorancia o irresponsabilidad, pero esta actitud salta a la vista de todos, y más tratándose de nuestro espectáculo taurino.

Nuestra Fiesta Brava, la del Toro, necesita regresar urgentemente a la verdad, al cumplimiento ordenado y sin complacencias de las leyes que la rigen, en un espectáculo en el que la figura central sea siempre el auténtico toro —con edad, presencia y bravura— porque nadie, que diga que ama a esta Fiesta, podrá jamás olvidar y mucho menos omitir que este extraordinario y sorprendente mundo, vive y existe únicamente y nada más, gracias a la existencia de su Majestad El Toro Bravo.

Opinión: http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2016/01/06/sin-ninguna-esperanza/


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