Tendido Siete: Únicamente él decide cuándo

 

Por Xavier Toscano G. De Quevedo

Nuestro emblemático espectáculo taurino, nace, vive y gira exclusivamente por la presencia en nuestro planeta de ese hermoso y señero ejemplar de la naturaleza que es su Majestad el Toro Bravo. Él es la figura vital, y la razón de ser de ésta fiesta, sin él nunca hubiera existido está maravillosa y mágica manifestación de arte y entrega que es “La Tauromaquia”, movimiento milenario e histórico que ha sido motivo de inspiración para todos los genios creadores de las bellas artes.

Junto al toro, siempre se ha requerido de la presencia y participación de personas que posean el “Don Divino”, la intuición, capacidad y voluntad para conseguir enfrentarlo y crear así ésta bella e inigualable expresión artística. Ya que a través de los siglos nunca han faltado aquellos que audazmente lo han intentado, pero reconozcamos que jamás ha sido una tarea fácil, ya que no todos los que sueñan en ello estarán llamados, muy pocos lo lograrán, y de estos muy contados alcanzarán el éxito y solamente unos pocos privilegiados que cuenten con el regalo del “Toque Divino” conocerán la gloria, convirtiéndose en auténticas figuras del toreo.

Para ser torero, “primero habrá que parecerlo”, afirmó Juan Belmonte, si en ello se aprueba, después se tendrá que contar con las aptitudes e intuición necesarias para ir asimilando las enseñanzas que vengan de la mano de auténticos maestros que conozcan —el verdadero oficio para lidiar reses bravas— y que además tengan la capacidad para transmitirlo. Acordémonos que a la entrada de la Escuela “Marcial Lalanda” en Madrid, hay una inscripción que dicta; “Ser torero es tarea difícil, lograr ser figura, es un Milagro”.

¡Ay Dios mío, cuantas sandeces! Repetidamente estamos escuchando a tantos toreros y sus comparsas auto-nombrarse figuras; ¿será verdad? —¡dime tú de que presumes, y te diré de que careces!— las auténticas figuras del toreo son aquellas personas capaces de acaparar y despertar la máxima atención de los aficionados, del público, la prensa. Es el hombre que con su sola presencia en cualesquier plaza del mundo, moviliza a miles de individuos con el deseo de ver su actuación, creando un estado de expectación inimaginable.

Las figuras mandan, y José Tomás lo es: ¿Figura? Sí señor por supuesto que sí. Quiso reaparecer éste año en Jerez, en su “Feria del Caballo” y hasta el mismo rey de España fue a verlo, su actuación forma una vez más parte de la historia ¿Quién podrá igualarlo? considero que nadie. Si los demás compañeros de cartel cortan orejas —intentando igualarlo—  a él le conceden el rabo, pero nadie, absolutamente nadie, es capaz ni remotamente de acercarse a él.

¿Cómo se logra ser figura y disponer de su voluntad en la fiesta? Únicamente conduciéndose con entrega en cada tarde, en las plazas en las que se actúe, convenciendo al público. Pero siempre  sin olvidar que habrá que conducirse por el camino verdadero dentro de éste asombroso y enigmático mundo que exclusivamente lo guía su Majestad, El Toro Bravo.

FUENTE: EL INFORMADOR

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