Entendiendo que el concepto de la tauromaquia de Enrique Ponce para algunos necios, es poco apreciado, escribo después de verle por televisión en las faenas brillantes que ejecutó en una de las plazas en el mundo taurino que más lo han cuestionado, la de Las Ventas de Madrid y en la que lució el gran conocimiento de quién en un plazo por decir una cifra, de 15 años de la actuación como la reciente, se dirá que fue un hito.
La torería de Ponce es inmensa, figura fraguada en 26 años de vida activa de matador tal vez en toda la historia del toreo es quién a un mayor número de astados le extrae lo bueno que en el fondo de su instinto tienen y que muchas veces para los que estamos de testigos, es poco o nada visible.
Ponce es una enciclopedia taurina, en la que figuran algunas de las más bellas páginas de un artista clásico, contradictorio y fiel a sus circunstancias, reconocido y venerado por los amantes más exigentes de la tauromaquia, sin dejar de lado a sus detractores.
Ha quedado para la historia aquella faena a Lironcito, un toro de Valdefresno, con el que se fundió en una sinfonía de arte en aquel inolvidable el 27 de mayo de 1996 en la plaza de las Ventas.
El de Valdefresno en Madrid al principio por el lado derecho no tragaba los cites e iba por el izquierdo a regañadientes pero hacia el final era un dúctil por ambos lados y si no le cortó los máximos trofeos Enrique (como tampoco lo pudo conseguir con el de Fernando de la Mora en Aguascalientes) fue por sus fallas con el alfanje que es su única debilidad, pues si no fuera por ello, la cantidad de trofeos de por si espectacular sería aún más rotunda.
Otra vez uno de Valdefresno, un galimatías y el de Puerto de San Lorenzo más potable, le han servido para dejar para la posteridad una actuación en la que la plaza en pleno le mostró reconocimiento.
El celo que tiene Enrique por seguir ocupando un lugar de privilegio, llama la atención, lo vemos destilando plasticidad, estética con la presencia de la motivación de aquel que va labrando su vida momento a momento y no quiere apearse de figura del toreo.
Enrique es uno de los toreros con mayor cerebro privilegiado para lidiar astados en la historia y de esos muy, pero muy pocos. Si a eso le aunamos que está motivado a seguir en las alturas, me parece que habría verlo tardes futuras, en general cada una lección de lo que constituye entender las embestidas de un toro y canalizarlas a favor.
En Madrid resaltar también la brillante actuación de Talavante, la última con un difícil, por manso, toro de Fuente Ymbro, en la que demostró que el toreo así como quita da a raudales para quién está preparado y genera instantes de arrebato, como lo hizo Alejandro, en una faena de no muchos pases, variadísima.
Vienen corridas muy interesantes y además de Madrid, Dios mediante estaré en los veinticinco años de alternativa de Finito en la Feria de Córdoba en la que con seis astados tratará de celebrar una trayectoria de trazo y pulso, artísticos.
Antes en un gran cartel estarán Morante de la Puebla, El Juli, Talavante en una feria corta de cuatro festejos pero muy atractiva, el último de rejones con la actuación de Pablo Hermoso, en una ciudad bellísima y de tanta historia, cuna del torero más representativo del Siglo XX, Manuel Rodríguez y de otros grandes califas del toreo.
Madrid sigue y la semana que comienza nos deparará la magia del toreo, a por ello como dicen en España o a darle, que es mole de olla como decimos en México.



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