
Pegaso. Ubicado en la fuente central de Palacio Nacional, Ciudad de México por Humberto Peraza. www.humbertoperaza.com.mx
Humberto Peraza artista taurino mexicano, maestro de varios escultores y pintores, murió el día domingo a los 90 años de edad informó su hijo Sergio Andrés Peraza Ávila.
Humberto Pereza nació en Mérida, Yucatán el 4 de diciembre de 1925. Llevó sus estudios en la Academia de San Carlos de la U.N.A.M. en donde se tituló como escultor profesional, maestro en artes plásticas. Fueron más de 100 piedras talladas, 48 cuadros al óleo, 150 acuarelas y entre muchas de las otras cosas que hicieron de el un artista extraordinario. Su primer escultura fue hecha en 1932 cuando era solo un niño. Es reconocido mundialmente como el escultor taurino, ya que en cada pieza siempre daba entrega y pasión, lo que traduce en piezas armónicas. Peraza tuvo muchos maestros que siempre fueron muy importantes ya que eran una inspiración para él. Él siempre pensó que la belleza era una manifestación de la relación de la vida, podía ser la mejor manera de tomar conciencia de lo que nos dispone la vida.
De SOL y SOMBRA.
El hombre, para sobrellevar su condición trágica de caído, ha inventado varios sistemas de ideas en los que encuentra refugio: la religión, que en términos de occidente ha sido un invento de los judíos; la filosofía, invento de los griegos; la ciencia, que también se desprende de lógica griega; el arte que nació con el primer hombre, esto es cuando surge el arts hommo, y el vago e indeciso concepto de la felicidad que tiende a ser sustituido por el placer cumplido. Pero una creación se vuelve arte cuando trascendiendo los medios de que se vale nos revela uno de los misterios del universo. El arte es así una verdad revelada y de ahí su repercusión. Los griegos notables de la antigüedad necesitaban de un poeta y de un escultor , con ambos se conseguía la eternidad tan ambicionada por el hombre. Cierto, la escultura es otra forma de vida que a despecho de algunas propiedades ofrece otra: la eternidad. Es imprescindible detenernos en este punto en las esculturas taurinas de Humberto Peraza.
Todas expresan el equilibro frágil que existe entre la vida y su reverso: la muerte. La escultura es arte apolíneo por excelencia y todas las esculturas de taurinas de Humberto Peraza se percibe. Los volúmenes, los seres vivos en movimientos precisos y elegantes, enfrentados irremediablemente, nos anuncian que entre la vida y la muerte no hay espacios sino un breve suspenso que algún día se desvanecerá. Ese concilio de la tauromaquia y el arte, tan vivo en Peraza, alcanza proporciones. Así ha sido con Federico García Lorca y la Muerte de Ignacio Sánchez Mejías, y también con Ernest Haiminway en Muerte en la Tarde, por citar algunos, y bien decía este último que el toreo muestra una vida que desafía y una muerte con coraje, ambas indispensables en la dignidad humana. Apenas hay que decir que en estos tres artistas se da la alianza de dos pasiones que al conciliarse se vuelven irresistibles. Sin embargo hay que considerar que don Humberto Peraza ha hecho una vasta obra que ha iluminado otros campos.
Evocamos con placidez una anécdota: don Carlos Loret de Mola le encargó a don Humberto una estatua de la diosa Xchel, deidad maya de la fertilidad. Concluía la espléndida obra Loret de Mola pensó que no podría estar en un parque pues podría prestarse a una mala interpretación del público.
El Lic. López Portillo, secretario de Hacienda y Crédito Público, conoció la estatua y se prendó de ella. Loret le regaló una versión pequeña, pero ya candidato a la presidencia de la República, el Dr. Luna Kan le regaló la estatua a don José y éste la llevó a Los Pinos: cuenta una leyenda muy difundida que el presidente, para bien o para mal, le besaba todas las mañanas el ombligo desnudo a Xchel, diosa maya de la fertilidad.
Tiempo después López Portillo se llevó la mítica estatua a su domicilio particular que ha tenido por mal nombre “La Colina del Perro”, en donde realizaba el mismo ritual del beso a la fertilidad. Pero también nuestros próceres aspiran a la perpetuidad que brindan las manos de Humberto Peraza Ojeda. Hay muestras impresionantes en las calles.
La vida imita al arte, por eso Humberto Peraza no necesita de homenajes, lo necesitamos nosotros para destacar la obra de un artista que nos ilumina para vivir mejor.
De hecho este pequeño homenaje corre el riesgo de ser insuficiente.
Reconocimientos:
Seis veces ganador de concursos nacionales de escultura, 13 medallas de oro, 16 reconocimientos, 62 diplomas nacionales e internacionales, 52 monumentos de grandes dimensiones repartidos por toda la República Mexicana y el extranjero. Entre ellos se encuentra el concurso de 1958 por la estatua ecuestre del general Joaquín Amaro que se encuentra en el campo Marte del DF, en 1960 la medalla taurina del grupo yucateco, en 1968 Medalla de oro paz escultura y arte México DF, en 1970 diploma de two thousand men of achievement, en 1971 la medalla de oro como hijo predilecto de Mérida Yucatán, entre otros.
Twitter @Twittaurino



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