
Por Xavier Toscano G. de Quevedo.
¡Aquí no se ve, no se escucha, no se vislumbra nada! Todo es un vacío que aparentemente no se le encuentra el fondo, los coletas de nuestro país se encuentran a la espera —¿Por qué será?— de ver si surge una posibilidad de que se les llame para algún festejo, y otros hacen números para arriesgarse de ser sus propios empresarios y organizar alguna “corridita”. En tanto, más allá del Atlántico la temporada sigue su marcha y no obstante que sí vemos una disminución en el número de eventos taurinos, las principales figuras actúan en todos ellos.
La situación es perfectamente clara; ¿Por qué buscar pretextos raquíticos, o pretender engañarse?
Las Ferias de inicio en España marcan la pauta en la temporada española y francesa, recordemos que las más emblemáticas ya forman parte de la historia, ¿fueron aprovechadas o no?, ellas ya no están, y es que en la vida es un hecho irrefutable que todo tiene principio y fin. Y en Madrid, la Feria de San Isidro de este año en el que se había programado en su base inicial la participación de tres coletas con alternativa y un novillero, ya pasó a formar parte de la historia.
La ilusión, la espera de cualquier acontecimiento siempre reviste en todos nosotros un punto de emoción e incertidumbre y suele ser habitual que el tiempo nos parece caminar lento antes del inicio, para luego figurarnos que va muy rápido, particularmente cuando es algo que nos emociona y satisface, anhelando de que nunca terminara.
Pero entendemos que esto no es factible, las reglas de la vida son muy diferentes, y el tiempo tiene su curso normal y no se detiene. Pero lo que sí podemos gobernar y está en nuestras manos es lo que hagamos con él, cómo lo utilizamos, y de qué forma lo aprovechamos. Pero si por el contario mostramos indolencia, apatía y poco interés, ¿cuál será el pretexto para nuestro fracaso? Porque nunca se deberá olvidar que el tiempo pasado No se recupera jamás. Así que, ya forma parte de la historia —con sus obvias y claras repercusiones— lo que realizaron o dejaron de hacer los toreros que habían “invitado a Las Ventas” y todos lo saben.
El tiempo para recapacitar, ¿ya les habrá sido suficiente, o no?, porque el nulo desempeño fue evidente y categórico. El hecho es que no aparecen sus nombres en los carteles de postín, en las ferias de más renombre. Sí, a lo lejos se ve disperso algún anuncio, lo demás son invitaciones esporádicas en plazas de tercera o cuarta categoría, compartiendo carteles con toreros ibéricos que tampoco son tomados en cuenta por los grandes empresarios.
¿No sería mejor actuar ya con sensatez?, y admitir qué es lo que se ha hecho, cuáles fueron los errores, en qué se falló; porque nada es obra de la casualidad y la vida no es “¡a ver si tengo suerte!”, así no es el camino, ¡pero siguen empecinados, y no pueden admitir! que el aprendizaje y la verdad, únicamente la da su Majestad, El Toro Bravo.
Publicado en el Informador



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