
Por Xavier Toscano G. de Quevedo
El escritor y filósofo español Fernando Savater afirmó algunos años atrás con toda precisión en referencia a las corridas de toros lo siguiente: “Mientras exista una afición que disfrute y entienda de toros, y que asista a las plazas, prohibirlas es un atentado contra la libertad de opinión y de vivir esta opción cultural”.
“Habrá qué respetar la Fiesta del Toro como un bien cultural y como parte del derecho de libertad, las corridas son un culto”. Y reiteró categórico: “Prohibirlas es un acto autoritario, un liberticidio auténtico. La prohibición de las corridas de toros, pretenden mostrarlas como un acto moralizante, cuando en realidad es un acto de despotismo e intolerancia”.
Estas elocuentes aseveraciones son palabras más que suficientes para describir ampliamente las actitudes viscerales, despóticas y prepotentes que se están viviendo con los continuos ataques al Espectáculo Taurino, en los países donde todavía se goza y se disfruta de esta mágica y enigmática tradición centenaria y cultural, pero que lamentablemente en este nuevo siglo es el blanco de encarnizados ataques por grupos de intolerantes que pretenden destruirla.
Hoy los embates los están viviendo los aficionados de Michoacán, mediante un autoritarismo de algunos políticos que trabajan —omitiendo con petulancia, y sin inmutarse al pisotear “el inalterable principio de libertad” de cualquier ciudadano— en supuestas reformas a la Ley de Protección Animal, en las cuales se prohibirían las corridas de toros, y el arte de la charrería.
La ciudad de Morelia perdería una tradición histórica y cultural con más de tres siglos de arraigo, de un pueblo y una sociedad amante y entregada a la Fiesta Brava, que inició como la mayoría de nuestras entidades con las fiestas que se realizaban en sus plazas principales. Para el año de 1844 se construye la primera plaza de mampostería y madera frente a la iglesia de San Juan, que estrenaron los hermanos Ávila, lidiando varios toros de la ganadería de La Goleta. Vinieron después nuevas adecuaciones y se cambió la parte de madera por materiales de piedra y ladrillos, que mantuvieron la plaza de pie hasta el año de 1943, en que fue demolida. En 1952 se inauguró la “Plaza Monumental” con capacidad para 15 mil espectadores, entrando en el cartel Carlos Arruza, Rafael Rodríguez y Julio Aparicio, con toros jaliscienses de La Punta. Y hoy felizmente cuentan también con el moderno y funcional “Palacio del Arte”.
Inadmisibles son las acciones de las pretendidas prohibiciones, y los embates frontales a la “Libertad” de las personas que admiran y afirman su gusto por el Espectáculo Taurino, que las ha relacionado Fernando Savater, con ideologías y tendencias de la cultura anglosajona, que no admiten ni entienden el principio de libertad, de amor, apasionamiento y gozo por nuestra Fiesta, “la del Toro Bravo”, que es y siempre será una hermosa exaltación cultural, de sensibilidad, e inspiradora de emociones y paradigma sin límites, que se convierte en musa para todos los creadores de las Bellas Artes.
Porque nadie podrá jamás cuestionar y mucho menos intentar omitir, que este extraordinario y sorprendente mundo, vive, existe y prevalecerá, gracias a su Majestad, El Toro Bravo.
Fuente: http://opinion.informador.com.mx



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