SAN FERMINES: Bendita sea la merienda

Alberto Aguilar, ayer en la Feria de San Fermín.

Por Antonio Lorca.

Bendita sea la merienda, que permite que las peñas abandonen los instrumentos de viento y los tambores y dediquen su atención a las famosas magras con tomate, al ajoarriero, los garbanzos, el cava y el calimocho. La plaza cambia de color a la muerte del tercer toro y el gigantesco mantel de los tendidos es un bálsamo para el alma. No crea nadie que se hace entonces el silencio; en absoluto. Aquí se come y se habla a un tiempo, con lo que el murmullo vociferador es constante.

¿Y la callada sombra? Estos espectadores no llevan ollas ni cubos, pero sí unos bocadillos grandes que se zampan con un buen tinto de reserva. Callados, sí, pero comilones como los demás.

Pero no ha entrado el cuerpo en caja con la ausencia del ruido, cuando las peñas dan por terminado el pantagruélico aperitivo y vuelve la plaza a su estado natural. ¿Quién ha dicho que la capacidad de aguante del ser humano no es ilimitada? Que venga a esta plaza y después hable. Aquí deberían dar con la entrada una aspirina o una cita para el complejo hospitalario de Navarra.

Mientras tanto, entre tanto protagonismo de la comida y la fiesta, la terna se juega la vida con una muy seria y complicada corrida de José Escolar, toracos de enorme presencia y astifinas defensas que no facilitaron la labor de los toreros.

Mucho mérito tiene hacer el paseíllo en Pamplona. El toro que aquí le sale a los que no son figuras tiene mucha tela que cortar. Fíjense, si no, el mal trago del heroico Javier Jiménez, que se ha salvado de auténtico milagro de una desgracia irreparable.

Se puede discutir, como es lógico, si los toreros de este cartel pudieron estar mejor. Seguramente, sí. Pero lo cierto es que se jugaron la vida y no les sirvió de nada. Porque los tres necesitan contratos y ayer no los han conseguido.

Marco se anuncia porque es navarro y el torero se justifica lo mejor que puede, que no es mucho. Fue volteado al entrar a matar a su primero y él solito se hizo el quite dando vueltas sobre sí mismo. Su lote no sirvió.

Se le ve suelto a Bautista, lució a la verónica en su primero y mató de una fulminante estocada al quinto, lo que le valió una oreja. El resto, decisión agradecida y olvidable.

Y Alberto Aguilar se encontró con el mejor toro y lo aprovechó a medias. Ese tercero fue noble y de largo recorrido y el torero dibujó buenos derechazos, pero sin la contundencia que la casta del toro requería. Recibió al sexto con una larga cambiada de rodillas en el tercio y unas aceptables verónicas. Demostró encomiable valentía, se jugó la voltereta, aguantó tarascadas y parones, pero no se amilanó. Su actuación fue muy meritoria. (La corrida terminó, pero sigue el follón).

ESCOLAR/MARCO, BAUTISTA, AGUILAR

Toros de José Escolar, bien presentados, cumplidores en los caballos, sosos, descastado y deslucidos, a excepción del noble tercero.

Francisco Marco: dos pinchazos y estocada baja (silencio); dos pinchazos y casi entera baja(silencio).

Juan Bautista: media estocada(ovación); estocada (oreja).

Alberto Aguilar: pinchazo y estocada baja (ovación); pinchazo y estocada baja (ovación).

Plaza de toros de Pamplona. 9 de julio. Tercera corrida de la feria de San Fermín. Lleno.

Fuente: EL País.

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