TRIBUNA: Imperio taurino

Por Natalia K. Denisova.

Hablemos de animales. Ya que todos han declarado su gran amor a todo tipo de animales, animalitos y alimañas, hablemos de ellos. Para evitar generalizaciones, optemos por una especie. ¿Qué tipo de animal elegir? La variedad es tan grande que la elección cuesta. La única que lo tiene fácil es la Alcaldesa del Ayuntamiento de Madrid, porque ya ha tomado medidas adecuadas para mantener una especie en el centro de Madrid: las ratas. No seguiremos su ejemplo, al contrario vamos a hablar de un animal que desagrada a la gente del Ayuntamiento, pero que fascinaba a Platón, Plutarco y Aristóteles. Hablemos del toro y, de paso, de esa esta fiesta, llamada por Ortega y Gasset “la trágica amistad, tres veces milenaria, entre el hombre español y el toro bravo”.

Muchas son las polémicas suscitadas en torno a los toros. ¿Qué es lo que hiere tanto la sensiblería actual? ¿La muerte del toro en la plaza? Si es así, pocas alabanzas evoca una sociedad que prefiere la muerte de un animal tan grande y noble fuera del ruedo, ejecutado disimuladamente para que nadie vea el desenlace inevitable y no lo llame “crueldad”. No creo, además, que la cantidad de “animalistas” iguale o, por lo menos, se aproxima a la cantidad de los vegetarianos.

Ingenuo es quien crea que el debate sobre la prohibición de los toros es reciente. Una de las primeras menciones documentadas de la fiesta está datada en el año 897, cuando se celebraron en Burgos las bodas de Gonzalo Gustioz con doña Sancha, que duraron cinco semanas y fueron “grandes alegrías además de alanzar en tablados y de bohordar, y de correr toros y de jugar tableros y ajedreces y de muchos juglares”. En los siglos posteriores esta costumbre pervive y se desarrolla, aparece mencionada en las Siete Partidas del Sabio Alfonso X. La Partida Séptima (ley 4, título VI) declara infames a las personas que lidian con bestias bravas por dinero, pero no así a quien lo hiciera por probar su fuerza “porque éste se aventura más por hacer bondad que por dinero”. Durante los siglos X-XV la costumbre de correr toros no suscita mayores debates ni altercados.

Es en el siglo del Renacimiento, el siglo XVI, cuando surge un agrio y enconado debate sobre la fiesta de los toros y sobre la racionalidad de los animales. Una de las obras más divulgadas fue Dies canicvlaresde Simon Maiolo, donde el autor afirma que el animal está bajo el imperio del hombre, pero no por ello este dominio puede ejercerse de cualquier manera, sino con humanidad y moderación, nunca con crueldad ni injusticia.

Llegamos así al año 1567, el año crucial no sólo para la fiesta, sino para el gobierno del imperio español en general. Nada menos que la gobernabilidad del imperio dependía de la prudencia de Felipe II. Aquel año el Papa Pío V promulgó la prohibición universal de las fiestas de toros, cualquier que fuera el motivo y el modo de realizarla. Recibida esta noticia en la Corte de Madrid, el monarca se encuentra perplejo entre la excomunión del Pontífice, si no acata la prohibición, y la ira de la sociedad, porque la costumbre de correr toros “parecía que estaba en la sangre de los españoles, y de que de su supresión se sucederían graves disturbios públicos que había que evitar”. En un acto de prudente gobierno y con consentimiento de los obispos, Felipe II no divulga la bula papal bajo el pretexto de las negociaciones con la Santa Sede para suavizar esta norma.

En vez de preguntarnos si fue acertada esta decisión de Felipe II, preguntémonos si el monarca tuvo otra opción. Recordemos que se jugaba la estabilidad política del entero imperio. No era sólo una cuestión de los reinos peninsulares, sino de los trasatlánticos y hasta de los asiáticos, las Filipinas. Vamos a los archivos, donde los Cabildos locales apuntaban escrupulosamente los gastos y los festejos populares, lo que vemos en los papeles es la rivalidad entre los gremios por organizar el mejor festejo. Por ejemplo, el 25 de noviembre de 1656, los mercaderes sacaron cincuenta toros al coso, el 9 de diciembre les respondieron los plateros, el 19 del mismo mes los negros criollos lucieron sus lanzadas y técnicas poco ortodoxas de torear. En 1659 entre los gremios de pintores, carpinteros, escribanos, se destacaron los bodegueros y pulperos que “colocaron una pila de vino que manaba sin cesar” y corrieron un toro por la noche cubierto con un enjalma con artificios de fuego. Hubo toros muy bravos, verbi gratia, en Tucumán, un toro “bravísimo” causó dos muertes y sólo lo pudo matar, con grandes dificultades, un caballero Francisco del Castillo. Pero, hubo también toros “muy bellacos” que ningún caballero salió a la plaza (1681).

En Lima, capital del virreinato del Perú, los indios inventaron su técnica taurina, la suerte de moharrajas (la punta de lanza con cuchilla). El rejoneo indio consistía en que recibían al toro sentados en el suelo, provocaban al morlaco con capas encarnadas y cuando el toro embestía se le clavaban los rejones. Sin duda, es una suerte muy peligrosa que solía causar muchos heridos. Un día de julio de 1630, un funcionario llamado el protector de los indios, inspeccionaba el Hospital de Santa Ana, donde vio una cantidad desbordante de indios heridos. Al preguntar por la desgracia que lo había causado, resultó que el día anterior corrieron toros. Sin más esperas, el protector ordena pregonar la orden en que “se prohibía a los indios, pena de cincuenta azotes, permanecer en la plaza el día que corrieran toros”. Vano el esfuerzo del buen intencionado protector, porque los indios siguieron sus ejercicios taurinos como representantes de los gremios y de las cofradías. Una costumbre que perduró hasta bien entrado siglo XX.

Para no llegar al tercer aviso y no cansar más al amigo lector, diré que todavía no hemos mencionado las corridas de toros actuales, que es otra historia, muy distinta de los festejos populares aquí retratados. De momento me conformo con esta historieta a favor de los toros y contra las ratas.

Fuente: El Imparcial

1 comentario »

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s