Javier Jiménez: «El esfuerzo y el entrenamiento tienen su fruto»

La puerta grande de Madrid le ha colocado en el disparadero pero el gran triunfo del joven matador de Espartinas no ha sido ninguna sorpresa para los profesionales. Javier Jiménez ha dado la vuelta a su carrera en sólo cuatro tardes. Es su momento 

Por ÁLVARO R. DEL MORAL.

Cuatro tardes han bastado para poner su nombre en boca de todos los aficionados. Las plazas de Sevilla, Pamplona, Málaga y Madrid han sido el escenario de la revelación definitiva del joven matador de Espartinas, que también se ha sobrepuesto anímica y físicamente al duro percance de la feria de San Fermín.

–La entrevista podría comenzar por el final: esa foto a hombros con El Juli y Manzanares en Sanse.

–Si una semana antes del festejo me dicen que iba a estar toreando con ellos en una feria como ésa no me lo hubiese creído. Disfruté mucho y me sentí feliz del resultado.

–Para llegar a ese punto hay que nombrar cuatro plazas.

–Es verdad; antes de Madrid hubo tres plazas en las que dejé muy buenas sensaciones. Cada una de las tardes fue más importante que la anterior pero seguía resistiéndose el resultado numérico que íbamos buscando.

–¿Qué pasó en Sevilla?

–Aquella tarde se despejó cualquier duda. Javier Jiménez había logrado ahondar en su concepto. Ese día hubo un toro, primero de Torrestrella, al que pude torear dando una dimensión artística superior a la que yo podía imaginar. Era la única tarde que tenía firmada, un toro protestado por flojo que luego tuvo una calidad enorme… Pude torearlo como había entrenado y supuso un golpe de moral muy fuerte.

–Y de Sevilla a Pamplona.

–Fue lo contrario a Sevilla: una tarde de capacidad. En cada plaza he mostrado una arista distinta. En Sevilla fue el toreo y en Pamplona sobreponerme al percance, tener claro el objetivo sin importarme el precio… Tuvo una gran repercusión. La gente vio que no había ido a pasearme. Pero la espada no funcionó y a pesar de estar bien el triunfo definitivo se seguía resistiendo.

–Málaga fue una tarde de sensaciones encontradas.

–Pero fue uno de los días más completos para mí. No fueron toros fáciles pero fui capaz de llegar al público manteniendo una confianza absoluta en mí mismo. Me atasqué con el descabello y al hablar con José Luis Peralta se me saltaban las lágrimas. Se me estaba escapando de nuevo. En Sevilla me pude pasar de faena; en Pamplona casi ni me enteré de como entré a matar y en Málaga el descabello. Pero la tarde iba a tener repercusión entre los profesionales. Mi gente me dijo que el triunfo estaba cada vez más cerca.

–En menos de una semana aguardaba Madrid.

–Ha tenido mucha trascendencia. Me siento un privilegiado. Uno siempre sueña con la puerta grande, con torear un toro a gusto… pude hacerlo en los dos y salir a hombros logrando ese resultado numérico que se me resistía. Pero fíjate dónde fue…

–Hay una constante en las críticas que han narrado su carrera. Siempre se ha hablado de crecimiento.

–Es una de las cosas de las que me siento más orgulloso. Desde que me uní a José Luis ha sido así, todos han destacado mi evolución; tarde a tarde. Te das cuenta de que el trabajo, el entrenamiento y el esfuerzo tienen su fruto. Cuando estás viviendo el momento no lo ves pero con el paso del tiempo valoras la confianza en ti mismo y la de los tuyos.

Eso nos lleva a todo lo que rodeó la sustitución de Roca Rey el Bilbao. No le llamaron pero el aficionado sí invocó su nombre. Aquello también destapó la cara más oscura del negocio taurino.

–Esa unanimidad de los aficionados es de las cosas más impresionantes que me han ocurrido. Estaba en casa sin querer enterarme de todo pero ni me lo creía. Me ha creado cierta presión, la responsabilidad de responder a las expectativas. Si vuelvo a la tarde de Sanse recuerdo que pasé la semana anterior regular. Notaba la necesidad de mantener el nivel pero me ha llenado sentir esa responsabilidad. Es por lo que lucho. Es lo que quiero.

A pesar de las esquinas oscuras que pueda tener este negocio, al final se impone la justicia natural.

–Puedo tener la tranquilidad de que mi parte la estoy cumpliendo. Lo he dado todo y he hecho todo lo que tenía que hacer. Lo demás no depende de mí y no lo puedo controlar. Ni siquiera me lo quiero plantear porque yo no puedo estar pendiente de lo que se dice o se hace. Para eso está José Luis. Sí puedo estar satisfecho porque aquí todo el mundo ha hablado de todo lo que ha pasado menos yo. He sido el principal perjudicado pero no he dicho nada. Y voy a seguir callado.

EL TRIUNFO DE LA VOLUNTAD Y EL TRABAJO

La puerta grande de Madrid sólo ha sido una consecuencia: del tesón y el esfuerzo; pero también del talento. La forja de Javier Jiménez se ha escenificado en las plazas grandes y ha conseguido alcanzar un objetivo fundamental: calar en los profesionales y los aficionados. Es la afición la que ha invocado su nombre en la desastrosa gestión de las sustituciones de Bilbao o la deprimente Feria de Otoño de Madrid. Javier no quiere airear el tema pero ha sufrido en primera persona la cara más mediocre y mezquina del toreo. El matador de Espartinas quiere, puede y sabe. Sólo necesita que le dejen.

Fuente: El Correo Web

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