La tragedia, un entresijo ineludible de la fiesta

 

Por Xavier Toscano G. de Quevedo.

En los inicios del espectáculo taurino, que alcanza ya los nueve siglos, los historiadores describen cómo los caballeros y nobles de aquella época enfrentaban con valor la acometida que habían descubierto en este “raro y desconocido” ejemplar de la naturaleza encontrado en los bosque más abruptos de la sierra. 

Esto es en términos generales y muy breves, el origen de nuestro mágico y enigmático espectáculo.
Sin embargo, existe un vacío de información que ninguno de los tratadistas y estudiosos de nuestra historia taurina nos aclara: durante los años —seguramente muchas décadas, y por qué no siglos— seguramente la tragedia y la desventura llegó para muchos caballeros y sus ayudas de a pie, propiciado por las astas de los toros bravos. ¿Cuántos sucesos trágicos? No lo sabemos, pero seguramente fueron en número importante.

Hoy el estigma ineludible de nuestra fiesta continúa, y durante este año desafortunadamente se ha hecho presente en la persona del joven torero Víctor Barrio

Pero también deberíamos contar como una tragedia, la abrumadora cascada de embates y violaciones que viene recibiendo nuestra fiesta por una serie de políticos empeñados en imponer sus caprichosas ideas.

Dos fechas han marcado significativamente estos días de septiembre; por cronología no del año, sino de los días, referiremos en primer lugar al 25 de septiembre de 2011, fecha de la tragedia provocada por el egoísmo y la mezquindad de los dirigentes gubernativos en Cataluña, última corrida que se realizaba en la “Monumental de Barcelona”. Y recorriendo el calendario un día más, el 26 de septiembre de 1984 —han transcurrido más de tres décadas— el torero más importante de esos años era desgarrado, así de fatal, por las astas del toro “Avispado” en la plaza de Poso Blanco. ¡“El torero gaditano está gravemente herido, en la enfermería de la plaza los momentos son angustiantes, un hombre que ha vivido íntegramente para su profesión, está luchando por su propia existencia”!

Lo que estos dramáticos y conmovedores instantes representaron para la historia de nuestra fiesta, se han ido acrecentando cada día más con la pátina del tiempo. En el análisis de sus recuerdos, su transitar por los ruedos, y la remembranza de sus faenas van ganando a cada instante mayor fuerza y jerarquía, ya que es el significado y la constancia de un oficio que lo llevó a la cúspide del toreo.

Definitivamente sí. Por supuesto que sí envuelve a nuestra fiesta esa sombra ineludible de la tragedia, y claro que está presente en todos los ámbitos que la forma, por ello es grande, sorprendente y extraordinaria, es única.  

Pero volvamos finalmente al segundo de nuestros recuerdos de hoy,  y expresemos enfáticamente: ¡Qué gran torero fue “Paquirri”! 

Leyendas de hombres como él, son las que a través de los siglos han forjado las grandes de nuestra fiesta. Son elegidos de Dios, que con su entrega, sacrificio y firmeza han conquistado para la eternidad la gloria e inmortalidad en este trágico, sorprendente y mágico mundo, que existe y vive, únicamente gracias a la presencia de su Majestad: El Toro Bravo.

Publicado en El Informador.

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