El Cid: “Sé que he perdido el favor del aficionado y quiero recuperarlo”

El torero Manuel Jesús, ‘El Cid’, en la Feria de Abril de 2016. PACO PUENTES.

Por Antonio Lorca.

Manuel Jesús El Cid (Salteras, Sevilla, 1974) estará un año más en la Feria de Otoño de Madrid, precedido por el indulto de un toro de Adolfo Martín el pasado 30 de julio en Santander, y un resonado triunfo ante un ejemplar de Victorino en la feria de Logroño. Vuelve cargado de ilusión después de una larga etapa de desconfianza e inseguridad.

Su hoja de servicios es intachable tras 16 años como matador de alternativa. Producto de su propio esfuerzo, ha sorprendido muchas tardes por su excelso toreo al natural, y con esa condición innata ha traspasado a hombros dos veces la Puerta Grande de Madrid y cuatro la del Príncipe de Sevilla, y otras tantas que se frustraron porque este Cid no ha sido nunca un espadachín sobresaliente. Después de la tempestad de éxitos llegó la calma, y el torero ha padecido una particular travesía del desierto que parece que ha tocado fin. Este domingo volverá a Las Ventas para enfrentarse a dos toros de Adolfo Martín, y afirma que arde en deseos de que se abra la puerta de cuadrillas.

“Voy a intentar estar a la altura de la situación que disfruto en estos momentos”, asegura el torero. “Me veo con ganas para reencontrarme con el mejor Cid de años atrás, el que añora la afición de Madrid”. Afirma que no le han sorprendido los triunfos de Santander y Logroño tras una larga etapa de oscuridad profesional. “Llevo mucho tiempo de intenso entrenamiento, y me siento al cien por cien física y técnicamente. Sabía que el premio podía aparecer en cualquier momento, a la espera de que surgiera un toro que persiguiera la muleta por abajo en quince o veinte muletazos. Así, ha ocurrido lo que todo aficionado quiere ver: un toro bravo y una faena vibrante y profunda; vamos, que lo único que hice fue torear”.

De todos modos, El Cid reconoce que los últimos tiempos no han sido de vino y rosas. “No sé qué me ha podido ocurrir; quizá, no ha habido comunión con los toros al comienzo de la temporada. A mí, Sevilla y Madrid me marcan mucho y, si el toro no repite, es difícil que mi concepción del toreo llegue al público”.

De todos modos, asume que su toreo ha pecado de aceleración y falta de hondura. “Quizá, sea así. Quizá, me he acelerado cuando las cosas no salían y me asaltaban las dudas y las ganas. Cuando el toro no te permite ligar los muletazos, falta algo; y he pretendido sustituirlo con un tipo de toreo distinto del que yo concibo, y es entonces cuando todo el encanto se rompe.

Malas rachas

“Todos los días no se puede pintar un cuadro. Y hay que tener en cuenta la suerte, las buenas y malas rachas, que ninguna dura eternamente”. “Pero sé que he perdido el favor el aficionado”, admite. “El mundo del toro es así: cuando no cortas orejas, aparecen las dudas. Pero hay que mantener la cabeza fría, la ilusión y la preparación constante para dar la vuelta a la situación en un cuarto de hora. Eso ocurrió en Santander y Logroño, y lo que me ha permitido recuperar la confianza del aficionado exigente. Y ahora quiero confirmarla en Madrid”.

Está convencido el torero sevillano de que en la Feria de Otoño se verá a un artista renovado. “Creo que sí; al menos —afirma—, saldré sin la presión de la necesidad de cortar las orejas, que, muchas veces, te encorseta. Cuando te vistes el traje de luces, tu mente está en la Puerta Grande, y ese sueño se puede convertir en un impedimento para expresar el toreo”.

Sea cual sea el resultado, El Cid manifiesta su intención de seguir adelante. “Continuaré mientras haya aficionados buenos que deseen verme; pero no olvido que la vida son ciclos, y hay que ser inteligente para saber cuándo se acaba el tuyo como torero. De momento, mantengo la ilusión, que es lo más importante”.

A pesar de todo lo bueno y malo vivido, asegura sentirse muy satisfecho con su carrera. “He conseguido metas que ni siquiera imaginaba cuando comencé, y creo que tengo el respeto de los aficionados, espectadores y taurinos, que es lo que más me llena”.

Y se atreve, por último, a hacer un balance crítico de su carrera: “He sido honesto, demasiado honesto muchas veces; nunca he escatimado esfuerzos. He sido un torero de verdad, y he sufrido años de altibajos. La muerte de mi padre, por ejemplo, me afectó mucho. Para hacer una obra de arte ante un toro hay que estar anímicamente bien, y yo no siempre lo he estado. Pero he pretendido salir adelante sin perderle la cara al toro, y con una meta en la cabeza: mejorar y torear mejor cada día. Y en ello estoy…”.

Publicado en El País.

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