¿Leyes, reglamentos?… ¡Cuáles!

Por Xavier Toscano G. de Quevedo.

¡Qué pena, pero por lo que se percibe, así se conducen!

Pero el tiempo transcurre vertiginoso, y cada día que pasa se agiganta más y más la peligrosísima avalancha que podría sepultar nuestro emblemático y ancestral Espectáculo Taurino —es obvio que me refiero al auténtico, y no a la absurda mediocridad que nos endilgan las actuales empresas— con la angustiosa incertidumbre de que podría llegar a formar finalmente parte de un pasado glorioso, pero que podría perderse.  

Y es que encontramos por todo nuestro país personas —serviles a las empresas— que no entienden, y continúan necia y ciegamente pensando que si no se comportan con una completa tolerancia, y discrecional condescendencia, o no muestran un alto índice de flexibilidad y entreguismo para conducir los festejos, —mejor decir “festejitos” taurinos— tienen la errónea idea de que no son buenos aficionados, que no ayudan a la fiesta, y que atentan contra “el espectáculo taurino” —así, con letras en minúsculas— que en las últimas décadas nefastamente se están viendo.  

¡Qué tragedia! Sí, y es que van ya muchísimos años —¿cuándo terminará?— que se ha convertido en algo habitual que los empresarios y demás integrantes del espectáculo en nuestro país, infrinjan arbitrariamente, o hagan a un lado los reglamentos —ayudados por autoridades complacientes o desentendidas— mostrándose con toda su prepotencia y arrogancia, en una clara actitud de burla y reto hacia los aficionados y público, que aún acuden con vehemencia a las plazas, con la esperanza de ver si les ofrecerán un espectáculo serio y honesto que les provea de alguna emoción. ¡Pero no, nomás no se ve nada favorable!

Como ejemplos de este lamentable escenario por el que atraviesa la fiesta, podríamos señalar muchos, prácticamente todos los festejos que se dan en cada tarde en las plazas de nuestro país, y que se ha convertido un constante, la lidia de animales indecorosos, sin la más mínima presencia, nula dignidad ¡y dudosa edad!,  pero ésta únicamente la conoce el ganadero.

El problema es claro y está a la vista de todos, no existe el mínimo respeto a la fiesta, a su tradición, leyes y reglamentos. Vivimos en un total relajamiento y abandono por parte de las autoridades oficiales, que no quieren, o no desean involucrar sus administraciones en el espectáculo taurino, y existen algunas que inclusive están pretendiendo desaprobarlo, omitiendo así su obligación de regular y dirigir eficazmente un evento, en menoscabo y detrimento de quienes pagan su boleto. Situación de la que se aprovechan los promotores de la fiesta, para su negligente actuar.                         
              
Lo que sí es una realidad, y ahí reside la principal complicación, es que continúan sin alcanzar a entender y mucho menos aceptar —¿algún día lo conseguirán?, considero que no—  que la libertad no se halla en querer actuar como les plazca; “ella consiste en cumplir ordenadamente con la leyes y reglamentos que nos rigen”. Aunque algunos deshonestos continúan pensando y conduciéndose —por su incalculable soberbia y petulancia— bajo sus nefastos y corrompidos sistemas, ya que NO pueden captar: “que este sorprendente y mágico mundo existe y vive, únicamente gracias a la presencia de su Majestad: El Toro Bravo”.

Publicado en El Informador.

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