En Guadalajara: La Estancia ¡Vaya mansada…! Destacaron “El Payo” y Silveti

La clase del Payo se impuso en Guadalajara.

Por Francisco Baruqui.​

Ríos de tinta se han gastado en la historia del toreo para señalar que la importancia del espectáculo se finca en el toro…

En el toro, que sí, que a la postre es el eje y la víctima en la liturgia de la tauromaquia, en el que se centra la esencia y el fondo; fondo y esencia de la bravura, que es la que da la emoción, la importancia y la trascendencia de crear arte frente al peligro, poniéndose en riesgo la vida misma.

Pero cuando la bravura se ausenta, la emotividad se diluye, y la expresión toma otros cauces desvirtuándose la motivación que el toreo provoca.

La ganadería de La Estancia no debió venir a Guadalajara.  Reses sin trapío, mal presentadas, y eso que varias del encierro original fueron rechazadas —¿cómo serían?—, teniéndose que parchar con San Isidro. Corrida monovárica, a puyazo por toro, con algunos doliéndose y saliendo del encuentro en franca huida, para llegar al último tercio bajos de brío, con la fuerza justa para no desplomarse, pero varios arrastrándose al salir del pase. Tuvieron nobleza y claridad, no molestaban, pero tampoco trascendían.  

Los más rascando, regateando las embestidas y desplazándose para doblar contrario y desparramando la vista con tendencia clara a las tablas, que seguramente si las puertas se les abrían, se iban a la ganadería.

Mal de nueva cuenta juez, asesor y veterinarios al aceptar un sexteto que dista con mucho de lo que exige y merece Guadalajara.

Así…

Así, la labor de los toreros estuvo muy por encima de la calidad de los astados, aprovechando la mansedumbre dulcificada de dos a los que les cortaron una oreja a cada uno, lo que aminoró la molestia del público aficionado que pitaba a los bureles desde salida dada la fealdad en sus hechuras, la escasa presencia y, al fin, la mansedumbre y debilidad manifiestas dejando un sabor de boca que…

Que fue el que se ha llevado esa figura del toreo español Miguel Ángel Perera, un profesional como la copa de un pino, quien pechando con lo peor del festejo y aprovechando las escasas condiciones que le ofrecieron los de su lote, estuvo empeñoso, con mucha voluntad, aplicándose en su gran oficio buscando agradar en todo momento.

Sin lucimiento mayor de capa, con la muleta planteó sus trasteos con buen trazo y desarrollo, desbordando su extraordinario temple, en armoniosas series de toreo por abajo por ambos lados y con las dos manos, destacando en su segundo al realizar toda su labor AL NATURAL, desechando el ayudado y haciendo el toreo tanto por el derecho, sin armar la muleta con el simulado, y con la izquierda, rematando con largos y profundos pases de pecho, vaciando a la hombrera contraria y arrancando las palmas de los tendidos.  Su poca fortuna con los aceros hizo que el final de sus faenas resultara deslucido.

Mala suerte están teniendo los coletas ibéricos. La pasada semana Ginés Marín y en ésta Miguel Ángel Perera. Ojalá que les cambie para sus futuras actuaciones, que los dos, uno como figura consagrada y el otro en camino de serlo lo merecen.

Con cuánto gusto torea “El Payo” cuando se desborda. Bueno que se esté recuperando de la afección de salud que padeció y, sobre todo, que fiel a su estilo interpretativo, su expresión sea la del arte cadencioso, de templada lentitud y estéticas formas, y qué mejor que sea el coso tapatío, en el que ha realizado faenas para recordar, y en el que reencontrándose, se consolide como un artista mexicano, al que recuerdo cómo impactó de novillero en Las Ventas de Madrid.

Con su primero, sólo detalles que le identifican por su calidad, despenando de pinchazo y media estocada defectuosa para silencio.  Pero con su segundo, plasmó la verónica con ritmo, abriendo el compás, jugando los brazos y bajando las manos para rematar con recorte para cartel.

Con la zarga, aprovechando la noble acometida del morito, cuajó una obra de kilates, desbordado el torero e impactando en la afición; gustándose y gustando en ligadas series de ayudados con la diestra y naturales con la de cobrar, que arrancaron el batir de palmas.

Faena de gran expresión, bien planteada, con trazo y desarrollo, manteniendo intensidad y  rematando los ligados pases con sendos de pecho que se le jalearon. Cerró con ceñidas manoletinas cobrando estocada entera un pelín desprendida para ganarse una merecida oreja.

El Payo: Arte y sentimiento

Con Octavio García “El Payo” hay que contar que tiene con qué, y más ahora que la participación de figuras españolas está a la vuelta de la esquina.

Como también es el caso de Diego Silveti, quien con el tercero salió determinado y proyectando su buen momento que da la madurez que le ha ido curtiendo encontrándose como torero.

Destacó quitando de capa con saltillera, gaonera y revolera para arrancar los primeros aplausos, para con la flámula, también sacando provecho del bonancible acometer de su primero, instrumentar una faena en la que amalgamó la emotividad de pases cambiados por la espalda, quieto como un poste, para desdoblarse luego en toreo por abajo en naturales con la izquierda y ayudados con la derecha que se le corearon. Bien que templó haciendo gala de sitio por su buena colocación, girando, sin quitar el engaño de la cara del burel, para ligar con continuidad, mandando y templando mucho rematando con estéticos pases del desdén.  Cerró con bernadinas exponiendo, aguantando, y al cobrar tres cuartos en sitio, ganarse una oreja merecida de valor.

En contraste, el sexto que poco valía, le permitió a Diego desenvolverse con conocimientos y recursos para verse en torero, sin mayor cosa matando y siendo despedido entre aplausos cuando las luces macilentas de las lumbreras bañaban la arena de noche.

Y va para todos…  Autoridades, veterinarios y, fundamental, promotora.  Es indispensable que el nivel del toro se suba que, insisto y repito, esto es Guadalajara.  Y si se busca que la gente vuelva al graderío, con lo de ayer, lo aseguro, no…  no lo conseguirán.

FUENTE: El Informador

 

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Un pensamiento en “En Guadalajara: La Estancia ¡Vaya mansada…! Destacaron “El Payo” y Silveti”

  1. El Lic. Baruqui quiere pecar de ingenuo al resaltar “la mala suerte de los coletas ibéricos”, respecto a los que les ha tocado en suerte. Si alguien es el responsable de la porquería que se lidió ayer, ese es Miguel Angel Perera; ni Silveti, ni “El Payo” tienen la suficiente fuerza para imponer semejante ganado, es claro que el baile de corrales que hubo en la semana fue provocado por la gente de Perera; el “juescecito” tuvo que aprobar la “corrida” que le impuso la empresa.

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