CANTOS APOCALÍPTICOS PARA UNA FIESTA DESNUDA DE PURISMO:
Por Salvador Giménez.
Transcurre la temporada taurina maquillando sus actuales miserias con un triunfalismo hueco y sin contenido. El escalafón está viciado y acomodado. Las figuras están muy acomodadas y su supremacía les permite hacer y deshacer a su antojo. Lo fácil les beneficia. Lo malo es que no encuentran oposición alguna a su presumible comodidad. Ni por parte de otros que les vengan a moverles el sillón, ni tampoco por unos espectadores, cada vez más entregados a la causa de los que tarde tras tarde ocupan los principales puestos en los carteles.
El grupo de las figuras anda a sus anchas. Imponen ganaderías y compañeros sin ninguna vergüenza. Solo buscan apurar las temporadas que les quedan, obteniendo el máximo beneficio con el menos compromiso posible.
El toro falla tarde tras tarde. Solo aparece en ocasiones y solo asoma puntualmente cuando los actuantes son tres toreros alejados de los vicios, de los que manejan los hilos de la fiesta. Y es que los ganaderos se han rebajado a los intereses de aquellos que les sacan sin problemas las corridas de sus casas, eso sí, pagando el precio de no ser dueños de nada, ni de poder estar orgullosos de decir que son ganaderos de reses de lidia.
El toro que lidian, los que presumen de figuras, adolece de las virtudes fundamentales de las que debe atesorar un animal de combate. Ayuno de casta y presencia, lo mínimo que hay que pedir, y lo que es peor, falto de integridad por todos lados digan lo que digan. Pitones romos, escobillados, astigordos en exceso, incluso sangrantes en algunas plazas.
Pero sigan así, defiendan el fraude y a los que lo promueven. Si la autoridad cumpliera con su cometido habría sanciones a diario, incluso inhabilitaciones para lidiar, pero como se hacen de la vista gorda y se mira para otro lado, todo es válido.
La tragedia y el drama son necesarios en la fiesta. Sin ellas la lidia sería insustancial y banal. El torero tiene que tener un halo de héroe. El mortal no debe de sentirse capaz jamás de sentirse oficiante de la liturgia que se reviste de sedas y oro en la lidia.
Hoy con el toro disminuido los escalafones están cada vez más vacíos, pero eso sí, repletos de mediocridad.
En fin, que aquí las figuras son las que mandan haciendo y deshaciendo, pidiendo que se consientan sus felonías como solicitar una fiesta triunfalista donde sobran todos aquellos que demanden un espectáculo integro y puro.
Lo malo es que “algunos” les aplauden sus gracias y comen de su mano.
Lo último ha sido como un conocido periodista de televisión ha pedido dejar de escuchar a los que todo lo vemos todo mal.
Son los cantos apocalípticos de una fiesta que ha sido desnudada de todo lo que quedaba de su purismo y grandeza.
El mal está dentro y no fuera como se nos pretende hacer ver.
@Twittuarino





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