El Poeta y el Torero

Por Francisco Vera.

El gran poeta granadino Federico García Lorca dijo una vez, a propósito del toreo: «El toreo es probablemente la riqueza poética y vital de España, increíblemente desaprovechadas por los escritores y artistas, debido principalmente a una falta de educación pedagógica. Creo firmemente que los toros es la fiesta más cultural que hay en el mundo», aseguró el poeta.

Es el caso de Rafael Alberti de quien conviene también hablar. Y es que entre sus trabajos figuran numerosas obras poéticas dedicadas a la tauromaquia. Tanto es su amor a los toros que Rafael Alberti soñaba más de una vez con vestirse de torero y hacer el paseíllo en traje de luces. 

Y se hizo realidad. Un 14 de julio de 1927 Sánchez Mejías, gran amigo del poeta, le dio la posibilidad de hacer el paseíllo junto a su cuadrilla, y vestido además de torero. Después de saludar a la presidencia se marchó al burladero con «una flojera de piernas» al ver, por fin, realizado su sueño de torear delante del público.

Como pueden imaginar no hizo ni tan siquiera un quite, pues él desde el callejón veía el desarrollo de la lidia de su gran amigo y admirado maestro Sánchez Mejías. Esto sucedió en Galicia, concretamente en la plaza de toros de Pontevedra.

Durante su exilio en América, hay que decir que Alberti asistía a cuantas corridas era capaz de ver. De ahí precisamente, de esa afición, creció una profunda amistad con el torero Luis Miguel Dominguín, padre del cantante Miguel Bossé. Tanta era la admiración hacia el torero que Alberti diseñó el último vestido de torear que lució ‘Dominguín‘ en su carrera.

Una vez, en Venezuela, estando en una corrida de toros y viendo lidiar a Luis Miguel, Alberti tomó la decisión de dedicarle el siguiente poema a su amigo, que quedaría marcado para la historia del poeta y del torero:

«Vuelvo a los toros por ti, yo, Rafael. Por ti, al ruedo. ¡Ay con más años que miedo! Luis Miguel. ¡Oh, gran torero de España!, ¡Qué cartel! Qué imposible y gran corrida, la más grande de tu vida, te propongo, Luis Miguel. Tú, el único matador, rosa picassiano y oro; Pablo Ruiz Picasso, el toro, y yo, el picador».

Volviendo al librito de Miguel Cabanellas, nos recuerda este que en Cartagena, en 1858 y más concretamente en los días 7 y 8 de agosto, se celebraron dos festejos con toros del Marqués de Gavira y Mazpule para el ‘Salamanquino’ y ‘El Tato’. Ya un año después, en 1859, en esta ocasión los días 6 y 7 de agosto, se celebraron otros dos festejos con toros del Duque de Veragua y D. Vicente Martínez, para los espadas ‘Cayetano’ y ‘Regatero’, ambos días.

Hasta la próxima semana. ¡Que Dios reparta suerte!

Fuente: La Opinión de Murcia

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