De los toros con verdad: Mucho torero para tan poco toro en Guadalajara…

Por Francisco Baruqui.

Indudablemente que para que la fiesta de toros tenga su verdad, su brillantez, su esencia y su fondo, lo que resulta indispensable que tenga es eso… EL TORO.

Cuando el toro no aparece y lo que queda de casta no es otra cosa que una sangre diluída, aguada, sin lo que la auténtica bravura tiene que es el instinto de acometividad en el embestir, el poder, la pujanza, el brío y el inminente riesgo que se proyecta a los tendidos, cambia el sentido fundamental de la bien llamada FIESTA BRAVA, enmarcada en la emoción de crear arte frente al peligro, por un espectáculo deprimente, monótono, aburrido y tedioso, que más que motivar para batir las palmas en su expresión de grandeza, deriva en el bostezo de aburrimiento que termina en decepción, la FIESTA MANSA.  Así…
Así, resultó el tenor de un esperado festejo con un cartel por cuanto a toreros por demás interesante, pero ¡Ayy con los toros..!

Válgaseme decir que de un hierro original de Campo Hermoso, sólo se lidiaron tres parchándose con otros dos de San Isidro y Villa Carmela.  Increíble parece que programándose una corrida con fuste de espadas con mucho tiempo de antelación, no se tenga el profesionalismo para contar con un encierro de categoría, preparado, bien puesto, y no lo que al final salió, ¡UN AUTÉNTICO FIASCO!

Sólo el primero era un toro con todas las de la ley, que los restantes, muy por debajo de la categoría de la plaza tapatía y de su afición.  Ya se sentía la mosca en la oreja con el baile de corrales rechazándose hasta once reses…  ¡De vergüenza!

Y más, mucho más, muchísimo más por la exhibición de mansedumbre que salvando el que abrió plaza y el de regalo que cerró, el resto de rastro. Sé que a muchos ganaderos molesta lo que escribo al aseverar que lo que se está jugando en cosos del país, salvo honrosas y notorias excepciones no es otra cosa que la MEDIA CASTA.  Triste realidad, pero realidad al fin.

Astados no de puyazos sino de refilonazos, escupiéndose del encuentro, huyendo y en las muletas doblando contrario, para ser correteados, y que si se les abría el portón, seguramente regresaban a las ganaderías, ya que si se les metía las cuerdas se hubiesen parado más de lo que se pararon.  Cinco toretes sin presencia, descastados, de los ocho que saltaron a la arena, uno devuelto por partirse la patita, que dieron al traste con una corrida que en el papel prometía.

Menos mal que los toreros justificaron…

Una triste despedida de un profesional del toreo como lo es Eulalio López “Zotoluco”. Matador de toros con todos los merecimientos que deja un historial de éxitos y gestas, -matar toda la camada de Miura en una temporada en las principales plazas españolas, tuvo lo suyo-, le encumbró ganándose respeto y admiración de profesionales del toreo y afición.

Destacó con el primero, el toro serio de la función, con el demostró su técnica y recursos muletéándolo de rodillas en tablas para luego hacer el toreo por abajo por los dos lados, mejor por el derecho, intercalando molinetes, desdenes y remates de pecho que se le aplaudieron.  Estoqueó con entera habilidosa alargando el brazo para salir al tercio.

Con el otro, infumable por las condiciones del bicho, pero escuchando los acordes nostálgicos de “Las Golondrinas”.  Como le recuerdo a Lalo, imberbe, vistiendo de corto en las vacadas de largos años pasados debutando en Guadalajara esperanzando de que en él habría lo que después llegó a ser, figura del toreo.

Y qué buen torero es Joselito Adame, de la montera a las zapatillas, hizo gala de su sitio y recursos dentro de su expresión artística, dentro de una torería con valor y empeño para triunfar a toda costa.

Con el segundo se ganó un apéndice del torete manso y deslucido al que se impuso sacándole muletazos de mérito, aislados, en un trasteo entre altibajos con desarme y corretiza, para naturales que al fin pudo cuajar en una labor larga que terminó de entera en sitio y apéndice.  El otro de su lote, para el rastro, pero…

Pero regaló un sobrero villacarmelo, con bondad, fijeza y buen son, lo que aprovechó el joven maestro para cuajar una obra de bien torear desde lancear a la verónica en tres, rematando con media y recorte escuchando la ovación, para con la zarga, mandando y ligando a su sentir, cuajar una faena lucida en las que las series al natural y con el ayudado resultaron templadas y con ritmo.  Tuvo gusto y cuando se esperaba el estocadón de trofeos, un sartenazo en el chaleco con otro pinchazo de remate.  Toreo excelente pero con el acero…  de juzgado.

Gran momento el del aquicalitense que se va consolidando como la figura nacional que se esperaba.
El peso del cartel lo llevaba la sensación torera que es Andrés Roca Rey.  Él lo sabía y como cada tarde, salió a jugársela de verdad.

Con su primero, voluntarioso, buscando lucir a por todas, pero correteando tras del manso se la pasó, despachándolo de entera y descabello al segundo golpe.

Con el otro, simplemente debo decir que de no ser este chaval que es dechado de valor, de entrega, de afición cabal y de una torería de excepción, difícil habría sido triunfar como él triunfó.

Repertorio capotero con saltilleras, gaoneras, caleserinas y remates para pintura arrancaron las primeras palmas, para con la flámula, insistiendo atropellar la razón, citando de largo para quedar en muy corto a un astado que rascaba, medía y arrollaba más que embestía, llevarse una cogida sin herida aparente de cornada, pero seguro, sí con un palizón que le dejó renqueante a lo largo de la faena.

Una faena importantísima por la exposición que tuvo, el terreno que pisa, —donde los toros cogen—, para plasmar un toreo de riñones encajados, de muñecas elásticas, de quiebres leves de cintura y aguantando, clavadas las zapatillas en la arena, desbordando su sitio de figura y los recursos de una técnica bien asimilada, para poner al público de pie emocionado por sus formas extraordinarias de interpretación.  Ayudados con la diestra y al natural con la zurda, arrancaron los olés del público entregado a un artista de valentía absoluta y vergüenza torera a tope, que será pilar de éste incomparable espectáculo que es el toreo.  Pinchando y cobrando media de efectos, se llevó muy merecida oreja, esperándolo para su repetición, que Guadalajara se convierte en su plaza.

Espléndida la tarde y una entrada de pasados los tres cuartos, deja constancia de que la afición tapatía merece más, mucho más respeto de los promotores que, visto lo visto están mostrando aviesas intenciones de bajar el nivel del toro del coso más serio y exigente del país…  No se vayan por ese lado que meter a la gente a los tendidos es lo difícil y fácil, muy fácil, facilísimo echarlo de la plaza con ganado como el que están trayendo.

Atención, pues, que si se están proponiendo hacer las cosas mal, debo decir que lo están haciendo muy, pero requete muy  bien… ¡Bah..!

Publicado en El Informador

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Un pensamiento en “De los toros con verdad: Mucho torero para tan poco toro en Guadalajara…”

  1. Sr. Baruqui reciba un saludo
    Y también recordarle que lo que ustedes lidiaban era mansedumbre pura si retacados de kilos y si a lo único que le embestian sus ejemplares eran a los pese eres donde se retacaban de comida.
    Y por lo que veo y leo usted no se cansa con su cantaleta de hace veinte años.
    Que pena que le sigan dando espacio en los medios para seguir destilando amargura y querer pontificar de la fiesta.
    Disculpeme pero usted no ves nadie en la fiesta, supongo que por eso siempre se ha dejado ver con ese modo de ver las cosas.

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