La Dignidad Cinqueña – Vuelve José Julián con Desigual Encierro.

Natural de Arturo Saldívar con la embestida entregada de
Natural de Arturo Saldívar con la embestida entregada de “Recuerdo” de José Julián Llaguno.

Cuando el toro real, cinqueño, está en la Plaza casi todo vuelve a su sitio, pues implica en el ruedo, en el callejón, tendidos y barreras una exigencia para todos. Incluso la muchedumbre, con esta presencia acalla la generalmente dispersión del tendido. En una corrida cuyo resultado queda debajo de la expectación, José Julián Llaguno cumple al brindar la presencia y sensación de romper, al fin, con lo que se ofrece cotidianamente. Falla el encaste Jandilla mientras que la línea mexicana brinda dos episodios y medio de tremendo interés combinado con la aparición del buen hacer del confirmante Ginés Marín y los muy marcados síntomas de recuperación de Arturo Saldívar. Tarde terrible de Juan Pablo Llaguno que no da la talla en todo el festejo.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Seriedad en la presencia. Serenidad en el juicio. Sensación de constante peligro.

Los toros son un arte y verlos, al menos ayer, ha sido otro.

La corrida que marca el esperado, esperemos permanente, regreso de José Julián Llaguno a la Plaza México se parte en dos desde la ganadería, tres encaste “torrecilla”, más un toro hermoso, mexicano, el 30 de nombre “Amiguero” que se queda, sabrá Dios por qué oscuras razones, como sobrero y tres jandillas a los que pesa la falta de armonía es sus hechuras.

Estos tres toros van a condicionar el juicio del oficialismo y la cargada reinante.

En derecho penal americano, José Julián, debería declararse culpable para que sus vanidosos “jueces” taurino socarronamente se erijan en una condena reducida y digan “se los dije”, caigan en el más tramposo de los tópicos y apliquen el famoso “esto es solo fachada” y el novedoso “no puede torearse esto”. Nunca más, otra vez, equivocados.

Una ganadería brava siempre primero muerta que confesa, no puede irse sin luchar. Dignidad de cinco hierbas.

Y si la parte española falla es por fuera primero, no hay armonía sino desproporción de hechura, ahí queda el colorado tercero, zapatón, demasiado zancudo y aparentemente afectado de los cuartos traseros, protestón y a la vez soso, violento el cuarto que sale a defenderse todo el tiempo, mientras que el quinto, un pájaro vestido de negro con mucha percha y pitones, tiene demasiado calamocheo y falto de bravura.

Claro está, todo esto se acentúa y duplica gracias a la poca muleta que tiene enfrente.

La incapacidad, impotencia, miedo y displicencia de Juan Pablo Llaguno son escandalosas. Recuerdo a Pepín Liria confirmar con un lote durísimo de los primeros atanasios de Barralva de 2002, el encierro de los dos toros devueltos, que se quitó el de Murcia no sin sudar, siempre diligencia y torero. Palabras mayores. Salir de La México así rebasado es un pecado mortal, reseñar los desarmes del queretano con capote, triple con la muleta, su ineficacia con la espada, las dudas y la manera de descabellar es perder tiempo.

Tan solo decir que a la sosería del tercero, incluso a la violencia del quinto, hay que oponer la dignidad del oficio torero, los recursos atinados, el castigo de pitón a pitón, el discurso preciso del sitio, domeñar, sacar el latiguillo y castigar con trastos, utilizar bien las armas. Y claro, valor en las cuadrillas que dan dos tercios de banderillas fatales, sorprendentemente Luis Alcantar fallando en el quinto al pasar dos veces en falso.

El toro aun con juego deficiente siempre impone, obliga a poner atención.

Con los tres jandillas seguidos en horas bajas y Llaguno ahogado, la corrida luce aun peor, más el segundo de Saldívar, el cuarto, que da vuelta de campa sobre pitón derecho tras accidentadamente romper el estribo de la puerta contigua al burladero de la primera suerte más su falta de bravura defendiéndose siempre y tirando derrotes, Saldívar procede perfecto, después del desarme inicial, quitándose de encima al mulo que no merece mayor intento sino brevedad.

Que agradece la Afición.

Que también es capaz de sentir, a pesar de la pobre entrada incluso de la poca luz natural que la Empresa obsequia al empezar la corrida en lorquiana hora, los mejores valores del espectáculo taurino con los tres toros mexicanos. Principalmente, los primeros dos, dos cromos más allá de lo cinqueño, rematadísimos, negros como la noche, hondos de vientre, badanudos y anchos de pecho, reunidos de pitones, cara seria, arrugas de edad, musculosos.

El primero, atacado en kilos demás, “Caballero” nombrado, con la “J” de la simiente.

Esto no obsta para que ataque con fuerza, por bajo, de largo y se vuelva natural al capote de Ginés Marín en su confirmación de alternativa. Esa sensación de no querer escapar que ya no se ve en esta y otras plazas, trae consigo emoción, incluso exceso de confianza en el confirmante, que baja las manos y torea en el lance a la verónica llegando a las rayas donde se confía y un feo manguerazo a punto está de entablerarlo, no le puede colocar en suerte porque el cinqueño nunca sale a dejarse.

Luego tras el puyazo trasero, malamente, y fintar hacia la querencia llegan las chicuelinas emocionantes que cierran el tercio con ovación pero que provocan una serie de errores de las cuadrillas. El tercio de banderillas, breve por definición, fundamental por necesidad, pierde entre otras cosas la colocación con Manuel Punta que no sujetar la orientación del astado hacia la querencia, la cuadrilla sufre para completar el tercio y, finalizado este, pasan horas para que el confirmante llegue a la cara.

La confirmación, la absurda costumbre de pedir permiso dos veces, tiempo muerto.

Que no le viene bien al de negro que rasca pegado a tablas y toma por alto y con tardanza el inicio estatuario de Ginés demasiado inmóvil cuando quizá conviene alternar avanzando por arriba, sí, para plantear todo por fuera de la segunda raya, brindando aire a un toro que le falta fuerza. Ayudado por bajo y desdén sobre las rayas cierra el inicio.

El confirmante está fenomenalmente pulcro como su hermosísimo blanco y oro, con un solo enganchón quizá en toda la faena. Se abre a los medios y encuentra que el toro tarda en tomar el engaño pero cuando lo hace va largo, deja pasar la media altura, tan necesaria en el cite, pero liga dos y el de pecho muy coreados en lentitud. La embestida es clara y por bajo, noble, por el derecho, así prosigue.

Lo percibe el tendido pese a la brevedad de la tanda.

La mano izquierda llega pero en vez de conceder las rayas, prosigue a campo abierto, aun así el Llaguno responde el pase de pecho es completo. Solo que aquí Ginés rompe su faena con la necedad de tocar por la espalda de no volver a la derecha y solo insistir por pitón izquierdo comenzar por optar en las cercanías, un terreno que domina, donde su muestra valiente, esforzado pero que no le viene bien al toro.

Con agobio por tantos kilos.

Cada que brinda aire y cambia perfil el josé-julián responde, como en los ayudados por bajo.

Aire, fresco, bueno, a lo José Mercé es lo requerido.

Ya no es tiempo, más cercanías, dosantinas, pases por alto y desplante exagerado. Ah, joselillinas como si faltara algo, a por la espada, más tiempo. Mariano Ramos, especialista en estos toros, vale recordar, siempre cargaba la espada. En todo momento. Ginés no. Falla al dejar la estocada punto más que desprendida. Aun así se roba la vuelta, bien protestada por la gente que, aun existe, no se da coba, cual debe ser.

Entonces, restaurada la presencia del toro, la atención del público en el ruedo, la tensión en las cuadrillas, la importancia en cada muletazo, sale el segundo que es una réplica del anterior, nombrado “Recuerdo” pero mejor hecho. Mucho mejor repartidos los kilos, que teóricamente son más y mayormente emocionante porque tiene más poder en la embestida.

Se encuentra aun rejuvenecido y en mejor forma, mentalizado y dispuesto siempre.

Como en la emocionante larga cambiada al hilo de las tablas.

Tan bien hecha que el propio cinqueño se encuentra las tablas tras cambiar su viaje, sale suelto pero vuelve con fuerza centellante sobre pitón izquierdo donde exige de Saldívar torear y este responde perfecto con el capote, tal como ha estado toda la tarde, sujetando y bajando luego las manos, se gusta en lances hasta rematar donde él impone, la raya.

Y brega bien, ordena mesurar la vara y pega la tafallera de espaldas rematada, en plenos medios, con la rebolera invertida. Momento bueno de la tarde. Luego, nuevamente la cuadrilla batallaría, menos, claro está, con un toro que por cuya edad da la impresión de pensar demás y requerir mejores procedimientos pero que se arranca de largo y que tiene que esperar para la devolución de trastos.

Horas literalmente.

Aun así, Saldívar es paciente, inicia arriba con la arrancada pronta, pega molinete y tras tropiezo del toro pone espacio suficiente para colocarse y ligar dos tandas diestras, la segunda, rematada con muletazo clave que define su actuación, un casi imposible cambio de mano antes de medio derechazo por bajo, coreadísimo, que descubre el pitón izquierdo.

Del mismo sale lanzado el torero que se encuentra con la embestida de un toro que le prueba tras el primer muletazo al natural, que le pregunta en el frenón tan propio del cinqueño qué tanto está de vuelta ese torero de 2011 que arrebataba al que fuera.

La respuesta es, de vuelta.

Liga el pase, muy valorado, a la mitad de la mirada, se impone y dispone mantenerse en el sitio, incluso invadir el del toro que mete la cara en el pase exacto, el estaquillador cuadrado maravillosamente hasta llevar larguísimo, completar el de pecho rotundo previo nuevo frenón. Y prosigue Saldívar con nuevos derechazos, obligando en frenón, ligando y para el de pecho, librando el freno con aguante, pleno valor y el olé de fuego como resultado.

A pesar de la probadura, la dignidad corporal del torero exalta la del toro.

Luego los naturales en tres tiempos la tanda, impone su sitio sobre el astado y obtiene la faena que el público aguarda incluye la arrucina invertida y con ella una emoción distinta al permanente establecimiento de la puerta falsa de la aburrición.

Pero nada es perfecto, se pasa Saldívar de faena.

Nada que hacer con esas dosantinas, los derechazos sobraban y lo peor deja pasar el momento del pinchazo, que enfría mucho la posterior estocada entera, en el sitio y que saca del toro la raza, negándose a morir aun con la muerte entre las carnes, atravesar de burladero a burladero y doblar en el tercio frente a la Puerta de Arrastre.

Pero despertar la ovación al levantarse del cachetero y negarse a morir en un momento digno de Beinllure, una lucha que solo el bronce podría perpetrar. Dignísimo final de un astado de tremendo “Recuerdo” un josé-julián que no se olvidará jamás.

Como si olvidaremos los jandillas e incluso el sexto, mexicano, de seis años, que decepciona luego de sus dos primeros y emocionantes tercios que incluyen gran recibo a la verónica de Ginés Marín, buen puyazo de Luis Miguel González y dos grandes pares de Manuel Punta. Pena que solo haya sido eso.

Que haya venido la decepción.

Pero mil veces la decepción del toro de lidia, la dignidad incluso de su derrota y no de la falsedad de cuando el trapío se fuga. Ojalá que pronto, lo más digno de esta corrida se replique y se quede para siempre.

Pase lo que pase.

La plenitud de seriedad.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2016-2017. Sábado, Noviembre 26 de 2016. Tercera de Derecho de Apartado. Un Cuarto de Plaza en tarde fría con cielo despejado pero molesto viento a partir de la lidia del tercero de la tarde.

6 Toros, 6 de José Julián Llaguno (Divisa Verde, Rosa y Amarilla) cinqueña y toda ovacionada de salida, de origen Jandilla tercero, cuarto y quinto; con seis años cumplidos, según el cartelón, el lidiado en sexto lugar. Parejos, bien presentados los lidiados en primero, segundo y sexto lugares, negros y bien armados, impresionante el precioso primero, no obstante falto de fuerza en la muleta acabando muy a menos; bravo el segundo, con las complicaciones propias de la edad pero peleando en todo momento, con bravura en el caballo y recorrido en la muleta por ambos pitones; desfondado tras dos grandes primeros dos tercios el sexto. Descastado y soso, protestón el débil colorado tercero, destartalados y ofensivos por delante los débiles y mansos cuarto y quinto.

Arturo Saldívar (Azul Turquesa y Oro) Saludos y Palmas. Juan Pablo Llaguno (Espuma de Mar y Plata) Bronca tras Dos Avisos y Pitos. Ginés Marín (Blanco y Oro) que confirma la alternativa, Vuelta por su cuenta y Palmas.

El tercer espada confirma la alternativa con el precioso e imponente negro, cinqueño, nombrado “Caballero” número 16 de 530 kilogramos.

Muy mal Luis Alcantar al pasar en falso con el sexto y correr turno, lo mismo con el capote al igual que varios de sus compañeros toda la tarde. El banderillero español Manuel Punta, primero de la cuadrilla del confirmante, no obstante estar mal con el capote con el primero, saluda por fenomenal tercio de banderillas en el sexto. Destaca a caballo el picador capitalino Luis Miguel González tras picar al cierra plaza.

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