
A los cinco para las cinco de la tarde, la Monumental Plaza México ofrecía una imagen desoladora: Estaba vacía.
¿Cuántos años hace que no se veía una entrada tan mala en un fin de semana para un festejo mayor? Posiblemente, nunca.
Por Luis Cuesta para De SOL y SOMBRA.
Algunas cosas en la vida cuando se hacen con buena intencion y resultan que nos salen mal, nos duelen más que aquellas que no requieren tanto esmero de nuestra parte.
Esa sensación de frustración la debieron de haber sentido el día de ayer la empresa, los toreros, los ganaderos y la escasa afición que se reunió en La Plaza México para la tercera corrida de la temporada grande.
Algo de verdad muy serio esta pasando con la afición de la capital mexicana, porque de otra manera no se explica una entrada tan mala para un corrida de toros, ni siquiera porque el festejo fue en sábado y tomando en cuenta que la empresa ofreció una promoción del 2 x 1 en todas las localidades para poder asistir gratis al festejo de este domingo.
Llevamos años exigiendo corridas de toros bien presentadas y cuando sale el TORO al ruedo resulta que en el tendido no hay nadie.
Una pena.
Como también es una pena tener que señalar que el encierro de José Julian Llaguno fue una mansada -con esos animales tan bien presentados- pero la realidad es que si fue una mansada infernal, una corrida imposible desde el primero hasta el último, a pesar del espejismo del primero del lote de Arturo Saldívar y del cierraplaza, que acudió con más celo al caballo que el resto de sus hermanos.
Pero a pesar del juego de estos toros tan parados, tan descastados y sin ninguna clase en la muleta. Hubo algunas cosas importantes, como suele ocurrir cuando aparece un torero dispuesto a hacerle frente a la adversidad y a jugarse la vida sin trampa ni pretextos.
Tome nota de este torero que se llama Ginés Marín y que ayer superó el dificultoso examen que le presentaron los toros de Llaguno, al aprobarlo con un valor digno de elogio, buen toreo y entrega, estando muy por encima de sus oponentes.
La plaza se lo agradeció y le obligó a dar la vuelta al ruedo con el toro de su confirmación tras una actuación muy seria, aunque no brillante, porque la nula calidad de lo toros impidió un mayor lucimiento.
Con el sexto tras un inicio esperanzador con el capote, el toro se vino abajo al primer muletazo y Marín termino siendo silenciado.
Pero mientras que Ginés Marín nos dejo con ganas de volverlo a ver durante la segunda parte de la temporada grande, sus compañeros de cartel: Arturo Saldívar y Juan Pablo Llaguno pasaron de noche con más pena que gloria.
Podemos partir hablando de las pocas posibilidades de sus oponentes, pero en el toreo también importan los andares por el ruedo, la tecnica, el sentimiento, la actitud y la disposición.
Al final del festejo ante el desolador panorama me queda la sensación de que ya quedan muy pocos aficionados en la capital mexicana y algunos de los que ayer acudieron a la plaza se fueron todavía más desanimados por el pésimo juego de los toros de Llaguno.
Además de la imperante mansedumbre en nuestras ganaderías, resulta muy alarmante continuar viendo los tendidos de la Plaza México cada vez más vacíos.
Hay mucho en juego esta temporada, y todavía no está muy claro como la nueva empresa encontrará una solucion que pueda frenar esta decadencia.
La realidad es que ya no hay más tiempo para continuar desperdiciandolo con experimentos que muchas veces no tienen ni pies ni cabeza.
Es lo que digo yo.
Twitter: @LuisCuesta_





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