ME ENGAÑASTE ABUELO Por El Bardo de la Taurina

¿Por qué esa carita de tristeza?, –  no es de tristeza, es de desilusión, tristes ustedes los que si vieron una fiesta como la que platican y ahora pues es solo eso, pura platica, yo lo que  siento es que me engañaste abuelo, todo el año desde aquella vez que en las vacaciones a donde ya ni siquiera me acuerdo si era en el sur o en el norte, me dijiste que íbamos a ir a una corrida de toros con grandes y valientes toreros y cuando ya estábamos ahí, solo vimos uno tras otro puros becerritos con unos cuernos del tamaño de plátanos dominicos y más chatos que un panque, luego el torero ese que primero estaba hablando por su celular salió al ruedo y se quitó las zapatillas, como cuando los inditos entraban a la iglesia esa que apesta a gallinas degolladas y a hierbas, la de San Juan Chamula, luego el picador, apenitas le dio un piquetito al animalito y se fue pa’ adentro, tú me habías dicho que después de picar al toro, el torero muy decidido iría a sacar al animal del caballo y luego daría una suerte muy vistosa que me explicaste se llama quite, ¡puras mentiras! no hubo nada de eso, después yo creo que el torero le dolían los callos porque anduvo dando brincos por aquí y por allá, eso sí, se vio que era un buen hombre porque con su muleta roja que era tan grande como la carpa del circo, le estuvo espante y espante las moscas al torillo, luego otro engaño  abuelo, me habías dicho que la suerte suprema era la de matar y que esa los toreros la hacían clavando la espada en el mero centro de lo que dices es el morrillo del toro, lo que consiguen yéndose derechitos a él, lo que vimos  aquella tarde fue al revés, el torero agarro carrera por un lado de la cara del becerro y le metió la espada a como pudo, luego se me hizo de muy mal gusto que se fuera a poner debajo de donde estaba el señor que la hacía de juez y que ahí estuviera como señora en el mercado pa’ que le dieran más pañuelos que los que hay en la bonetería de la Tía Nacha.

Y después de eso abuelo te la pasaste diciéndome que me ibas a llevar a la Fiesta Brava en la Plaza México, que hasta iba a haber una feria y yo que te creo y hay voy, primero a acompañarte a comprar un  abono como cuando fuimos a Disneylandia  pero sabes que fue lo peor abuelo, que me hayas engañado con que íbamos a ir a una fiesta a una feria y ¿tú que esperas cuando te dicen eso? pues que va a haber hartos invitados, mucha gente, todos alegres pero o decepción  unos cuantos cuates por aquí y otros poquitos por allá y todavía antes de venir, te atreviste a decirme que esta era la temporada grande,  luego porque que no me dijiste que empezaba a la hora del chocolate y terminaba en la oscuridad de la noche ¿y el frio que tal?


Lo que si te digo abuelo que aunque tengan hartísima lana los que organizan todo esto, que les debe de salir carísimo, yo creo que como que no les van a quedar ganas de hacer otra temporada, pues es como si tú te preparas pa’ las posadas, te vas a la Merced y compras todos los ingredientes que vienes siendo los toros que además si están igual que las piñatas han de estar carísimos, luego les tienes pagar a los de la variedad que en este caso vienen siendo los toreros y todo pa’ que a la mera hora no venga la gente, pos como que ni vale la pena, dijo el nietecito; yo por lo pronto con lo que vi en la provincia y lo de aquí solo volveré a la plaza  cuando la encomienda sea el toro bravo y no el mascotero, cuando la entrega de un torero no sea solo excepción, cuando  los jilgueros y los que juegan en las redes sociales   dejen la melcocha, porque   ambos  están haciendo mucho daño pues hay ganaderos, toreros, empresarios, jueces que se la creen y  piensan que la están haciendo bien,  cuando esto es un desastre. 

Y, por favor, ya no usen a los niños pa’ defender una causa a la que los adultos le pusieron en la madre, ¿o usted ha conocido un niño empresario?, ¿un niño ganadero?, ¿un niño con alternativa?, ¿un niño juez?, ¿un niño autoridad? Entonces, queda claro que los niños no fueron los que empinaron a la fiesta hasta echarla al despeñadero.

Y esto de los niños, aclaro, de ninguna manera es alusión a los que se la juegan ante los becerros cuyo estatus es el de toreros de poca edad, mucho valor y destreza, sino que me refiero a los niños que han llevado a las marchas y a las manifestaciones, lo cual significa un peligro latente para los menores y el razonamiento y el cuestionamiento es claro: el día que los anti taurinos con toda su violencia en turba se les vayan encima, ¿los adultos con sus pancartitas de ‘Sí a los Toros’ los van a defender?, ¿o los van a usar como escudos humanos?… porque los aficionados a los toros somos gente culta y decente, eso puede que sí, lo que no somos es gente capaz de haber defendido la fiesta desde el tendido los últimos veinticinco años, pues haber consecuentado todo lo que se ha padecido es el resultado de que ahora los aficionados no estén yendo a las plazas, y yo me pregunto: ¿o acaso también a los adultos nos engañaron como al nietecito?, ¿o más bien nos hicimos de la vista gorda?, y ahora que ya no tenemos una fiesta robusta, ¿ya no nos gustó la flaca que tenemos? Por vía de mientras ya el toro regresó, ahora faltan los ídolos y las primerísimas figuras del toreo, los mochadores de orejas, los provocadores de pasiones y cuando estos estén como en el menú navideño, cada quien decidirá a qué fiesta va, a la del bacalao o a la de los charales.

Démosle oído al nietecito, pues recordemos que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, y como dice la Sonora Santanera: “Y el público lo sabe… lo sabe y  hasta los toreros, lo saben… lo saben…”.

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