Simón Casas: “La única justificación para la Fiesta Brava es la cultura.”

La Fiesta Brava tiene un nuevo rey. Porque así se considera a quien sea el responsable del coso más importante, decisorio y decisivo del mundo: la madrileña de Las Ventas. Que, por primera vez en su larga historia, tiene a su frente a un francés, Bernard Domb ‘Simón Casas’, quien incluso llegó a torear como novillero en ella antes de doctorarse como matador. Después, a lo largo de su trayectoria, ha sido apoderado de muchos coletudos y empresario de muchas plazas -actualmente Valencia, Alicante, Zaragoza, Mont de Marsant- , intentando varias veces serlo de la propia Monumental madrileña, lo que consiguió a finales de 2016 para los próximos cuatro años tras ganar, junto a la firma Naturalia Viajes, el concurso de la Comunidad de Madrid. Este habitual visitante del Museo del Prado, que tiene cinco libros publicados y que prefiere denominarse como productor artístico en lugar de empresario, viene cargado de novedades para la gestión del coso -la primera, iniciar la temporada con una corrida de Victorino Martín- en su afán de que los toros sean considerados cultura.

Por Emilio Martínez:


– A lo largo de su vasta trayectoria taurina ha habido un denominador común: los toros son cultura. Una posición ahora, con tanta gente contraria a la Fiesta, más difícil de defender ¿no?


– Bueno. no lo digo yo sólo, ahora y siempre, en efecto, sino que hay razones históricas y tradicionales que lo justifican. Y, por si fuera poco, lo dice la ley, porque dependen del Ministerio de Cultura. No puede estar más claro. Es más, actualmente, la única justificación para la Fiesta es la cultura.

– Algo que, paradójicamente, no tiene mucha discusión en su país, pero sí en el nuestro, que es el creador del espectáculo taurino. ¿A qué cree que se debe?

– Viene de muy atrás, en Francia, sobre todo en el Sur, siempre la hemos tratado como tal, como cultura. La afición francesa no se conforma con ir a los toros. Además, escribe, lee, organiza y visita exposiciones. Sin embargo, en España predomina lo lúdico.

-A pesar de que la tradición es mayor en España, incluida Cataluña, guste o no allí.

– En efecto, dentro de la cultura es un arte que no puede negarse siempre que vaya acompañado de sus raíces culturales. Y no se puede negar que forma parte de la historia y tradición de los pueblos, de todos los pueblos de España, incluyendo, por supuesto, a Cataluña. 

-Sin embargo, dentro del clima de opinión contrario, allí ha sido donde primero se ha prohibido con el apoyo de casi todos los grupos políticos a excepción del PP, ¿como lo valora?

– Insisto en que los toros pertenecen al pueblo y no hay ninguna ideología política que los puedan prohibir. La justificación es el pueblo, siempre y cuando, claro, el pueblo vaya a los toros, evidentemente. Y me gusta destacar que en España los toros son el segundo espectáculo de masas.

– En cualquier caso, remedando la mítica canción de Golpes Bajos, “son malos tiempos para la lírica”, y, claro, para los toros, a los que salvo excepciones individuales de algunos de sus miembros, ningún partido apoya oficialmente aunque de momento lo permitan. ¿Qué le parece esta actuación casi generalizada de nuestros políticos?

-Al político le toca aceptar el debate, las contradicciones de ideas, siempre fundadas en el respeto mutuo, sobre todo cuando constitucionalmente existe una actividad. Y el debate pasa por la inteligencia y la cultura de cada cual. El dogmatismo, el maniqueísmo, el integrismo no es una manera de pensar, señores políticos. El debate es la libertad de pensar, ser inteligente, crear pensamiento. Pero la mayoría de nuestros dirigentes políticos no lo hacen, no, y todos sabemos quiénes son: esto no puede ser. Del debate sale la luz. No les reprocho que no les gusten los toros, pero sí que cierren los caminos del pensamiento y reflexion, el camino de la libertad y la cultura. 

-Usted, que es valiente y ha ido a dar la cara a los espectadores más exigentes del tendido 7, en la Asociación El Toro, ¿retaría a los políticos a ese debate?

– Naturalmente. Es más, les admito que incluso se debata la posibilidad de suprimir la tauromaquia, pero que se debata democráticamente. Porque me hace mucha gracia cuando dicen que la tauromaquia es anacrónica, cuando lo que es anacrónico en democracia es utilizar la censura y la prohibición, eso sí que es retrógrado. Porque la cultura empieza por el respeto. Y, por supuesto, sí que invito a cualquier político, a Iglesias, a la alcaldesa de Madrid, a quien sea, cuyas opiniones respeto, pero respéteme: soy un ciudadano, debata conmigo. Me gusta la tauromaquia no por casualidad, sino porque me ha educado, y no soy el peor ciudadano por ello.

-Y, una vez más, Francia es el ejemplo a seguir, para vergüenza de España, ¿cómo tratan este asunto los políticos galos? 

– Pues sí, allí se aplica lo que comentaba antes, la libertad de pensar, de debatir libremente. O sea, que no es que los políticos defiendan la Fiesta, van más allá: la reconocen como Patrimonio del Pueblo, aunque no les guste. Que, por cierto, sí les gusta, porque incluso a nivel más alto de la representación política francesa hay más aficionados que entre los españoles, como son los casos, por ejemplo, de Valls, Fillon, Juppé y Sarkozy. Me da mucha envidia.

– Uno de los ejemplos que usted pone muchas veces afecta a un español que con su pintura revolucionaria desde Francia alcanzó dimensión universal, Pablo Picasso.

– Sí, porque, como en el caso de otro artista español universal, Federcio García Lorca, no sólo estaban influidos por la sensibilidad cultural e histórica que tanto les marcó, sino que eran grandes aficionados conocedores de la Fiesta. En el caso del malagueño siempre recuerdo que su primer dibujo fue un toro en el tercio de varas y cuando murió, tal y como había pedido, se lo pusieron sobre el pecho en el ataúd y se lo llevó con él a la eternidad.

– En su declarado intento de cambiar la imagen de la Fiesta hacia la cultura en general y de recuperar los 400.000 espectadores que ha perdido la plaza de Las Ventas, deberá convencer a los futuros clientes, que son los jóvenes, entre los cuales hoy la imagen de los toros es absolutamente negativa y son contrarios a este espectáculo. ¿Qué acciones tiene previstas? 

– No, yo no quiero convencer, me gusta más el término de explicar debatiendo. Que es lo que recientemente he hecho en la Feria Internacional de Turismo que es FITUR. Y voy a ir a colegios y universidades a abrir el debate, a explicar sus valores universales. Sin olvidar ese falso ecologismo de los jóvenes, porque la tauromaquia sí que es un vector ecológico real por excelencia. La ruralidad, la cultura del campo, depende de la tauromaquia, por tanto es absurdo ser antitaurino porque sin festejos el toro no existiría. Porque la tauromaquia, además de abrir las mentes, aporta la belleza y el reconocimiento de la la animalidad. No para tener un perro o gato esclavo, sino para dejar la libertad sublime de atacar, que en el toro es genética y natural, de llegar a matar al hombre. En definitiva, que la tauromaquia es el reconocimiento más sublime de la animalidad.

Publicado en El Diario Crítico.

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