Las despedidas de los toreros: Manolo Martínez, toda una época

 

¡Adiós Manolo Martínez! 

Tres Toros Excelentes: dos de Mimíahuapam y uno de San Martín.

De SOL y SOMBRA.

Texto: Enrique Guarner. Ilustraciones: Jean Oucasse. 

Con la retirada de Manolo Martínez desaparece una figura cumbre de la tauromaquia mexicana. 

Este torero de Monterrey destacó sobremanera en el periodo que abarca de 1965 hasta 1982, años pródigos en buenos diestros como fueron: Joselito Huerta, Paco Camino, Diego Puerta, «El Viti», «El Cordobés», Paquirri, Eloy Cavazos, Curro Rivera, «Niño de la Capea», Miguel Espinosa, para no citar más que aquellos que dejaron profunda huella. 

Bastan estos nombres para darle a los triunfos de Manolo, el realce que es de justicia reconocerle. No porque con estos toreros alternara y les inflingiera derrota (en el arte del toreo no existen vencedores y vencidos); sino porque ál lado de ellos conquistó Martínez un puesto relevante en la historia de! toreo. 

Sin embargo, no se puede afirmar que el trayecto haya sido fácil y que el del Cerro de la Silla no tuviera que luchar denodadamente. Como todos los que sobresalen e imponen su personalidad, Manolo fue discutido y despertó controversia. Nosotros nos preguntamos con frecuencia : ¿No es un infeliz el artista ai que no se le ataca? Por ello Manolo no dejó de sufrir los embates que solo se reservan a los privilegiados. 

Naturalmente que esas polémicas nacían del estilo del reinero que frecuentemente carecía de pureza y clasicismo. Seguramente que no ha sido Martínez quien de manera más irreprochable, haya ejecutado las suertes del toreo. 

Por ello han existido otros diestros que lo han superado en cuanto a perfección técnica y aún en el terreno estético; pero es difícil pensar que en su época hubiera algún alternante en México que lograra arrancar ovaciones o rechiflas tan estruendosas como Manolo. 

La fiesta de los toros despierta enormes pasiones a las que somos arrastrados todos. Resulta por ello difícil no tomar partido al emitir un juicio y conceptuar a un torero. Manolo Martínez fue capaz, a lo largo de diez y siete años, de mantener discusiones sin límite entre aquellos que eran sus partidarios y los grupos de sus enemigos.

Estos arrebatos y fanatismos llevaban por base la personalidad del diestro y ayer, ante su retirada, podemos decir que tenían razón las dos partes. 

Sin embargo debo añadir y aquí no cabe la discusión que el de Monterrey fue quien con más facilidad toreó al burel de media sangre que solamente existe en México. En otras palabras, con el astado demasiado joven y sin la edad necesaria, que embestía suave, franco y boyante, Manolo resultó insuperable. Distinto fue el panorama en España y en algunos países de Sudamérica, donde estos animales escasean y el espada tiene que enfrentarse al verdadero toro con procedimientos defensivos. 

El fracaso allí de numerosos toreros mexicanos, se debe a su desconcierto ante la fuerte embestida de su rival. Con el burel de edad, trapío y resabiado, Manolo Martínez mostró carencia de recursos y de dominio. Por ello internacionalmente fue mucho menos de lo que quieren sus partidarios.

La retirada de este gran torero mexicano será sólo perjudicial en cuanto a la pasión que significaba en la fiesta y deberán pasar algunos años para que ésta vuelva a desbordarse otra vez.

Elogiamos a Manolo porque mantuvo su jerarquía a lo largo de diez y siete años y logró mostrarse orgulloso de poseerla. 

Juicio Crítico de la Corrida 

Cuando sonaron los clarines y atabales ya no cabía un alfiler en la plaza, que estaba engalanada como en las grandes ocasiones. 

E n el centro del ruedo un adorno floral deseaba: «Buena suerte» y sobre la puerta de cuadrillas había otro anuncio donde se leía: «Adiós Manolo». 

E n medio de un entusiasmo enorme, las cuadrillas desfilan y el público se pone de pie para despedir al torero al que más han ovacionado a lo largo de diez y siete años. Una lluvia de confeti cae sobre él, que visiblemente emocionado parte plaza vestido con un terno vino de burdeos y oro. Lo acompañan como sobresalientes Rogelio Leduc y Ricardo Balderas detrás de ellos nueve bandilleros y picadores. 

Manolo Martínez agradece la ovación que se desata y llega hasta cerca de los medios con la cabeza descubierta. 

Inmediatamente Jesús Dávila que actúa como juez de plaza, ordena la salida de los bureles. 

El Ganado 

Bonita de verdad, resultó la corrida que Manolo Martínez escogió para su despedida. Es decir que, teniendo en cuenta la importancia del festejo, se seleccionó lo mejor que había en las ganaderías de San Martín y de San Miguel de Mimiahuapam.

Los seis animales eran de fina lámina, cortos y recogidos de cuello, de no gran corpulencia y dotados de pitones sin exageración. Fue un encierro apropiado en todo a la fiesta de que se trataba. 

Cuatro fueron negros zanos, dos de ellos bragados, el cuarto era cárdeno entrepelado y de perfecta estampa. 

El sexto granizado de los cuartos traseros y lucero, aunque anunciaba mayor peso que los otros cinco, resultó terciadillo y compacto. 

A mi juicio, de los seis bureles hubo tres excelentes y otros tres que cumplieron. El primero de San Martín salió cojeando de la pata derecha trasera y en el tercio final se cayó con frecuencia. El segundo de Mimiahuápam, fue magnífico y permitió cuantos pases quiso su torero.

El tercero, que procedía de San Martín, embestía con la cabeza arriba y buscando con sus pitones. En cuarto lugar salió el cárdeno entrepelado de Mimiahuapan que en mi opinión fue un portento de nobleza y calidad. El quinto, que provenía también de Mimiahuapan embistió alegre al capote, pero por razón desconocida comenzó a perder el equilibrio ante la muleta de Manolo. Por último, el de la despedida que fue el granizado y lucero de San Martín resultó un «toro de bandera». 

En resumen, una estupenda corrida que iba ganando de calle Mimiahuam hasta que salió el sexto y se emparejó la situación. 

Manolo Martínez 

Antiguamente cuando un torero se decidía a matar seis toros, era porque analizando sus recursos, tenía la seguridad de dar lidia distinta, variada y carente de monotonía a cada uno de sus enemigos.

Manolo Martínez siempre ha sido un torero corto, que además sólo ejecuta siete pases diversos, los cuales son: lances alargando tela, chicuelinas, medias verónicas, redondos con la derecha, pases cambiados o desdenes, naturales y pases de pecho. Por lo tanto, ver lidiar seis bureles consecutivos a los cuales se les aplica el mismo monótono trasteo y emocionarse, es toda una hazaña. 

La primera ocasión en que el de Monterrey se encerró con seis bureles el 18 de Febrero de 1973, hubo el interés de la novedad.

La segunda que fue una reaparición, después de dos años de ausencia la cosa pasó. 

Pero las últimas ocasiones como cuando celebró su corrida mil o el 17 de Mayo del año pasado, en que fracasó rotundamente han sido demasiado. 

Ayer se trató de la corrida de su despedida y salió avante de la prueba, más que nada por la nostalgia de los años y los triunfos que ha dejado en la capital, pero no puedo dejar de ver que algunos sentimos aburrimiento por las faenas tan similares unas de otras. 

En el fondo, a lo largo de su actuación hubo los mismos pases. Con el capote estuvo en general mediano. 

Lógicamente no sabe banderillear y con la muleta donde sí tiene un poder y aguante fuera de lo común, no se le vio ninguna faena extraordinaria.

Por último, debo decir que anduvo bastante mal con la espada, pues despachó a los seis bureles con: diez pinchazos, cinco estocadas de las cuales sólo una fue hasta el travesano y cuatro descabellos. 

En realidad sus faenas de muleta fueron premiadas: una con vuelta al ruedo, otra con una oreja y la del sexto, un astado al que jamás lo probó con la izquierda, con las orejas y el rabo del animal.

En cambio, si no obtuvo un triunfo rotundo con los bureles, sí debo señalar que toreó admirablemente al público, que al final de la corrida se desató haciéndole una verdadera apoteosis. 

Aunque resulta difícil conseguir es-to, puesto que lo que ocurrió en cada astado fue similar al anterior, voy a intentar describirlos uno a uno. 

El primero marcado con el 111 se llamó «Mi amigo» y anunciaba 490 kilos. Al principio lo tocó Ramón Negrete, quien por cierto tuvo una tarde estupenda. 

Manolo le dio unos lances menos que regulares y lo dejó para que lo picara, Venustiano Pacheco. No hay nada en quites ni en banderillas. 

El brindis es al público y después a Alfonso Gaona. Manolo da pases de tanteo y en seguida naturales desabridos. Con los terrenos cambiados señala un pin-chazo y después en la suerte natural clava tres cuartos de espada. 

El segundo se llamó «Adiós» con el hierro 169 y 484 de tonelaje. Al principio sale abanto, pero Manolo se impone con tres lances a pies juntos y una buena media verónica. Pica Alejandro Martínez y se cambia el tercio. 

El brindis es al cronista «Jarameño» de Ovaciónes y la faena se inicia con estupendos pases cambiados. Luego vienen redondos con la derecha que son rematados con excelente desdén. Se inicia el toreo con la izquierda, pero Manolo es golpeado con una banderilla. Por fin mete al animal en su muleta mágica y se produce la mejor serie. Vuelve sobre la derecha y claro que ejecuta buenos pases, pero en ellos descarga la suerte y a mí me divide. 

Se tira a matar y dejar un pinchazo caído y tendido, pero insiste en que Adiós» se vaya con él, lo que no sucede. Martínez falla un descabello y por fin mata con una media esto-cada trasera, sonando un aviso.El torero es ovacionado y da una vuelta al anillo. 

E l tercero se llamó «Negrito» con el 185 y 496 kilos de peso. Los lances de Manolo son retrocediendo y pica Alejandro Contreras. 

Banderillean «Lupillo» y García. El brindis es a Francisco Lazo del «Esto». 

El trasero resulta aburrido porque el burel conserva la cabeza alta y busca al torero. Manolo se tira a matar desde largo y saliéndose de la suerte como lo atestigua el que la espada queda contraria, como dice mi compañero de barrera, el gobernador Tulio Hernández

El cuarto se llamó «Artista» con el 8 y 480 kilos por peso. De salida el burel demuestra que proviene de un circo, porque produce dos limpias volteretas. No hay nada de capa y el toro es picado por Julio Sánchez y recarga con fuerza. No hay nada en banderillas. 

Manolo brinda a Pepe Alameda de «El Heraldo» y cosa rara en él, se dobla con el de Mimiahuapam ro-dilla en tierra. Después toma la muleta con la izquierda y ejecuta naturales con la punta que entusiasma a los espectadores. 

Luego viene una tanda con la derecha dentro de la «Escuela Mexicana» o sea, citando con la región posterior del cuerpo. Remata con el consiguiente «martinete» y al final la faena se vuelve «encimista» porque el burel no sale de la muleta. Sin embargo, los últi-mmos pases en que cita de frente y bien, no resultan aplaudidos como debieran. 

Manolo se tira a matar de largo y deja un pinchazo caido con el que se empeña que doble «Artista». 

Como no sucede lo descabella certeramente y se gana su oreja. 

En quinto lugar salió «Inolvidable» con el número 14 y 480 kilos de peso. 

Los lances iniciales son buenos a mi vecino Baltazar González quiere chicuelinas. 

Como por arte de magia, Manolo ejecuta cuatro que despiertan el entusiasmo acostumbrado. 

Después del puyazo correspondiente, el burel comienza a caerse y aunque el brindis fue a Alberto Bailleres, la faena resultó medianísima. Además Manolo pinchó a su enemigo cuatro veces y necesitó de dos descabellos para terminar con «Inolvidable», del que más vale no acordarse. 

El último de la vida de Manolo Martínez fue «Toda una época» con el 50 y 492 kilos. Lo recibió con magníficos lances y un precioso recorte. Con un sólo picotazo cambió de tercio y aquí vino algo grande cuando Ramón Negrete le brinda un par que fue extraordina-mrio, dándose las ventajas al burel y cuadrando en todo lo alto. Sucedió después la lamentable cogida de Angel Luna. 

Manolo brindó el astado a su apoderado Pepe Chafik y empezó la faena con soberbias tandas de redondos con la derecha, en los que además mantenían la posición adecuada citando como debe de ser. 

Siguió un estupendo desdén y otra tanda buena como la anterior. 

Parecía que íbamos a ver un faenón, pero Martínez no quiere probar a «Toda una época» con la izquierda, tal vez porque a lo largo de su tiempo toreó mucho con la punta y se tira a matar. Se produce una buena estocada en lo alto y viene la apoteosis consiguiente con orejas y rabo, un público que grita entusiasmado y un grupo de «montoneros» que sin ton ni son lo rodean y no se separan de él. 

En resumen, la corrida del 30 de Mayo de 1982 fue histórica porque en ella se despidió el torero que más pasiones despertó en México, a lo alargo de los últimos diecisiete años.

* Publicado el lunes 31 de Mayo de 1982 en el diario Novedades.

***
Manolo Martinez, es el torero que más a triunfado en la Plaza México.

Desde Novillero causo revuelo, luego cuando confirmo la alternativa, tuvo una actuación arrolladora.

En su carrera toreo 91 corridas en la Plaza México y triunfó cortando 81 orejas y 10 rabos, el que más.

El 15 de febrero de 1970, cortó su primer rabo en la Plaza México, ante un Toro de Mimiahuapam, esa tarde alternó con Eloy Cavazos y el español Curro Vazquez.

El 17 de enero de 1971, Manolo Martínez corto su segundoante un Toro de Chucho Cabrera y alternando con su paisano Raúl García y el espa-ñol Damaso Gonzalez.

El 30 de enero de 1972, corta sus tercer orejas y rabo en la Plaza México, a un toro de Garfías, y alternando con el español Palomo Linares y Mario Sevilla.

Es mismo año 1972, el 20 de febrero corta el cuarto rabo a un toro de Valparaiso, esa tarde alternó con Joselito Huerta y Mario Sevilla.

El 17 de diciembre de 1972, en la Temporada 72-73, Manolo Martínez alcanza un gran triunfo cortando una oreja a su primero y orejas y rabo a su segundo, a Toros de Torrecilla, y alternando con Eloy Cavazos y Mariano Ramos.

El 13 de marzo de 1977, torea en Solitario en la Plaza México, ante toros de Torrecilla y corta esa tarde 3 orejas.

El 23 de diciembre de 1979, ante toros de Mimiahuapam Manolo Martínez, corta otra vez orejas y rabo, llegando a seis rabos en la México, esa tarde toreó, con Miguel Espinosa “Armillita Chico” y Lazaro Carmona.

El 3 de febrero de 1980, ahora a un toro de Mariano Ramirez, Manolo le corta las orejas y el rabo, esa tarde alternó con Antonio Lomeli y Mario Coelho.

El 8 de marzo de 1981, corta el octavo rabo en su carrera en la Plaza México, ante un toro de Los Martínez, alternó con Antonio Lomeli y Bernardo Valencia.

El 30 de mayo de 1982, en tarde de su despedida y actuando en solitario, Manolo corta orejas y rabo al Toro “Toda una época” de Mimiahuapam.

El 17 de mayo de 1987, Manolo, le corta el rabo a un toro de Los Martínez, llegando a diez rabos en su historia, alternó con Manolo Arruza y Alfredo Ferriño.

Entre los diez rabos, solo uno fue otorgado por indultó, cuando el reglamento lo hacia valido.

Twitter @Twittaurino

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2 comentarios en “Las despedidas de los toreros: Manolo Martínez, toda una época”

  1. Agradable, sin duda, la crónica de aquél acontecimiento.Valen los apuntes sobre el poderío de Manolo Martínez ante toros a modo.

    Técnico y poderoso, con gran capacidad de transmisión al público, Manolo Martínez fué si embargo el pionero del engaño: “si no hay gato, no se puede hacer sopa de gato”. Esa era su respuesta cada vez que se negaba a dar lidia adecuada a un sinfín de toros que no consideraba “a modo”.

    Un gran personaje, un gran estafador. Autor de grandes faenas y grandes desaires.

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