Opinión: ¡Qué triste, pero así fue!

Leodegario Hernández Campos (centro) nació en Arandas, Jalisco, el 24 de enero de 1920.

No creo que sea algo nuevo, y mucho menos algo difícil de entender para nadie, pero el hecho de fingir, simular o inventar éxitos o triunfos que nunca han existido, o más aún distorsionar y manipular la historia, en ningún tiempo ha sido una acción muy coherente y mucho menos plausible o favorable.

Por Oscar Toscano G. de Quevedo.

En la conducta de ciertas personas, o inclusive en la misma sociedad, este fatal proceder se ha convertido en algo habitual, y de lo que se han apropiado un número alto de individuos, que lamentablemente nunca se han detenido a recapacitar del grave perjuicio que ocasiona su muy cuestionable actitud.

En días pasados —exactamente el sábado 4— se llegó a la fecha del 50 aniversario del “Coso Taurino” ubicado en la Calzada Independencia. Era el momento más idóneo y “JUSTO” para recordar a su ilustre creador “Don Leodegario Hernández”, ¡pero no fue así!  —¿Por qué? Quizás porque la vida es injusta, situación que es creada por la adversa y negligente conducta del hombre— y si agregamos además que es muy usual el hecho de que “la historia la escriben los vencedores”. Más sin embargo, habrá que recordar que en innumerables ocasiones sus narraciones NO siempre son verdaderas, y mucho menos apegadas a la realidad, siendo lo más frecuente el malicioso acto de pretender menospreciar y falsear la imagen de los vencidos.

Estos obscuros procedimientos para divulgar acontecimientos, se ha utilizado por siglos, más bien durante la historia de la humanidad, y continúan prevaleciendo en la forma de conducirse por muchas personas. De la misma manera se da en el espectáculo taurino, en el que vemos como se difunden y se manipulan un cúmulo de historietas y fábulas de triunfos y logros que distan muchísimo de ser verdad.

Así es nuestra historia, nada ha cambiado, y por el contrario, se ha recrudecido esta desfavorable práctica que continúa, y es el método que utilizan empresas y protagonistas del espectáculo, sin que les inquiete y mortifique en lo más mínimo. Pero los resultados de sus “¡acertadas!” acciones están a la vista de todos, por ello cuestiono: ¿cuántas personas se contaron en los tendidos de la plaza el sábado? ¡Pocas, tristemente muy pocas! Una entrada paupérrima para un festejo que se anunció como de aniversario. Sí, fue un cartel muy poco atractivo, con un ganado en el cual algunos mostraron una evidente falta de presencia, que ocasionó la molestia de los aficionados —contexto que ni siquiera inquietó a la autoridad— que protestaban con toda justicia, y agregándole además su falta de fuerza y nula transmisión, sinónimo de su exigua bravura, convirtiéndose el festejo, en una “triste e insustancial tarde”.

Actualmente el “espectáculo taurino” —qué abatimiento el tener que escribirlo con minúsculas, pero así es— requiere de cambios rápidos y sustanciales, por los momentos difíciles en los que está inmerso, principalmente debido a la mediocridad del espectáculo que ofrecen, y además por los continuos ataques e interminables turbulencias.

Así qué ya no podemos postergarlo más, es por ello que la verdad y autenticidad de nuestra fiesta deberá regresar y presentarse de nuevo en todas las plazas de nuestro país, para que se pueda recuperar la grandeza del “Espectáculo Taurino”; ésta que únicamente se obtendrá, el día que de nuevo aparezca en los ruedos; Su Majestad, “El Auténtico Toro Bravo”.

Publicado en El Informador 

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