Gris tarde en la Mérida

José Adame, la joya de la corona de Etmsa sigue en el ojó del huracán.

Maestro Freddy Espadas Sosa: efectivamente, así son los toros. La siguiente temporada será mejor.

Salieron toros por la puerta de los sustos. Enamoraron a los aficionados con su presencia, pero no todos tuvieron la casta y bravura que hubiéramos querido.

Ni los toreros tuvieron lo que les da el título, digamos nobiliario, de su profesión.

Así, la corrida que bajó el telón de la temporada en la Plaza Mérida se fue de vacío, con uno que otro detalle para el recuerdo, en todos los sentidos.

El primero fue quizá el más potable de los seis de Fernando de la Mora. Tenía lo suyo, pero Arturo Macías no lo entendió y ya. Tampoco pudo mucho este Cejas bullidor con el cuarto, con mucha voluntad, pero que casi se le va vivo. Se tardó la autoridad en el tercer aviso y se salvó Macías.

Lo mejor lo pusieron los hermanos Adame.

 José me decía antes del paseíllo que vienen momentos clave, duros, en su carrera taurina. Sevilla primero, Madrid después. La responsabilidad de primera figura del toreo queda en sus hombros y, en la Mérida, mostró su oficio, el quehacer que de a poco, le tiene dónde está. Sabe que habrá sus detractores y quienes crean que no está a la altura, pero en la arena del gran coso yucateco puso los pies que unos no saben usar con la firmeza de los toreros caros.
 

Al segundo, un castaño de buena lámina, su peón de brega, Juan Ramón Saldaña, lo sacó del marasmo, y José lo toreó, intentándolo y pudiéndole.

Esta tarde decía antes de la corrida que tienes que intentar siempre, de otra forma no puedes alcanzar nada. Y lo que hizo, era ver agua en un desierto de mansedumbre que era el toro.

Quizá por no acertar con el acero el juez le negó la oreja que el público pidió con fuerza. Al quinto le hizo cuanto pudo. José y su repertorio calaron hondo en la afición. Las zapopinas en el quite a su segundo calentaron al respetable, pero el toro no tuvo el fuelle que el torero sí.

Luis David Adame, el mediano de los hermanos de Aguascalientes, dejó uno que otro detalle. No se confió nunca ante el tercero, un berrendo de pintura. Pases aislados, detalles. Habrá que apretar la máquina en el duro proceso de querer ser un torero de primera.

La tarde de la despedida se nos fue en un abrir y cerrar de ojos. Sin triunfo. Así son las corridas de toros que nos generan expectación.
 

Los aficionados querían toros y pues toros vieron, pero si un taurino no ha escuchado nunca la frase de “los toros no tienen palabra de honor”, es que no han ido a una corrida.

Y si los aficionados nos fuimos encantados con la tarde de seis estocadas en el aniversario (Nazaré y Flores), ayer faltó el tino, lo que hace grandes a los toreros y rinden honor a su título: matadores de toros. Conté quince pinchazos y decena de descabellos en cinco toros.

La sensación de que la temporada ha terminado cuesta trabajo aceptar. El público se emocionó con los toreros y no dejo que se vayan sino hasta casi una hora después.

Prometieron volver. Hay mucho por ver aún. Es solo el final de una temporada. Con ilusión, dijeron Tito Basulto y Beto Hagar, “porque fue insuficiente”… Por ahora.

GASPAR SILVEIRA MALAVER.

Fuente: Yucatan.com.mx

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