FERIA DE SAN MARCOS: PESE A LA MANSADA, HUBO MARCADA TORERÍA EN EL REDONDEL

El Payo. 📸 Foto
@ntrtoros

Pese a la mansada de Fernando de la Mora, hubo marcada torería en el redondel…

Por: Sergio Martín del Campo. R. 

El que haya taurinidad en un anillo de parte de los actores, no es evidencia de que el encierro haya dado buen juego.

Fernando de la Mora está declarado de hace muchos años a la fecha como un enconado enemigo de la fiesta brava. El que el encierro que mandó, heterogéneo de tipo, haya dado un juego descastado, no fue por “mala suerte”, simplemente es la política insulsa que practica como religión: disminuir la casta del ganado para que dejen estar a los toreros y la gente se divierta…

Los bicornes corridos en segundo, tercero y cuarto turnos fueron abucheados por la clientela al ser sus restos sacados del ruedo, y eso fue más que elocuente.

Sin embargo, el sistema que maneja la fiesta, le sigue la corriente a este “ganadero” sólidamente exigido en casi todas las plazas, y el juez ordenó absurdamente el arrastre lento para el quinto, cuando evidentemente todo el mérito fue del aguascalentense Adame quien perdió el rabo por mal usar el ama a la hora de matar.

Resulta edificante que los diestros anunciados hayan sido tres que se pueden acreditar ya como nuevas figuras mexicanas: Fermín Rivera, Joselito Adame y Octavio García “El Payo”. Más aún que tal tercia, sin la “ayuda” de ases extranjeros, atrajeran en masa a un público que casi cubre el cien por ciento de los tendidos de la plaza Monumental de Aguascalientes para darse la octava corrida de la feria de San Marcos.

Con excelencia jugó los brazos Fermín Rivera (al tercio y palmas) para veroniquear al primero de la tarde, un toro cárdeno, apretado de grasa que también fue burlado regiamente en el quite por chicuelinas. Al arribar al episodio muletero llegó suavote y sin raza, pero el potosino, muy entendido de lo que es el toreo, le otorgó un tratamiento delicado, sin prisas ni exigencias, ondulando su avío con una nitidez ejemplar en lo que fue un trasteo purísimo, por ambos flancos, de alto andamiaje, aunque mancillado con el mal empleo de la espada.

Otro toro por demás cebado apareció en cuarto lugar para llenar con sosería la circunferencia. Pese a que jamás se entregó a la muleta y pronto se rajó haciendo honor a su nula raza, Fermín, siempre honesto y fiel a los códigos clásicos de la tauromaquia que practica, no tuvo más que cumplir decorosamente.

Feo de hechuras fue el segundo, caballón y desmorrillado a lo que hay que sumar su pésimo, descastado y peligroso juego. Nunca fijó la vista en los engaños y cuando a ellos acudió lo hizo descompuesto y violentamente; pero firme y con reciedumbre Joselito Adame (silencio y oreja) blandió la sarga y ejecutó toreros y devastadores doblones, terminando por encantar a la serpiente que tuvo enfrente quitándosela de enfrente luego de un pinchazo hondo y caído y dos descabellos.

Belleza dimensionó en los lances de recibo a su segundo, y con pinturería en el quite a la forma de Chicuelo. Como el toro se prestara para labor de interés, el diestro aprovechó el intersticio y otorgó a la vista tal faena variada dentro de la que hizo valer su sitio y sus amplios conocimientos de las distancias, el tiempo, la colocación y los recursos. Hasta toreo de trescientos sesenta grados hubo y Joselito, entonces y en justicia, quedo por encima de la res la cual más de una ocasión se terció y trató de ampararse en las maderas, lo que no logró porque siempre vio la muleta en su cara y no tuvo otra que seguirla humildemente. El trasteo definitivamente era de rabo, pero antes de la estocada en el complejo lance de recibir, se le fue la mano en horrendo mete y saca en la zona de los bajos.

Octavio García “El Payo” (al tercio y oreja) imprimió son a las verónicas para recibir al tercero, otro animal de nada atractiva lámina, aunque bien pasado por la pila; sin embargo, le gano su debilidad y su mansedumbre para que enseguida, ya la muleta en manos, el rubio coleta le tratara como entre suaves nubes, y con gran paciencia torera le logró hurtar un partido formidable reflejado en deletreados y lentos muletazos por ambos cuernos, acabando el hacer de estocada caída y tendida.

Ante el sexto reeditó el decoroso empleo de la capa muy cercano a las tablas al recibir al inatractivo sexto, el que pasado a la muleta caminó tras ella de modo bobalicón, estando el queretano por encima de las malas condiciones exhibidas en un trasteo cabal, muy lúcido y variado bajando el telón a la función de otra estocada tendenciosa.

Publicado en Noticiero Taurino Mexicano 

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