Conchi Ríos: «Todavía me gritan: ‘¡Vete a fregar!’»


Foto Manu de alba.

Por Arantza Furundarena.

Conchi Ríos, la única mujer que hoy intenta torear en España, asegura que «dan más ‘cornás’ los machistas que los antitaurinos»

Esta murciana con hechuras de valquiria cambió la danza contemporánea por esa ancestral coreografía extrema que es el toreo. A sus 26 años, tras once cornadas y un rotundo triunfo en Las Ventas, está sin apoderado. La BBC la considera una de las cien mujeres más influyentes del mundo. Pero algunos preferirían verla fregando.

¿Cómo va la temporada?

Difícil. He roto con mi apoderado y lucho en solitario. Salir por la puerta grande en Las Ventas fue lo mejor que me pasó, y también lo peor. Me empezaron a llevar de feria en feria, pensando más en sus intereses que en mi carrera.

Debió de sentirse ‘la mujer barbuda’…

Los toreros somos un poco muñecos del ego. Nos manejan como quieren. Alberto García apostó por mí y me dio la alternativa. En dos corridas corté seis orejas y un rabo. Pero mi sorpresa fue cuando me dice que no me puede poner en ninguna plaza importante por temas que no me puede explicar… Soy la única mujer que ahora mismo intenta torear en España.

Y, según la BBC, una de las 100 más influyentes del mundo. Pero resulta que está en el paro.

Qué ironía, ¿verdad? Yo creí que esto me iba a servir para torear. Pero no. Me llaman para hacer películas alemanes, italianos, canadienses… Me invitan a dar conferencias. Ha tenido más repercusión fuera del ambiente taurino que dentro. La tauromaquia está muy anticuada. A mí todavía desde el tendido me gritan: «¡Vete a fregar platos!».

¿Dan más ‘cornás’ los machistas que los antitaurinos?

Sin duda. Los antitaurinos son algo banal. El machismo es mucho peor para el mundo del toro.

Eso y la falta de aficionados…

Las plazas se están vaciando, pero no por falta de afición sino por la mala gestión de los empresarios. Hay un monopolio y no dan opción a los jóvenes.

¿El miedo dónde lo esconde?

Yo el único miedo que tengo es a no poder torear.

¿De niña era igual de valiente?

Qué va, veía cualquier bichillo y salía corriendo.

¿Y cómo le picó el bichillo del toreo?

Con quince años, en una corrida a la que fui con mis abuelos. Indultaron dos toros a Pepín Liria y Enrique Ponce. Y pensé: «Yo quiero hacer lo que están haciendo esos hombres». Nadie me había hecho llorar de emoción de esa manera.

¿Qué le dijo su familia?

Que estaba loca. Pero mi abuelo a escondidas me llevó a una capea en una plaza portátil. Me puse delante de un novillo y, sin saber nada del toro, intuitivamente lo toreé. Hoy son mis máximos seguidores.

Y sufridores, supongo.

Sí, he tenido once cornadas. Con una de ellas creí que me moría. Fue un cornalón con cinco trayectorias. Pedí que entrara mi madre, quería ver su rostro. A mi padre es que no lo he conocido… Solo trece días después de aquella cornada toreé en Madrid y abrí la puerta grande. Y eso que llevaba 75 puntos en el muslo.

¿Le gusta que le llamen matadora?

En mi carné profesional dice matador de toros, en masculino, porque para que te pongan ‘matadora’ tienes que pagar; dicen que para actualizar el sistema.

¿Una torera liga tanto como un torero?

No. Yo les doy miedo, ja, ja, ja… En este oficio los hombres ligan más de lo normal y las mujeres bastante menos.

Fuente: Las Provincias

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