Opinión: Bregando

Por Jaime Oaxaca.

Considero que formar parte de El Popular, diario imparcial de Puebla, es un privilegio.

Estamos en pleno festejo del séptimo aniversario de vida. Seis de esos años he cubierto la fuente taurina, distinción que agradezco a la licenciada Carolina FernándezGalindo, ella es quien parte el bacalao en este medio informativo.

Imparcial, no es un adjetivo que los propietarios usen como pose para parecer interesantes, tampoco un rubro para que suene con caché.

Imparcialidad, independencia, integridad, libertad, autonomía, son propiedades que van desapareciendo de los medios de comunicación, El Popular puede presumir de ellos en todas las fuentes; claro que en cuestión de opinión depende de cada columnista.

Cuando el mejor cliente publicitario de un medio de comunicación es el gobierno en cualesquiera de sus presentaciones: federal, estatal, municipal; ese medio pierde libertad.

El cliente siempre tiene la razón, dice una de las máximas comerciales. Si el gobierno es el cliente imposible criticar, juzgar, cuestionar; al contrario, existe la obligación de echarle flores, omitir fraudes e ineptitudes.

En la fiesta de los toros los clientes son los empresarios, los toreros, los ganaderos, eso no tiene nada de malo, todos ellos requieren publicidad para promocionarse y para eso están los medios de comunicación, lo desagradable es que confunden la gimnasia con la magnesia.

Los clientes suponen que contratar un medio, además del convenio de la difusión de tal o cual actividad, debe incluirse la complicidad. Un paquete que incluye apologías y en ocasiones lambisconería. Confunden -o pretenden- que apoyar sea lo mismo que alcahuetear.

Concretamente en tauromaquia el concepto “pegar” está mal entendido. Quizá en todas las fuentes suceda.

Entre los taurinos si alguien dice que los toros de tal o cual corrida estuvieron chicos, aunque sea cierto, no se toma como una información veraz. En ese caso el comunicador le está pegando a la fiesta, al ganadero, al torero. Se le considera un amargado que patea a la fiesta, sólo ve lo malo, lo negativo, no comprende el esfuerzo de los ganaderos y empresarios, le hace daño a la tauromaquia, argumentan que jamás ha invertido dinero para que tenga derecho a decir lo que ve, está en contra del ganadero, no quiere a los toreros y una sarta de tonterías.

La imparcialidad es poco usual porque existen comunicadores que forman parte de una empresa o de la administración de un torero. Evidentemente aquellos que dobletean funciones tienen que ser cuidadosos para verter opiniones, aunque no se haya acordado verbalmente existe un acuerdo tácito: no puedes patear el pesebre.

Imagine el lector que fulanito sea el vocero de la empresa y escriba en su crónica que los toros carecieron de trapío. El asunto es impensable, le darían puerta en seguida, porque le está pegando a la empresa para la que labora.

Cada vez existen más comunicadores que trabajan como voceros de los toreros. Suelen distribuir un boletín en el que informan el resultado de la corrida mediante una crónica del tamaño que cada uno considera conveniente.

Como la crónica taurina encaja en el género periodístico de crónica opinativa, entonces no queda de otra: hay que usar adjetivos, salirle al toro. Esas opiniones se hacen con mucho cuidado, han de hilar fino sin lesionar al patrón, lo conveniente es no caer en la mentira burda, hay que echarle arte, dicen los taurinos.

Existen frases que se han convertido en lugares comunes tales como: los toros no se prestaron para el lucimiento, los toros no colaboraron, los toros salieron a contra estilo del torero, el diestro no tuvo suerte a la hora de matar, la espada lo traicionó. Son términos que quieren decir -y justificar- que el torero estuvo mal con sus avíos.

Los toros estuvieron terciados, los torosfueron desiguales de presencia, ese toro es o fue un zapatito, son expresiones usadas para decir que el ganado careció de trapío.

Mi menda no tiene que recurrir a eufemismos, tengo libertad absoluta para expresarme.

Así mismo, la licenciada Carolina tiene muy claro el concepto de pluralidad, lo ejerce, porque, sin gustarle la fiesta brava, supone que entre nuestros lectores habrá a algunos que les atraiga.

La enhorabuena a don Benjamín Fernández Pichardo y a la familia Fernández Galindo por estos primeros siete años de publicación. Que sean muchos más.

La tauromaquia requiere de espacios en los medios de comunicación, por eso agradezco a Carolina Fernández que en El Popular, diario imparcial de Puebla, se escriba de toros, no importa que haya quien diga que aunque sea conmigo.

Publicado en El Popular 

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