TOROS SANTANDER: Incontestable triunfo de Ginés Marín como fin de feria en Santander

Ginés Marín.

Por Juan Antonio Sandoval.

Santander, 29 jul (EFE).- El diestro Ginés Marín descerrajó la puerta grande del coso de Cuatro Caminos tras cortar tres orejas a su lote de Luis Algarra, mientras Enrique Ponce cuaja y pincha al noble cuarto, en lo que fue el último festejo de la Feria de Santiago de Santander.

FICHA DEL FESTEJO.- Ocho toros de Luis Algarra, con dos sobreros jugados como sexto bis y ter, desiguales de presentación. Sin poder ni entrega el primero; noble el segundo; extraordinario por el pitón derecho el tercero; muy noble el cuarto; soso el quinto; el sexto, devuelto tras partirse un pitón de salida; le ocurrió exactamente lo mismo al sexto bis; frenado el sexto ter.

Enrique Ponce: media desprendida y muy tendida (ovación tras leve petición); y pinchazo, y media ligeramente desprendida (oreja tras dos avisos).

Cayetano: media tendida y atravesada, y descabello (silencio); y pinchazo y estocada muy tendida (silencio).

Ginés Marín: estocada (dos orejas); y estocada trasera (oreja con petición de la segunda).

En cuadrillas, Iván García y Alberto Zayas saludaron tras banderillear al quinto

Séptima y última de la Feria de Santiago. Se rozó el lleno absoluto en tarde muy calurosa y algo ventosa.

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LA PASIÓN POR GINÉS MARÍN

El viento y la cuesta arriba del lomo del primero de Luis Algarra jugaban a la contra en el inicio del último festejo de la Feria. Entre las dos rayas planteó Enrique Ponce la faena de muleta, territorio acorde a la condición del toro: un animal que nunca humilló, siempre a la defensiva y de poco poder.

El habitual milagro poncista de transformar mulos en bravos se demoró más de la cuenta, hasta que llegó una diestra ligada de sutiles toques para manejarlo. Fue la única rotunda.

El burraco segundo también fue altón y de abundante osamenta para cargar sus 595 kilos. Sin embargo colocó la cara abajo ya desde los remates en los burladeros. Acreditó fijeza y obediencia. Nobleza absoluta. Y temple, como en uno de pecho que duró una eternidad. La casta y la transmisión, justas. Por el izquierdo era un jubileo que no llegó a ganar Cayetano, siempre en la corta distancia.

El generoso cuello del castaño tercero hacía presagiar buenas cosas. Ginés Marín así lo interpretó y lo recibió con el capote con ambas rodillas en tierra. Hasta los medios se fue. El encuentro con el caballo de picar fue un visto y no visto. Ni en un tentadero se da tan poco a las vacas.

Con el motor intacto, más con su temple natural, el que traía de la dehesa, lo fue acompasando Ginés, que inició con la máxima de Antoñete del “pronto y en la mano”, toreando en redondo y citando desde la lejanía, pues nada había que probar por el manantial del pitón derecho. Dos tandas magistrales pusieron de acuerdo a Cuatro Caminos, con dos de pecho abrochados en la hombrera.

Se rebrincó “Solterón” en el toreo al natural y, con el animal a menos, la listeza del joven matador le llevó a aprovechar el estado de euforia del público, enjaretar bernadinas e irse rápido a por el acero. Se fue tras él muy despacio. Hasta la empuñadura lo dejó en la que fue la estocada de la tarde y, probablemente, de la Feria. Dos orejas.

Buena lámina tuvo el colorado cuarto, bajo, diseñado para entregarse en los engaños. Ponce lo abrió un poco más allá de la segunda raya. Ahí aconteció todo, en terrenos del 7. Despacito no. Más despacio aún. A cámara súper lenta. Por la mano derecha, en el espacio de un baldosín, se sucedieron series amplias, de finísimo engarce. Los pitones por encima de los lazos de las zapatillas y los costillares, muy sangrados, fundiéndose con la taleguilla.

Hubo naturales de una sutileza infinita. Además, un cambio de mano marca de la casa, la poncina que quedó inconclusa y para resarcirse unos solemnes doblones por bajo como epílogo. La obra de arte consumada encontró el freno de un pinchazo antes de una estocada que tardó en matar.

El abanto y hondo quinto traía unos pitones poco presentables para esta plaza. Cayetano se espesó en quehacer de gran metraje, espesado aún más por la sosería del animal

El sexto se partió el pitón izquierdo al rematar en un burladero. Fue devuelto. En un sorprendente “déjà vu” ocurrió lo mismo con el sexto bis, del mismo hierro, también a los corrales.

Al sexto ter, también de Algarra, lo meció a la verónica Ginés Marín, que dio luego solemnidad a las chicuelinas. Fue un toro frenado en seco. Un buey. Ginés le buscó las vueltas. Y logró dar gusto al público con su arrimón. Hasta la segunda oreja le pidieron.

Fuente: La Vanguardia 

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