OPINIÓN: HOY SE MATA PEOR QUE NUNCA

El Julipelie en Bilbao.

Por Domingo Delgado de la Cámara.

¿Hace cuánto tiempo que no ven ustedes una gran estocada? Yo ya no recuerdo la última que vi. La degradación de la suerte suprema es una triste evidencia. Lo que presenciamos últimamente tarde tras tarde, es todo un repertorio de estocadas traseras y tendidas.

De unos años a esta parte, se está matando muy mal. En este aspecto cualquier tiempo pasado sí fue mucho mejor. El número de triunfos malogrados con la espada también es más alto que nunca. Antes, el atascarse con los aceros era cosa de principiantes y tal o cual torero artista y medroso, las figuras solían ser muy eficaces con la espada. Actualmente, las figuras también matan muy mal y pierden muchísimas orejas por la espada. ¿Por qué se ha llegado a esto? Por varias razones, a saber:

1.- Mentalidad pacifista. Hace unos años un torero sevillano, magnificado hasta la náusea y mucho menos bueno de lo que el tópico dice, justificaba su deplorable uso de los aceros diciendo que él es un artista y no un matarife. En primer lugar, resulta una osadía autocalificarse como artista, eso seremos los que pagamos los que tendremos que decirlo. Y en segundo lugar, se trata de una pueril justificación para ocultar el pavor, una técnica precaria y una falta absoluta de vergüenza torera. Lo malo es que la idea de que son artistas y no matarifes ha sido asumida hasta por el pegapases más insustancial. La consecuencia de todo esto es el abandono de la suerte suprema, a la que consideran un accidente secundario sin ningún mérito artístico. Ningún muchacho que empieza tiene interés por matar bien, no se da a la estocada ningún mérito artístico. Este es el campo abonado donde crecen los aspirantes a torero, luego en la plaza pasa lo que pasa: pinchazos a docenas y toros matados a disgustos.

2.- Técnica ventajista. Intentar matar un toro bien, causa pánico. El matador sabe que le va a perder la cara al toro y que si se va derecho tras la espada, el pitón derecho va a pasar a milímetros de su pierna. Es por esto que en los últimos años se ha ideado toda una técnica ventajista para tirar el toro al suelo arriesgando lo mínimo posible. Al primero que vi matar con el brazo totalmente estirado fue a Tomás Campuzano, diestro al que admiro por su poderío y profesionalidad, pero que matando se tomó este alivio. Este modus operandi tuvo pronto éxito entre los que entrenaban con Diego Robles en Sanlúcar de Barrameda. Litri y Pepín Liria empezaron a matar así. Pero en este momento, todavía la cosa no se había desmadrado. Aún con el brazo estirado, todos los matadores citados se iban derechos tras el estoque y aunque algo tendida, la estocada estaba en su sitio.

La degradación total de la suerte vino con Julián López “El Juli” y su tristemente famoso “julipié”. Para que nadie ponga en mi boca lo que no he dicho, afirmo rotundamente que Julián López es un grandioso torero, que ocupa con todo merecimiento un lugar de honor en el escalafón taurino. Pero nadie es perfecto y todo el mundo tiene defectos y ángulos opacos. Y lo peor de Julián López no es que toree despegado y se retuerza (puede muchísimo a los toros y los lleva muy toreados), lo peor de Julián López es el “julipié”. Ese salto y ese cuarteo, hacen que siempre las estocadas queden en los riñones. Paco Ojeda saltaba, pero se clavaba en el morrillo, Julián López salta y clava en los riñones. Y una tarde, de tan grande salto, va a salirse de la plaza. Lo malo es que todos esos vicios son tomados por virtudes por el que empieza.

3.- El estilo Manzanares. Hemos visto a José María Manzanares hijo, lograr estocadas inverosímiles. Citando a muchísimos metros, ha logrado estocadas recibiendo en todo lo alto. Estocadas que no eran clásicas, pero eran extraordinarias por valerosas, contundentes y espectaculares. Cuando Manzanares ha logrado un estoconazo de los suyos, se ha hecho evidente la importancia de la suerte suprema. Esas estocadas hacían que una faena corriente fuera premiada con dos orejas indiscutibles. Y esas estocadas le han colocado en el lugar de privilegio que ocupa. Lo censurable de Manzanares es el poco ajuste, pero su espada es de quitarse el sombrero.

Manzanares tiene un heterodoxo estilo matando exclusivamente suyo, personal e intransferible. Lo malo es que ese estilo está creando una enorme confusión entre los toreros noveles. Se perfilan como Manzanares, colocan el brazo como Manzanares… y pinchan, porque luego no tienen el aguante ni la decisión de Manzanares. Esta también es la causa de muchos pinchazos.

4.- Faenas largas hasta el agotamiento. La mayoría de las corridas actuales se hacen insoportables de lo largas que son. Las faenas de muleta de hoy en día son interminables y precisamente por eso se pinchan tantos toros. Tengo la sensación de que muchos toreros alargan innecesariamente la faena para aplazar el momento de matar, al que tienen pánico. Cuando por fin cogen el acero, el toro ya está totalmente agotado y distraído. Si no se mata al toro cuando pide la muerte, se descompone y hace la suerte de matar muy difícil por su distracción y nula embestida.

5.- Matan desde muy lejos. Siempre se dijo que a los toros hay que matarlos en corto y por derecho. Y esto tiene una razón evidente, si el torero está cerca, en cuanto eche la muleta al morro del toro, el toro humillará y descubrirá la muerte. Por el contrario, si el torero arranca desde lejos, cuando llegue al toro, éste le estará esperando con la cara arriba y el pinchazo será inevitable.

6.- No hacen la suerte. Muchos toreros de hoy en día, no echan la muleta abajo y el toro no descubre la muerte. Y yo pregunto: ¿Qué les enseñan en las escuelas de tauromaquia? Al parecer sólo a ponerse bonito y a aborrecer a cualquier clase de toro que no sea de Domecq… Claro, cuando un chaval no tiene valor y se queda en la cara, el pinchazo es lógico. Pero lo sorprendente es ver tarde tras tarde, a muchachos valientes que con las telas están sobrados y que pierden los éxitos con el acero porque nadie les ha explicado bien cómo se mata un toro. Al final quienes más pierden son los propios toreros, porque aunque algún plumífero de nuevo cuño intente obviarlo, la suerte de matar sigue siendo la suerte suprema y cuando se mata mal, no se triunfa.

Esto lo tienen clarísimo los aficionados y el público en general. Cuando no se mata a la primera, ya no piden las orejas ni en la última aldea. Y en las plazas importantes hay un consenso general entre aficionados y presidentes de que para dar trofeos hay que matar bien. Parece que los únicos que no se dan cuenta son los toreros, empeñados en solazarse en el toreo más cursi mientras olvidan lo esencial.

Prueba de todo lo dicho, es que en todas las épocas del toreo, siempre había un puñado de virtuosos de la suerte suprema.

Actualmente, sólo tenemos a un estoqueador depurado: Uceda Leal, que sólo por esta razón, debería torear más. Con la excepción de Uceda, y Manzanares con su contundencia heterodoxa, los demás matan mal y a la carrera, soportando con desgana un penoso deber. Urge rehabilitar la suerte suprema. De momento, no hay que consentir ninguna clase de premio por estocadas defectuosas, abroncar con severidad las estocadas de ventaja y enseñar al que no sabe.

En estos momentos de bajonazos, la imagen de Paco Camino surge esplendorosa. Después de Camino ha habido unos pocos buenos estoqueadores, pero Camino se llevó con él, el secreto de matar despacio a los toros. Camino ha sido la última cumbre del volapié ejecutado con temple. Todo un ejemplo en estos tiempos de puñaladas traperas.
Publicado en Cossio

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