La sorpresiva retirada de Morante abrió numerosos interrogantes

Por Álvaro R. del Moral.

Morante terminó la temporada con el mismo traje con la que lo empezó: un precioso terno azulón de delanteras bordadas en cordoncillo blanco que evocaba, de alguna manera, el atavío de los diestros de aquellos tres lustros de sangre y arte -la Edad de Plata- que sirven de espejo al genio de La Puebla. Del Domingo de Resurrección a la tarde aciaga del 13 de agosto en El Puerto de Santa María se sucedieron 23 corridas en las que hubo chispazos, sensaciones, revelaciones incompletas y, ojo, escasísimos triunfos contantes y resonantes. También alguna bronca inmisericorde. Morante había pasado por Sevilla esforzándose a tope, dejando faenas de hondo argumento interior pero, ay, el triunfo se empeñó en seguir ausente.

Morante se ha retirado pero la pregunta del millón persiste: ¿Volverá a liarse el capote en la puerta de caballos de la plaza de la Maestranza el próximo domingo de Resurrección? Posiblemente aún no lo sepa ni el interesado, que aludió a una baraja de excusas superficiales para detener el viaje de su propia temporada. El diestro de La Puebla declaró sentirse “aburrido”; “harto de presidentes y veterinarios”… Pero las razones más tozudas podrían ser otras.

El torero había afrontado una nueva temporada bajo el paraguas de la FIT, esa pomposa Fusión Internacional por la Tauromaquia cobijada bajo los activos del multimillonario mexicano Alberto Bailleres. Sus fieles de otro tiempo -léase Antonio Barrera– ya habían sido obligados a dar un paso atrás en los círculos concéntricos que rodean al torero y sus contrataciones se resolvían, de forma más o menos funcionarial, por un hombre de trastienda, José Miguel Carvajal. En los últimos tiempos, el torero se había visto obligado a matar encierros podridos marcados con el hierro de su apoderado que, seguramente, habían empezado a colmar su paciencia. Pero en el pecado va la penitencia: el descuido del trabajo de campo siempre ha sido uno de los debes del diestro cigarrero que podría estar madurando un radical golpe de timón en su entorno próximo para iniciar otra etapa en los ruedos dejando en el camino algunos rostros.

Una cosa parece segura: Morante quiere torear menos pero también quiere torear mejor. Ese planteamiento sólo puede pasar por la plaza de la Maestranza que, ya se ha comentado, podría ser el refugio de la última época en activo del diestro de La Puebla. Hay que recordar que Ramón Valencia había echado toda la carne en el asador después de lograr la paz con el diestro cigarrero. Morante fue el banderín de enganche de la sedición que alejó a las primeras figuras durante dos largas y amargas temporadas. Pero, ojo, también fue el encargado de licenciar sin honores a los restos de aquel G-5 que ya tenía vías de agua desde el momento de su estreno. El diestro de La Puebla ha sido la base indiscutible de las ferias de 2016 y 2017 aunque en la última comprobó que su tirón, más estirado de la cuenta, también puede encallar en taquilla.

Publicado en El Correo Web

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