Los Teofilitos 


Por Ramón Macías Mora.

En la plaza de México, es usual y así lo exigen las figuras peninsulares y los toreros locales, que salga el toro bobo, el toro descastado que no ofrece mayores riesgos ni a los matadores ni a los subalternos.

Así, a los “braminos” procedentes de la dehesa de Teófilo Gómez, la sabiduría popular, ha dado en llamarles “teofilitos”, por aquello de “Como dijo don Teofilito,” paremia que sirve para señalar una espera infructuosa de algo. 

“Los toros no embisten” como dijo don Teofilito… ni embestirán… A los noveles, la “leña”. Lo contradictorio es precisamente que son justamente los pupilos de Julio Delgado y San José los preferidos por Enrique Ponce, los Bernardo de Quiroz del gusto del diestro de Galapagar, José Tomás, quien en el pecado ha llevado la penitencia, según otro dictado de la galería sabia y ha pagado caro y con sangre, el menosprecio al toro de lidia criado en México. 

Por cierto, he escuchado la opinión, durante las transmisiones televisadas de las más importantes ferias de la geografía española, de los connotados comentaristas, matadores en retiro, Antonio Chenel Antoñete, (+), el baturro sevillano Emilio Muñoz, el albaceteño Manuel Caballero quienes a excepción de éste último, no consiguieron triunfar en México, referirse al toro que se lidia en México, fama ganada a pulso, con cierto desprecio, durante la novillada del verano de 2010 en Bilbao, porque dudo que haya sido una exaltación “El novillo tiene la catadura de los toros que se lidian en Guadalajara en corridas de toros” Señalaba a un comentarista local, después del “escalofriante” par de banderillas, que colocó en uno de los recientes festejos [hace algunos años], en la capital de México, el matador tlaxcalteca, El Zapata cediéndole todo el terreno, con todas las ventajas, de adentro hacia afuera a un ejemplar de la divisa de Rancho Seco lo improbable, que sería que eso mismo se lo hiciera a un toro en Madrid, a lo que respondió mi interlocutor, visiblemente contrariado, que yo no podría saberlo. 

En efecto, le dije que existían dos posibilidades, la primera, que Uriel Moreno El Zapata, nunca actuara en Madrid, ante la falta de reciprocidad de las empresas hispanas con los diestros aztecas o, sencillamente la falta de interés de éstas y por otra parte, que un astado de alguno de los encastes que se lidian en España, de no ser Coquilla o Saltillo, le otorguen al Zapata la venia. Al tiempo. 

Dos semanas después del suceso, Julián López El Juli, consiguió su enésima puerta grande en la Monumental de México al tumbarle el rabo al séptimo de regalo, un bravo de Xajay, vicio que ya se ha convertido en una ley no escrita, muy propia de la taurología del embudo de Insurgentes. El séptimo cajón. 

Al ser entrevistado por las cámaras de Unicable, visiblemente conmovido el torero corroboró lo antes expuesto, “Solamente en México los toros te permiten torear de esa manera”. Recientemente [Enero de 2016] Lo ha ratificado ante la misma televisora. Y en el programa del joven Murrieta apenas ayer 2017.

Publicado en Milenio

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