Es lo que digo yo: Roca Rey, un ave de tempestades

Roca Rey, un arquitecto del toreo moderno del siglo XXI. Foto Plaza México.

Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

La perseverancia es uno de los dones que más ennoblece al ser humano, una persona perseverante es aquella que si en algún momento cae, tiene la firmeza suficiente para levantarse, no se achica y no se mira la ropa para continuar.

Pablo Neruda decía: “Despiértate, lucha, camina. Decídete y triunfarás en la vida. Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados”.

Andrés Roca Rey es un torero perseverante, una joven figura del toreo que sale cada tarde dispuesto a triunfar y a entregarse. Así ha conquistado Sevilla, Madrid, Bilbao y Pamplona por citar algunas de las plazas más importantes de España.

Pero aún cuando ya ha conquistado Europa, Sudamérica y gran parte de México, la Plaza México no se le ha rendido y aunque el pasado domingo arañó el triunfó, este se le escapó por la espada en una tarde en donde estuvo a punto de alcanzar la gloria, pero el destino le tenía preparado otro final.

Andrés Roca Rey es un ave de tempestades como suelen ser casi todas las figuras del toreo, porque hacen que los tendidos vibren con sus triunfos, pero también con sus fracasos, como le sucedió al torero peruano que es en mi opinión el último y más genuino intérprete del toreo que revolucionó Paco Ojeda en los años ochenta.

Para el recuerdo quedarán algunos de sus muletazos al primero de su lote de la ganadería de La Joya, ya que salvo José Tomás esta temporada, nadie había ligado los muletazos tan quieto y sin solución de continuidad desde un terreno tan cercano al toro, incluso metido entre los pitones, hasta llevarlos muy lejos una y otra vez.

Sin duda tuvo un mérito enorme cuajar las faenas al primero de su lote y al toro de regalo del hierro titular en dos faenas con una templada redondez y un buen ritmo, pero por más valiente y poderoso que puede resultar el toreo de Roca Rey, este también necesita un tipo de toro muy especial y en la Plaza México no lo ha encontrado.

Ante reses muy justas de casta, repletas de fijeza y bondad, las embestidas de los toros que en su mayoría ha lidiado Roca Rey en la Plaza México han carecido de emoción y fiereza, lo que ha demeritado un poco sus faenas.

Previniendo esta situación su administración optó por un encierro muy bien presentando de La Joya de su encaste Parladé, pero este desgraciadamente careció de la bravura más fundamental en sus líneas generales.

Aún así hubo algunos toros nobles que Roca Rey aprovecho y otros que sus alternantes no aprovecharon mediante faenas insípidas.

Pero a pesar de no haber triunfado con apéndices, Roca Rey ha sido el auténtico triunfador, el héroe y el villano del pasado festejo y para nadie ha sido indiferente su actuación que seguramente se seguirá comentando hasta su reparación y que en estos tiempos en donde parece que los toreros se fabrican en maquiladoras, eso también es un verdadero triunfo.

Habrá que esperar el regreso de Roca Rey y ver si nuevamente se cumple con una faena redonda aquélla profecía del Maestro Pepe Alameda, quien seria el primero en plantear en “Los arquitectos del toreo moderno” la cuestión de la dicotomía entre dos modos de torear aparentemente excluyentes como los que interpreta Roca Rey.

Dos sistemas tan antagónicos (sistemas que el denominaba toreo de línea natural y toreo de línea cambiada) que suponían la evolución lógica del toreo “en redondo” y el del toreo “en ochos”.

Decía Alameda en el capítulo XI (“Ventana al futuro; una posible salida”) del citado libro:

“Tengo para mí que la posibilidad de ese progreso está en la síntesis del toreo natural y el cambiado, pues el día que un torero sintiendo en principio uno de ambos modos, llegare a completarse, adquiriendo cabalmente el otro, en una integración profesional que no es imposible, se alcanzaría un grado nuevo de dominio del toro y, consecuentemente del toreo.

Tanto el toreo natural como el cambiado son en definitiva instrumentos. Y el dominio de los instrumentos es el primer paso para lograr el fin que en este caso es el dominio sobre el astado”

Esa teoría de Pepe Alameda finalmente no se encuentra en la alternancia entre esos dos modos de torear, sino en unirlos en uno sólo. Algo que en aquellos años 60s parecía muy complicado.

Tuvieron que pasar dos décadas para que un torero hiciera posible ese concepto intuido o soñado por Pepe Alameda y aquel torero se llamó Paco Ojeda.

Y tres decadas después de Ojeda, tenemos en Roca Rey esa herencia que esperemos fluya en plenitud el próximo cinco de febrero, ante un encierro seguramente muy bien presentando de Jaral de Peñas de su encaste Domecq.

Cambio de Tercio

Con la presentación de Roca Rey mejoró la entrada en la Plaza México, pero estuvo todavía lejos de lo que hubiéramos esperado.

Se habla de que al final de la temporada podrían haber cambios en la gerencia de la Plaza México y nuevamente se menciona el nombre de Alejandro Silveti entre algunos otros para dirigirla.

Pero ¿Por qué no pensar en un binomio para su dirección? El cual podría ser completado por un taurino de ideas frescas e inteligentes como lo es Francisco Camino Gaona, que seguramente tendría mucho que aportar y que conoce perfectamente la historia y la importancia de esa plaza.

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_

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