El Cid, la zurda más pura del toreo, quiere volver a ser lo grande que fue

El torero, ilusionado y experimentado, se prepara para entrar otra vez en las grandes ferias.

Por ANTONIO LORCA.

Cuatro salidas a hombros por la Puerta del Príncipe de la Maestranza y dos por la Puerta Grande de Las Ventas lo avalan. Casi nada… Durante varias temporadas fue figura indiscutible, santo y seña de la pureza y la profundidad del toreo gracias a una mano izquierda prodigiosa; después de aquella cara de triunfos y reconocimientos ha conocido —conoce ahora— la cruz de la levedad de la memoria.

Pero Manuel Jesús Cid Salas, El Cid en los carteles, (Salteras, Sevilla, 1974) no se amilana. Se presenta puntual a la cita, a mediodía, recién salido de la ducha tras una intensa mañana de entrenamiento, desprende olor a colonia de anuncio, y está hecho un chaval días antes de cumplir 44 años, y con la ilusión por las nubes.

Su nombre aparece en el cartel del Domingo de Ramos en Madrid junto a Pepe Moral y Fortes en una terna que parece consolidar la búsqueda de una oportunidad ante los toros de Victorino, y mal colocado una sola tarde en la Feria de Abril. Dos contratos más, en Benidorm y Fitero (Navarra), componen todo su bagaje cuando la temporada está a punto de comenzar.

Quizá, por eso —ahora lo explicará— se muestra dolido, resentido, tal vez, y con un rictus de rebeldía en su ánimo. No elude la autocrítica, pero también dice estar convencido de que ha escrito brillantes páginas en la reciente historia del toreo; y de que la profesión ha sido con él muy exigente y, a veces, injusta.

“Uno no puede estar siempre al máximo nivel; yo no soy una máquina”, afirma con una mueca de tristeza en el semblante, pero al momento recupera el ánimo y cuenta y no para las satisfacciones que dice estar viviendo.

“Profesionalmente, me encuentro en mi mejor momento”, asegura el torero. “Y entreno como si estuviera empezando”, continua, “con más ilusión que antes porque he adquirido más conocimiento. Intento profundizar en mi toreo y hacer cosas nuevas. No quiero perder la frescura de mis inicios, pero, ahora, que toreo menos, analizo constantemente mi tauromaquia”.

El Cid ha tenido en Madrid grandes broncas y triunfos importantes. Ha sido Sol y Sombra.

Torea menos, es verdad. A estas alturas, solo cuatro contratos están encima de la mesa.

“No me preocupa, porque así me ha ocurrido toda mi vida, en las buenas y en la malas épocas; ya me hubiera gustado algún año tener diseñada la temporada desde el mes de marzo… Siempre me he visto en la obligación de triunfar en Sevilla y Madrid, sí o sí, y, si no lo lograba, se corría la voz de que El Cid estaba acabado”.

“Y eso duele”, enfatiza el torero. Porque El Cid está convencido, y así es, de que ha escrito “alguna página bonita en el toreo”, y de que su “nombre quedará reflejado en algún cuadrito, quizá no tan grande como el de otros con mejor marketing, pero ahí quedará”.

La verdad es que el mundo del toro es complicado…

— Muy complicado. Yo no lo he tenido fácil ni cuando gozaba de la consideración de primera figura, y aún no he encontrado la explicación. Creo que como no estés amparado por una empresa taurina fuerte, tienes que ser un crack para estar bien colocado en las ferias. Y yo soy de los pocos toreros independientes del escalafón…

— ¿Entonces?

— Pues que estoy en un momento profesional y personal ideal para entrar otra vez en las grandes ferias. Me hace falta, eso sí, un triunfo fuerte en Sevilla o Madrid, y en ello estoy.

— Pero su colocación en la Feria de Abril (una sola tarde) no parece la más idónea…

— No lo es. Después de mis triunfos en esta plaza, creo que tenía derecho a algo más, pero la memoria taurina es efímera. La de algunos, al menos. Me hubiera gustado, sí, estar también en la corrida de Victorino Martín.

— ¿Y Madrid?

— No es un demérito torear el Domingo de Ramos en Las Ventas. Ni mucho menos. Es un reto lidiar la corrida de Victorino. Además, estaré en San Isidro, y espero que bien colocado. Si no es así, trataré de ganármelo con la espada y la muleta.

— Con la muleta, sí, pero con la espada… No son pocos los triunfos perdidos a causa de fallos en la suerte suprema. Soy zurdo de pies y manos. A veces, he matado con la mano izquierda, pero la idea no ha cuajado. Creo que esta circunstancia ha influido en mi trayectoria porque la sincronización con la derecha no es la misma. Quizá, por eso toreo mejor con la izquierda. Ciertamente, me siento más protegido.

Pero la trayectoria de El Cid no solo está salpicada de gloriosas tardes de desencanto a causa de los aceros; a partir de 2008, inició una particular travesía del desierto que, a su juicio, le ha pasado una factura demasiado alta.

“Más que de travesía del desierto, yo hablaría de una época de dientes de sierra. No fui capaz de mantener la regularidad. Me afectó mucho la enfermedad y el posterior fallecimiento de mi padre, un pilar importantísimo en mi vida. Era mi amigo y consejero y convivíamos las veinticuatro horas del día. Después, hubo momentos en que los toros no ayudaron a principios de temporada y en tardes trascendentes. Han sido años duros. En fin…”.

El 5 de junio de 2015 se encerró con seis victorinos en Las Ventas y la apuesta resultó fallida porque los toros no embistieron; al año siguiente, indultó un toro de Adolfo Martín en Santander, y mostró una nueva imagen en la Feria de Otoño, pero…

Es difícil mantenerse arriba…

— Muy difícil. Las exigencias son fuertes y si pretendes hacer el toreo puro, más todavía. Conmigo se ha sido muy exigente. Nadie imaginaba que al toro de Victorino se le podía torear así, porque no se había visto antes. Pero eso no se puede hacer todos los días.

“Desanima pasar de torear 80 corridas a 25, pero también esa circunstancia me sirve de acicate para alcanzar la cima de nuevo. Ya he dicho que estoy en un momento dulce y sin la obligación de demostrar nada”.

Porque Manuel Jesús El Cid está plenamente convencido de que le queda mucho que decir en el toreo.

“Claro que sí; puedo aportar calidad. Y voy a intentarlo desde el compromiso de atraer a muchos aficionados que han dejado de creer en mí. Quiero que vuelvan a ver a El Cid puro de la mano izquierda, henchido de la ilusión de quien empieza, pero con el conocimiento que da la experiencia”.

— ¿Y?

— Y solo falta que el toro ayude.

Publicado en El País

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