José Luis Moreno, el torero-concejal: “La FIT no estuvo a la altura del centenario de Manolete”

Matador de toros retirado, forma parte del equipo del PP en el Ayuntamiento de Córdoba. “Nosotros hicimos un buen trabajo: hubo consenso excepto al final” / “Mi paso por la política es temporal” / “Los políticos pueden aprender de los toreros el respeto por una profesión vocacional”.

Por Juan Diego Madueño.

“Estaba en un momento bueno. Esa tarde todo lo que intuía me salía. Todo lo que proponía. Había mucha responsabilidad. Cada vez que José Tomás se anuncia en un cartel tiene transcendencia a nivel mundial. Podía suponer un empujón a mi carrera y mi temporada. Así fue. Mi nombre volvió a aparecer en las ferias, de las que me había alejado. Ahora, con el tiempo, valoras más esas cosas, ya no por vanidad, si no por la satisfacción de haber formado parte de una página de la historia y los recuerdos de la gente. Las grandes faenas tiran de sentimiento y emoción. Una emoción artística o por la emoción de la entrega. Es lo que siempre ha sido este espectáculo, doma mezclada con ballet. Ahora la batalla está decantada hacia el hombre, es desigual. El animal es cada vez más previsible y los toreros están volviendo a lo de siempre. Escuchas decir a Juli o Talavante eso de apartar la técnica. Yo nunca he sido un virtuoso. Considero que he toreado con pureza porque no he sabido hacerlo de otra forma. Para ser un torero importante además de ser bueno tienes que ser oportuno. No fallar. En esos casos da igual quien te apodere o la suerte. De eso son capaces todos los que tenemos en la cabeza. El resto, no”.

José Luis Moreno reconoce que mucha gente le sigue recordando nueve años después aquel final de faena en la tarde de José Tomás. Pegado al tendido de la propiedad, en uno de los tercios de la plaza de toros de Córdoba. Algunos hablan de naturales, estoy seguro de que fueron derechazos. La tarde tenía el color punteado de tonos naranjas en uno de los últimos atardeceres de mayo, el calor confortable de la ciudad antes de anochecer, el runrun festivo colgado del ambiente. Los primeros bronceados, planes, la liviana esperanza de aprobar algún examen. Fueron dos tandas sobre el rugido de la multitud. Un ole común, del que perdura el eco, grabada la sombra en los ladrillos. Esa década se nos viene encima imparable. Ahora es concejal. Ha cambiado la vida legendaria por la tranquilidad. Él sigue igual. La naturalidad de la conciencia tranquila. Algún chispazo de remordimiento que no prende. Es difícil poner perspectiva a la retirada, a ese tipo de instantes adictivos. Tiene la culpa de los detalles, del abrigo de ese recuerdo. Eso es fácilmente identificable con la eternidad.

Publicado en El Español

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