ENTREVISTA – Rafaelillo y Bala: duelo insólito entre un torero y un ciclista

Rafael Rubio Luján, ‘Rafaelillo’ y Alejandro Valverde, ‘Bala’. TIMM KÖLLN.

Por Carlos Arribas.

En esta charla improbable, un torero y un ciclista comparten confesiones sobre su oficio y, sobre todo, acerca de la valentía y del miedo, de los miedos. Rafael Rubio Luján, ‘Rafaelillo’, es uno de los matadores que más y con más arrojo se enfrentan en el ruedo a los legendarios ‘miuras’. Alejandro Valverde, ‘Bala’, sigue quemando etapas y subiendo cumbres a lomos de su bicicleta y de sus 200 pulsaciones por minuto. Dos cuerpos y dos mentes obsesionados por una meta: el triunfo.

DURANTE LOS años del hambre solo había dos oficios que sacaban adelante al obrero sin más talentos que su capacidad infinita de sufrimiento y el desprecio a la muerte. “Más cornás da el hambre”, proclamó El Espartero, un torero del siglo XIX, pobre pobre, que murió de una cornada de Perdigón, un miura, en el ruedo de Madrid. “Más se sufre en el andamio”, decían los ciclistas de hace 50 o 60 años. Algunas de las figuras más populares en la España de posguerra eran toreros millonarios, como Manolete o El Cordobés, o ciclistas que triunfaban, como Bernardo Ruiz o Bahamontes. Pero bien entrado el siglo XXI, los chavales ya no se hacen ni toreros ni ciclistas para huir del hambre. Pedalean y torean por pasión y por deseo y se dicen artistas. Se preparan físicamente siguiendo los planes de especialistas, cuidan la nutrición y todos los detalles. Están más cerca unos de otros de lo que en un principio pudiera pensarse. “Nos une nuestro poder para emocionar a la gente con lo que hacemos, y eso se llama arte”, coinciden Alejandro Valverde, Bala, y Rafael Rubio Luján, Rafaelillo: uno de los mejores ciclistas del momento y un matador que no teme a los miuras. Los dos nacieron apenas a unos kilómetros de distancia, en Murcia. Los dos se sientan frente a frente para hablar de su soledad ante los grandes desafíos, de su preparación, de su arte, del miedo.

Rafaelillo: “No es más valiente el que no pasa miedo, sino el que es consciente del peligro”

RAFAELILLO. Yo supe que sería torero a los ocho años, cuando me puse por primera vez solo delante de un becerro. Lo que entonces sentí que me pasaba por dentro fue algo que querría poder sentir siempre. Es una adicción.

VALVERDE. Cuando eres joven te sientes imbatible. Yo ya era campeón de niño, pero cuando eres pequeño y ganas aún te tomas el ciclismo como un hobby. No lo ves como un trabajo. Luego, cuando llegas a profesionales y estás corriendo con Bettini o con Armstrong, con monstruos que están ganando de todo, te sientes inferior. Y alguna vez les ganaba, pero era difícil. Y si te sientes inferior es difícil ganarles. Yo ya tenía trato de figura y quería ser figura, y ahí seguimos…

RAFAELILLO. En el toreo compites más contigo ­mismo. Te haces figura tú solo con tu espada, con tu muleta y con tus triunfos. Lo que pasa es que vosotros competís entre vosotros, entre equipos… Lo nuestro es distinto. Cuando tienes un festejo con dos compañeros, intentas triunfar y no dejarte ganar la pelea, pero al final lo más importante es competir contigo mismo, ganarte y mejorarte. Tienes que crecer en tu tauromaquia, crecer como persona, y cuando coges esa mentalidad es cuando tu carrera va a más. Esa es la mejor filosofía. Cuando te obsesionas con otro y no contigo mismo, te estás quitando tiempo de tu vida y de tu profesión. Lo mejor es siempre concentrarte en ti mismo para mejorar.

VALVERDE. Con Alberto sí que me he obsesionado un poco. Con Contador. Hemos tenido los dos mucha rivalidad deportiva, pero en lo personal, ningún problema. Y mira, lo que yo quería en el Tour, él sí lo pudo hacer. Creo que nunca lo ganaré.

RAFAELILLO. Por lo que entiendo, si eres ciclista y ganas una vez el Tour, ya tienes toda la vida resuelta, pero en los toros puedes abrir una vez la puerta grande de Las Ventas, que es el triunfo máximo, y a los dos días tener que seguir peleando, y si a la siguiente corrida en Madrid no estás bien y te pitan, no vale de nada lo del día anterior. Aquí es día a día. A vosotros os dura más la renta de un título. Lo nuestro es tarde tras tarde.

VALVERDE. Eso es España, ¿no? Eso pasa solo en España. Aquí se olvidan enseguida de los éxitos de sus figuras.

RAFAELILLO. No sé en tu mundo cómo es, pero en el nuestro es muy ingrato, muy ingrato.

VALVERDE. En el ciclismo es igual, pero a lo mejor no tan pronto. La rentabilidad de un título puede que dure más, pero también se acaba. Claro, nuestras victorias se ven. Es el cronómetro o el esprín, pero el valor de vuestras faenas depende de lo que piense el presidente o la prensa…

RAFAELILLO. El público, el público. El público es tu juez. Los medios también influyen, claro, para ganar popularidad. Antes los toreros pagaban a los periodistas para que les trataran bien. Aún te llegan recados de revistas para que pagues una publicidad, o una manera de colaborar con los medios… Yo nunca me he acercado a ese mundo. Y he sufrido corridas en las que he cortado orejas, he hecho buenas faenas, y hay cabrones que no me han puesto bien. ¿Por qué? Pues a lo mejor tienen otro tipo de interés, porque son amigos del otro torero o porque no le has dado lo que querían… Con el paso del tiempo he visto que esto es un sistema, un sistema en el que todo el mundo quiere comer y vivir, y todo el mundo come y vive de la profesión. Pero cuando eres joven dudas, porque invertir en ello es una forma de abrirte camino. Cuando ya llevas 21 años de alternativa y estás ya en la recta final de tu carrera, la manera de pensar es otra. Lo principal es el respeto profesional. ¿Y tú? Parece que siempre has confiado en ti, ¿no? ¿No te has sentido inseguro nunca?

VALVERDE. Pues muchísimo, siempre… Yo la inseguridad siempre la he sufrido mucho.

RAFAELILLO. Pero tiene que ser hasta bueno vivir esa inseguridad, porque te hace crecerte en momentos determinados. Ahí es donde se marca la diferencia. Todo el mundo pasamos miedo en la vida, todos somos personas. El que es capaz de superar esa incertidumbre, dominar ese miedo, superar ese dolor, ahí es donde está la capacidad de esa persona. Ese es el mérito…

Las piernas de Valverde con las cicatrices de la caída que sufrió en el Tour de 2017. TIMM KÖLLN.

VALVERDE. Y cuanto más esperan de mí, más miedo tengo. Es lo que decía de ahora y antes. Ahora ya lo tengo casi todo hecho en el ciclismo y estoy casi terminando. Y entonces corro sin miedo, sin presión, sin tener miedo a fallar, disfrutando… Como estoy bien de forma físicamente y no tengo miedo a fallar, hago movimientos arriesgados que antes no me atrevía y me la juego muchas veces y me sale bien. Y antes siempre pensaba: “A ver si me voy a quedar, a ver si tal…”. Y aquello me atenazaba.

RAFAELILLO. Se trata siempre de afrontar el desafío, ese momento de soledad y grandeza…

VALVERDE. Sí, sí… Pero yo en ese momento no lo pienso. Yo pienso en lo que quiero hacer…

RAFAELILLO. Te dejas llevar por tu pasión, por lo que te dice tu corazón.

VALVERDE. Exactamente…

RAFAELILLO. Te aíslas de todo. Si no te aíslas, no eres capaz de hacer estas cosas. Si piensas, te bloqueas. Esa es otra de las capacidades. Yo, por ejemplo, cuando estoy en un patio de caballos en Madrid antes de una corrida, si empiezo a pensar que me están viendo miles y miles de personas y que puedo fallar… Si empiezo a pensar en eso, se me paran las piernas y la mente me dice…

VALVERDE. No, no. Tú vas a lo tuyo. No piensas…

RAFAELILLO. Te dejas llevar por tu cuerpo, por tu mente, por tus condiciones innatas. Si te pones a pensar en el patio de caballos en que hay 24.000 personas en la plaza, y que tienes un toro que no sabes cómo va a salir, que lo tienes que intentar dominar, que te puede quitar la vida, y que entre esas 24.000 personas hay muchas que no te pueden ni ver… Como en todo, tienes gente a favor y gente en contra a la que no le interesa que triunfes porque eso perjudica a otros toreros que le gustan más… Y tienes que poner de acuerdo a 24.000 personas con un animal que no sabes lo que te va a hacer de un muletazo para otro… Milésimas, milésimas… Y dominar esa presión y todo el mundo enjuiciándote… te pones a pensar así y dices…

VALVERDE. Sí, sí, sí… Es que entonces te vienes abajo… Es el momento del campeón, el ataque en montaña, pero en ese instante no piensas qué significa lo que estás haciendo. Yo pienso en lo que quiero hacer. No me veo a mí mismo haciéndolo. Tú estás a lo tuyo. Si piensas en lo que te rodea, te vienes abajo.

RAFAELILLO. Eres consciente de ello, de todo eso, pero intentas aislarte. Y eso es también lo que te engancha, es lo adictivo, lo que cuando tienes ocho años te domina… Es el morbo. No es más valiente el que menos miedo pasa… El más valiente es el que es más consciente del peligro. Si no, seríamos todos como niños pequeños. Pero cuando creces y afrontas el miedo…, ese es el hombre valiente. Aunque pases más miedo que los ­inconscientes…

VALVERDE. Yo, el mayor momento de riesgo, quizá bajando un puerto, nunca pienso en nada. No piensas, eres una máquina.

RAFAELILLO. Yo ahí tuve un cambio cuando fui padre por primera vez. Me afectó. Me pudo, por mi hija, el instinto de protección. Y luego, fíjate, han sido ellas, mis hijas, las que me dan la fuerza para superarme en todo, como persona y como torero.

VALVERDE. A mí me pasó lo segundo. Por ellos, pum, pum, me motivé. Ahora, cuando vuelva a competir después de la caída que tuve en Düsseldorf, un poco de miedo voy a pasar. Pero bueno, tiene que ser así.

RAFAELILLO. Cuando vuelves al ruedo después de una cogida pasa igual. Siempre te acuerdas. La mente es débil, se va antes a lo fácil que a lo complicado. Para borrar el recuerdo, intento ponerme el mismo traje, las mismas circunstancias y superar ese fantasma…

VALVERDE. Ese miedo…

RAFAELILLO. ¿Cómo se superan los miedos? Afrontándolos lo antes posible. A veces lo consigo antes, otras tardo más. Y siempre llevo en el cuello la cruz de Caravaca. Me la dejó mi hermano, que falleció de cáncer, y me da fuerza.

VALVERDE. Yo también llevaba una cruz de Caravaca, pero ya no. Yo solo tengo manías en el tema de la bici. Digamos que son mis rituales, como abrir y cerrar los cierres de las ruedas antes de las etapas, ponerme la zapatilla izquierda antes que la derecha…

RAFAELILLO. Yo trato de no dejarme llevar, pero tengo dos o tres rituales. Me gusta poner y quitar mi capilla, a la hora de vestirme me gusta empezar todo por el pie derecho, cuando voy a la plaza me pongo siempre en el lado derecho antes de salir al patio de caballos, y siempre doy un puñetazo a la puerta de madera… Oye, y tú, ¿qué edad tienes, Alejandro?

VALVERDE. Yo, 37. Más o menos como tú, ¿no?

RAFAELILLO. Sí, te saco unos meses solo. Soy carmelitano, nací en Murcia-Murcia, en el barrio del Carmen, murciano por los cuatro costados. Murcianico, como se dice…

VALVERDE. Mis padres siguen viviendo en Las Lumbreras, donde nací; vivo a seis o siete kilómetros de ellos, en una urbanización…

RAFAELILLO. Pero estarás poco en casa, ¿no? No digo por las carreras solo. ¿Los ciclistas os vais a Colombia a entrenar en altura o a sitios de esos?

VALVERDE. Yo voy a Sierra Nevada, al CAR (centro de alto rendimiento), a 2.300 metros. Necesito estar mínimo un par de semanas allí para notar y asimilar la altura. Los glóbulos rojos, los hematíes, la hemoglobina, todo eso, pero más que subirlos muchas veces la altura te los fortalece. Luego, cuando haces ejercicio, no se rompen tan pronto. Ganan consistencia.

RAFAELILLO. Yo, en Perú o en Ecuador, he toreado a más de 3.000 metros. Llego dos días antes y ni me aclimato ni nada. Noto los cambios de ritmo. Cuando hago algo explosivo aquí abajo, como estoy bien preparado, ni me suben las pulsaciones; allí, un movimiento rápido me deja sin aliento… Y los toros están criados en altura y no paran de moverse.

VALVERDE. Estarás mareado todo el día a esa altura… Menuda… Yo noté la altura para mal en el Giro del año pasado: en una etapa por los Dolomitas teníamos cuatro puertos por encima de 2.000 metros todo el rato… Y tirarte casi cuatro horas por encima de 2.000 metros y caña y caña… Al final me atacaron y los miraba y no podía nada, arrancad lo que queráis, si yo voy a seguir a mi ritmo… Ni respondía, ni podía.

RAFAELILLO. Y mis movimientos son lentos, es como si estuviera en una nube, pero con dolor de cabeza… Tiene su peligro, pierdes reflejos y movilidad. Para evitarlo, lo que voy a hacer para preparar mis próximas corridas allí con mi entrenador personal es ponerme un chaleco de cinco kilos de peso, y también me voy a comprar una máscara…

VALVERDE. Ah, eso lo tengo yo. Las venden por Internet. A mí me la puso el entrenador del equipo. Te quita oxígeno y te cuesta más trabajo respirar. Tienes una válvula para regularlo. La uso una vez a la semana o así en la bici, y todos los días 15-20 minutos, cuando estoy moviéndome por casa. Fortalece todo.

RAFAELILLO. Oye, una pregunta, ¿qué media de pulsaciones tienes?

VALVERDE. En reposo tengo 32, 33…

RAFAELILLO. ¿32, 33? Si parece que estás muerto…

VALVERDE. Todas las mañanas nos tomamos las pulsaciones en carrera. Esas me salen un rato después de levantarme e ir a orinar y beberme un vaso de agua. Si me las tomo nada más despertarme, las tengo más altas. Recién despierto, como que te sobresaltas un poco, pero cuando pasan 8, 10 minutos…

RAFAELILLO. Yo tengo poco más de 50 en reposo. ¿Adónde voy a compararme contigo? Eso es inhumano.

VALVERDE. La media en una carrera dura son 145-150… Máxima, en torno a 200, 198… Y cuando era más joven llegaba a 203.

RAFAELILLO. ¿Cómo, cómo dices? 200 pulsaciones… pero si eso es el 100%, si eso no puede ser…

VALVERDE. Es el tope, claro… En una etapa dura, lo cojo tres o cuatro veces, pero poco tiempo, claro…, pero ha habido puertos que me he tirado por encima de 185-190 casi 25 minutos…

RAFAELILLO. Qué disparate, qué fondo, qué bestialidad… Yo cuando hago series y estoy en esas pulsaciones unos minutos acabo mareado, con ganas de vomitar… Cuando más me suben, que me lo midieron una vez que toreé una corrida con un pulsómetro, es a la hora de entrar a matar, que me llegan a 180… Pero solo unos segundos, 5 o 10… Y es por la adrenalina, porque estoy parado.

VALVERDE. Eso es como en las cronos. Estás parado en la rampa de salida y tienes como 35-40 pulsaciones más de lo normal. La adrenalina, la tensión… Pero ¿en la montaña? Por encima todo el rato. Y luego baja, y otra vez vuelve a subir en el siguiente puerto… Y con esas pulsaciones asimilas muy bien el ácido láctico. A nivel pulmonar a lo mejor puedes soportarlo, pero las piernas, como empiece a acumular ácido láctico, luego no lo sueltas…

RAFAELILLO. No sé en ciclismo, pero los corredores de maratón alcanzan su máxima capacidad pasados los 30 años…

VALVERDE. Y en el ciclismo también. A los 34-35 ya eres…

RAFAELILLO. Eso pensaba yo, tu cuerpo tiene que estar mucho más hecho al sufrimiento que uno de veintitantos años…
Valverde. Yo, en mi caso, ahora mismo, sí. En las vueltas grandes, cuando era más joven, terminaba muerto; terminaba que me tiraba una semana que no me movía.

RAFAELILLO. En el toreo no hay edad, mientras torees bien y el público quiera verte… Hay gente con 20 años que no torea y hay tíos con 45 años que siguen toreando porque la gente quiere verlos…

VALVERDE. Porque pueden, porque son buenos…

RAFAELILLO. Y porque cogen solera, salen a disfrutar, como tú dices, les sale todo… Y al final es como los buenos vinos, van cogiendo aroma.

VALVERDE. Antes realmente bajaba el rendimiento mucho con la edad, pero hoy día no baja tanto. El ciclismo de ahora no es el de antes, es totalmente diferente, no tiene nada que ver, el cuerpo aguanta mucho más. No se va a la velocidad de antes. Se corre diferente. Todo es mucho más medido. Los entrenamientos, todo. Todos estamos muy igualados. ¿Haces pesas?

RAFAELILLO. Sí, claro, es que para coger y manejar la muleta con la muñeca…

VALVERDE. Sí, sí, ya la he cogido y he visto que pesa un rato.

RAFAELILLO. Pesa mucho, mucho. Un traje de luces en tu cuerpo pesa entre cuatro y seis kilos… Luego, la muleta, otros tantos, la espada, el movimiento, el estrés… El capote pesa de cuatro a seis también, y lo tienes que sostener a pulso. O sea, que tienes que tener muy fuertes los hombros, los rotadores, los antebrazos, la muñeca… Tienes que tener fuerza-resistencia. Yo podría hacer como tú, perder masa muscular para ganar en ligereza y en velocidad, pero entonces la muleta se me cae, la tengo tres minutos y me pesa. Es un cuerpo distinto al tuyo. Tengo que tener fondo y fuerza, porque si no, no puedes con los trastos. Trabajo todo el cuerpo, piernas, corazón, lumbares…

VALVERDE. Tienes que ser uniforme, sí…

RAFAELILLO. Uniforme, pero sin pasarte de volumen, por cuestión estética. Yo soy bajo y con mucho múscu­lo y tengo que cuidar eso. La estética Manolete, alto y muy delgado, como un soplo, pero él nació con ese cuerpo… Como tú con el tuyo. Oye, y otra curiosidad, ¿a ti te pagan en bruto o en neto?

VALVERDE. En otros países puedes negociar un contrato neto, pero aquí todo es legal y se hace en bruto, en bruto, y casi la mitad lo pago en impuestos… He estado mirando ir a Andorra para pagar menos impuestos, pero es que al final es todo muy complicado. Prefiero estar dos años más corriendo, pero no irme de aquí, seguir en Murcia. Lo pago todo. Es una barbaridad, el cuarenta y tantos por ciento, pero lo acepto.

RAFAELILLO. Olé tú… Que todo se quede para tu país, así me gusta. Y la conciencia tranquila.

VALVERDE. Yo lo veo así, la mitad de mi carrera para mí y la mitad para Hacienda.

RAFAELILLO. Y yo digo un toro para mí y otro para ellos. Y del toro para mí, yo me tengo que pagar capote, muleta, traje…, aparte de que tú tienes contrato de trabajador y si tienes una lesión o algo te siguen pagando. Y yo, corrida que no toreas, corrida que no cobras. Por eso a veces hacemos cosas sobrehumanas. Tienes una cogida y toreas poco después aún con los puntos de la herida, con la cornada medio abierta y cojo pero infiltrado para aguantar el dolor. Y toreas, porque si no, no cobras…

VALVERDE. Y nosotros tenemos contrato, y luego primas por ganar y los premios de la carrera…

RAFAELILLO. Antes, en mi mundo, se decía que para ser rico había que ser torero, en los años cincuenta y sesenta. Ahora, los futbolistas, los ciclistas, todos podridos. Ganan tres veces más que cualquier torero de primerísima línea. Es la realidad.

VALVERDE. A nosotros nos ha venido bien la llegada del ciclismo a Inglaterra, han hecho que se revalorizara…

RAFAELILLO. Habéis sabido modernizaros, pero mi mundo no. Mi mundo es un mundo muy clasista, muy cerrado, muy antiguo. No lo han hecho crecer, no lo han vendido, y entonces ha pasado lo que ha pasado. No hay renovación ninguna. Todo va para el bolsillo de los empresarios, que no tienen más interés que seguir ganando su dinero. Pero le interesamos al Estado por la cantidad de impuestos que pagamos y no creo que permita que nos extingamos… Claro, hay un cambio sociológico porque los medios lo hacen ver de una forma… Cuando eras pequeño podías verlo y sencillamente tenías la opción de que te gustara o no te gustara. Ahora, apenas hay en televisión… Y acabas viéndolo como algo extraño, pero el toreo es como la vida. En la vida se vive y se muere. Aquí estamos de paso… El toreo es un reflejo de lo que es la vida, la vida y la muerte… Lo más feo que me pueden decir es cuando me llaman asesino, porque asesino es el que mata a traición. Y yo no lo soy, porque expongo mi vida ante un animal. Y luego veo a esos animalistas, que están enfermos, que prefieren la vida de un animal a la de un ser humano.

VALVERDE. Eso es verdad…

RAFAELILLO. Y hablo de un animal salvaje, no de un perrito. Hablo de un animal de 500 o 600 kilos, y yo para él soy como una servilleta de papel, que le haces así y la atraviesas con nada. Y yo, con mi valor, mi capacidad, mi fuerza mental, mi arte, soy capaz de dominar a esa bestia que no sé lo que me va a hacer en cualquier momento. Y encima, si soy capaz de emocionar al público porque lo ve bonito, pues eso es un arte. ¿Qué es el arte? Emocionar, crear…, y el que no lo vea así, que lo respete. Yo me juego mi vida, y no ante un perro o un gato, sino delante de un animal hecho para eso. Esa es la realidad y las redes sociales la deforman…

VALVERDE. Las redes sociales hacen mucho daño…

RAFAELILLO. Solo buscan el morbo.

Publicado en El País

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