«Cuando fui novillero el torero se comió a la persona»: Lama de Góngora

Paco Lama posa en los salones del hotel Vincci antes de volver a hacer el paseo en Sevilla. / Foto: Jesús Barrera .

Entrevista al matador de toros Lama de Góngora. Voló a México buscándose a sí mismo. Había sido coronado como paladín del toreo según Sevilla, pero el hombre aún no había encontrado su propia forja. El diestro del Arenal vuelve a estar anunciado en Sevilla después de dos años de ausencia

Por ÁLVARO R. DEL MORAL.

Lama de Góngora, de alguna manera, ya está en capilla. Su nombre figura, con dos toreros jóvenes y sevillanos, en el cartel que iniciará el ciclo continuado de festejos de la Feria de Abril. Es su vuelta a Sevilla…

A Paco Lama no se le puede entender hoy sin ese viaje iniciático a México…

–Así es. A nivel personal sobre todo. México me ha dado mucho. Me fui siendo un niño rodeado de fantasmas y de un ambiente que no me favorecía demasiado. Siempre me había preocupado de entrenar y vivir en el campo pero se trataba de madurar y asimilar las cosas que me iban llegando.

–¿Qué ha cambiado después de ese viaje de ida y vuelta?

–Mi forma de ser. Ahora me conozco mejor a mí mismo y sé cuales son mis bases. Ha sido como una terapia. Me marché solo; con una mano delante y otra detrás a vivir a un modesto apartamento que me ofreció un señor.

Esa marcha se produce en un momento complicado en lo profesional. Después de su alternativa sevillana, sólo toreó una corrida más. ¿Qué estaba pasando?

–Además tenía deudas y me habían dejado mis apoderados. Quizá me dejaron en el momento en el que más los necesitaba. Es natural que un torero sufra un parón y ellos los saben pero dejé de sentir el arropo que sí había tenido como novillero. Me había quedado solo en otras vertientes personales y decidí irme. Hay quién podía pensar que yo era un niño bonito pero no lo he sido. Vengo de una familia normal y trabajadora y todo lo que he conseguido en el toro lo he conseguido yo.

-Entonces… ¿Qué buscaba?

–Necesitaba mirarme al espejo y preguntarme si realmente quería ser torero. Ser figura es muy difícil. Yo había leído una frase de Ignacio Sánchez Mejías antes de irme a México: «Ser torero es tener una historia y poder contarla». Esa fue la pregunta que me hice: ¿Qué historia podía contar? No tenía aún ninguna.

¿Le pudo perjudicar el exceso de expectación prematura? ¿Pensó que el camino ya estaba hecho?

–No, no me vino mal esa Puerta del Príncipe ni mis triunfos de novillero pero sí me perjudicó la forma y el lugar en los que triunfé. Soy de Sevilla y mi sueño es torear según Sevilla. Quizá no fui capaz de asimilar la presión y administrar mis emociones. Hice una primera temporada con caballos en figura sin haber estado rodado. Eso sí me vino mal.

El final de esa trayectoria de novillero fue una encerrona en solitario en Sevilla.

–Creo que me gané el crédito para tomar la alternativa. En el quinto y el sexto levanté la tarde con dos novillos de Algarra y no era fácil. ¿Qué pasó después? Pasaron seis meses desde octubre hasta abril sin vestirme de luces. Y de la alternativa a septiembre pasaron otros seis meses. Me llevé prácticamente sin torear un año entero…

Pero vuelve a estar anunciado en Sevilla…

–Era mi sueño. Ahora sé quién soy. Cuando era novillero el torero se comió a la persona. Soy muy sensible y necesito estar bien emocionalmente para que el torero y la persona vayan a la par. En aquella época estaba baja la persona. México ha calibrado ambas caras.

–¿Cómo fue la vida allá?

–Los comienzos fueron duros. Tenía que viajar solo y en autobús con mi traje de luces y mis trastos por un circuito y unas ganaderías difíciles. Pero tuve la suerte de que embistieron muchos toros. Me sentí arropado por los toreros que se movían por aquella zona y, sobre todo, pude torear. Tampoco puedo olvidar a una persona, Lolo de Camas, que me acompañó desinteresadamente. Le debo mucho.

Era una historia de novela.

–Llegué a enamorarme de esa vida. Me leí el libro de Luis Spota –Más cornadas da el hambre– y quería parecerme a él. Fueron muchos viajes, muchas vacas, todo con un barniz romántico. Era una novela pero real. He conocido otra fiesta más humilde pero más pasional. Ha sido un viaje al pasado que se conecta mucho con mi forma de entender el toreo. Fueron tiempos duros pero me sentía muy feliz.

Vuelve a sonar el clarín…

–Sólo pienso en Sevilla. En realidad es mi reaparición. Le debo mucho a mi ciudad y ojalá volvamos a recuperar ese diálogo que teníamos. Ahora sí tengo una historia que contar.

Publicando en El Correo Web

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