Los toreros de Jesús Caído

Enrique Ponce realiza una fotografía a Jesús Caído un Jueves Santo | TONI BLANCO
Enrique Ponce realiza una fotografía a Jesús Caído un Jueves Santo | TONI BLANCO

Por José Prieto.

La hermandad de Nuestro Padre Jesús Caído es desde el siglo XIX la cofradía de los toreros de Córdoba, apelativo que mantiene en la actualidad ya que diversos diestros y subalternos tanto de la ciudad como de fuera de ella son hermanos de la corporación y acompañan el paso del Señor con la cruz al hombro la tarde del Jueves Santo. Tal ha sido la vinculación del Caído con el mundo taurino que hasta dos matadores, Califas del Toreo, han ostentado el cargo de hermano mayor.

El primero de ellos y el que comenzó a darle fama de taurina a la hermandad radicada en San Cayetano fue Rafael Molina Sánchez Lagartijo en 1880 que es cuando accede a ser el máximo representante de la cofradía. Lagartijo era un torero de gran fama y prestigio en su época por lo que da especial relevancia a la hermandad, a la que la cercanía con el mundo del toro le viene por su proximidad al barrio del Matadero Viejo. Así, ya antes de este torero, otro cordobés como José Dámaso Rodríguez Pepete fue hermano del Caído.

En la época de Lagartijo aumentarán significativamente los ingresos por donativos y el diestro será un hermano mayor que hará funciones como tal y no solo ocupará el cargo de manera simbólica. Su devoción por el Señor Caído le llevó a regalarle una túnica de terciopelo morado bordada en oro que conserva la cofradía aunque por su estado no se le pone ya al Cristo. La prenda fue realizada por los Talleres de los señores de Castells e Hijos en Barcelona. El Boletín de Loterías y de Toros de la época recoge que la túnica se expondría en los escaparates de la firma que la había realizado los días 26 y 27 de marzo de 1884 y que se enviaría a Córdoba al día siguiente. Esta donación de Lagartijo al Caído apareció en distintos periódicos españoles.

La vinculación con el mundo del toro continúa en la hermandad en los años posteriores. Ya en el siglo XX, “Rafael Flores, una persona vinculada a la tauromaquia, desarrollará una intensa labor que lleva a superar los trescientos hermanos y a realizar unas andas doradas”, recoge la página web de Jesús Caído. En diciembre de 1939 es otro matador de toros, del barrio de Santa Marina, quien llega al cargo de hermano mayor. Se trata de Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete. Los datos históricos que aporta la corporación cuentan que “la llegada del diestro cordobés a la hermandad viene propiciada por la relación entre Rafael Flores, miembro muy activo de la hermandad, y Camará, hermano de Flores y apoderado del propio Manolete que, según cuenta a EL CIRINEO el actual hermano mayor del Caído, Juan Rafael Cabezas, “cuando empezaba la temporada y terminaba hacía misas de agradecimiento”. Además, en su capilla no faltaban las estampas de Jesús Caído y la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad. Su familia también se relacionó con la cofradía y actualmente siguen en la hermandad dos sobrinas de Manolete que son hermanas muy activas, señala Cabezas.

Con el cuarto Califa del Toreo como hermano mayor se adquiere el actual paso de Jesús Caído, que es una importante obra del tallista cordobés Rafael Valverde Toscano. Con Manolete, además, se intensifican los lazos del mundo del toro, ya que son numerosas las personas de este entorno las que se acercan junto al diestro a la hermandad de San Cayetano, como Machaquito, también Califa del Toreo, o componentes de la cuadrilla del torero nacido en la calle Conde de Torres Cabrera. La hermandad aumenta, así, su popularidad y ve crecer su número de hermanos. También atraído por el mundo del toro sería hermano mayor de Jesús Caído el periodista Matias Prats.

Desde que la cofradía es la de los Toreros se han organizado para diferentes causas relacionadas con ella festivales taurinos. Uno, a finales de los años noventa, encabezado por Enrique Ponce, para restaurar el paso del Señor.

La hermandad de Jesús Caído conserva numerosas piezas que atestiguan su relación con los toreros. En su sede canónica guardan libros de actas con la firma de Lagartijo, la túnica que éste le regaló al Señor y un cuadro conmemorativo del centenario de su muerte, motivo por el que la corporación celebró en el año 2000 una exposición de enseres. También tiene un rincón dedicado a Manolete en el que junto a una fotografía de esta gran figura del toreo se guardan un traje de luces nazareno y oro, unas medias y una camisa de torear suyas. Además de estas prendas están la vara de hermano mayor de su época, un documento firmado por el diestro en el que autoriza la entrada como vocal en la junta de gobierno de un descendiente de los marqueses de Mota de Trejo y un recordatorio de su muerte. En el centenario de su nacimiento, en 2017, la hermandad de Jesús Caído participó en una exposición conmemorativa celebrada en el Palacio de Orive y le ofreció una misa en San Cayetano.

La hermandad guarda también un traje de torear donado por el diestro cordobés Fermín Vioque y el paso de palio de Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad lleva un varal que fue donado por doña Angustias, madre de Manolete, en 1950, varios años después de fallecer su hijo, como queda recogido en la base de dicha pieza.

En la actualidad, la vinculación con el mundo taurino continúa. Entre la nómina de hermanos de la cofradía se encuentran el diestro valenciano Enrique Ponce, que se vincula a la hermandad a finales de la década de 1990, o los toreros cordobeses Rafael González Chiquilín (quien aportó un importante donativo para restaurar a la Virgen de la Soledad el año pasado) o José Luis Torres, además de los subalternos José María y Antonio Tejero, ahora apoderado de David Mora y empresario que ha querido que su empresa taurina se llame Caído y Soledad en homenaje a los titulares de su hermandad. Ellos acompañan cada Jueves Santo al Señor Caído detrás de su paso junto a otros nombres como José María Montilla, decano de los matadores cordobeses, Rafael Gago o Juan Antonio Garbanzo. Todos va con traje oscuro y a cara descubierta, a excepción de la novillera cordobesa Rocío Romero, que viste el hábito nazareno.

Además, la banda de música de la Esperanza, que acompaña a la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad, interpreta cada Jueves Santo la marcha Paz Eterna cuando la Dolorosa pasa junto al monumento a Manolete en la plaza del Conde Priego. Se trata de una obra dedicada por María Teresa Texidor en 1947 a la memoria del diestro.

Publicado en Cordopolis

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