Opinión: Curro

Por Rafael Valencia.

Consideramos que se trata de una buena noticia para todos los que compartimos nuestro ámbito cultural, que me atrevo a ampliar más allá de territorio hispánico. El V Premio de Cultura que la Universidad de Sevilla ha concedido a don Francisco (Curro) Romero.

No se trata de la única institución o persona que trabaja por el mundo de los toros bravos. Tenemos otros ejemplos señalados en la ciudad: la misma Universidad mencionada, la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, la Fundación de Estudios Taurinos o personas como Ramón Valencia, el responsable de la Empresa Pagés. Pero en Curro Romero concurren circunstancias y méritos que van más allá del toreo y que lo trascienden de modo notable.

Sería imposible resumir la labor realizada por Curro Romero como matador de toros. He podido seguirlo durante más de medio siglo. Todavía quedan en mi memoria las faenas, todavía en blanco y negro, por la televisión de mi pueblo extremeño. O en otro, ya en directo, también de la misma zona, cuando participó en un festejo que conmemoraba los setenta y cinco años del colegio donde cursaba estudios de secundaria. O ya, en su espacio natural, en la Maestranza, cuando volví definitivamente a Sevilla, con la Giralda al fondo, en una Corrida de la Prensa, con mi desaparecido hermano Isidro. Luego, en bastantes ocasiones, en el mismo lugar, desde diferentes perspectivas. Cada una distinta, pero con la magia del arte del torero. Por eso agradecerle su presencia en el paisaje vital, cultural, del que me siento parte. De darnos un elemento más para una definición más completa como personas o como ciudadanos.

Pero añádasele, más allá de lo taurino, otro dato que creemos relevante: el de la autenticidad. Más allá del mero parámetro de visibilidad predominante en el mundo en que vivimos, el que hemos construido entre todos, gratifica tener como referente una persona que no recarga la suerte, que no exagera ni intenta disimular lo que no es. Recuerdo, hace algunos años, un homenaje que le dieron en San Juan del Puerto, su pueblo natal, a uno de los mejores comunicadores de Andalucía y que tuvimos la suerte de seguirlo al lado del maestro. El acto giró en gran medida en torno a Curro Romero sin que éste hiciera nada por ser el centro. Escenas similares las hemos visto en ocasiones posteriores, con motivo de diversos actos de todo tipo.

En definitiva, la figura de Curro muestra un valor firme de nuestra cultura, de nuestra herencia cultural o de nuestra forma actual de vida. Un compañero de los toros, ecologista convencido, de cabeza bien amueblada y criterio firme, me indicaba como no tenemos que contestar cuando ciertos movimientos consideran que el mundo de las reses bravas es un objeto del siglo XIX, como fecha moderna. Lo mismo el libro o la expresión oral, el saber comunicarse puede ser entendido hoy como un dato del pasado en la era digital. Y estamos seguros que algunas desviaciones de la inteligencia artificial son realmente artificiales, pero posiblemente no inteligentes. El libro, el saber hablar y expresarse mantiene su valor desde la Academia de Atenas hasta nuestros días. Por más que accedamos a ellos en formato digital o nos comuniquemos vía satélite en una aldea global y no en el ámbito del foro romano o italicense. Lo mismo puede ocurrir con el hecho de sentirse elemento de una cultura, de una colectividad, y no una especie de autistas sociales limitados al monosílabo en la comunicación con sus semejantes.

El premio otorgado a Curro Romero no necesita justificación. Otros como la Medalla de Andalucía o la de Oro a las Bellas Artes ya lo han reconocido como valor de nuestra cultura o en el terreno artístico del que el toreo forma parte. El que ahora se le otorga creemos que es un rasgo de esperanza en la definición de nuestro mundo y su futuro. Y por eso nos llega a todos. El toro bravo forma parte de nuestro entorno ecológico, preocupación de cualquier ciudadano, y actuamos como tales en la medida de nuestras posibilidades y de la época en que vivimos. El resto de los valores que aporta Curro con su personalidad enriquece lo que somos. Por eso, gracias, en el convencimiento de que ser currista y aficionado a los toros es un rasgo positivo y acorde con nuestra civilización. En árabe, que no tiene el término usted, usan como alternativa el de tu presencia. Maestro: ¡va por usted!. Por su presencia.

Publicado en El Día de Córdoba

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