Feria de Abril: Pepe Moral tuvo a punto la Puerta del Príncipe

Escribano, con mala suerte en la dura y desigual corrida de Miura.

Por Carlos Ilián.

Plaza de la Real Maestranza. Decimotercera y última corrida. Tres cuartos de entrada. Toros de MIURA (5), muy en el tipo de la ganadería, dos, 2º y 4º se emplearon, el resto muy difíciles. MANUEL ESCRIBANO (5), de nazareno y oro. Estocada desprendida y tres descabellos (saludos). Estocada y dos descabellos (saludos). Media estocada desprendida y cuatro descabellos (saludos). PEPE MORAL (7), de negro e hilo blanco. Estocada (una oreja). Estocada desprendida (una oreja). Pinchazo y estocada corta tendida (ovación con salida en hombros por la puerta principal, no la del Príncipe).

Mano a mano de Escribano y Moral, dos triunfadores en los últimos dos años con los miuras, y ayer se encontraron de nuevo con la histórica ganadería y esta vez los miuras lo fueron a la vieja usanza, o sea agalgados y zancudos, derrotando y poniéndose por delante.

Pero dentro de la corrida miureña hubo dos toros que se dejaron, al menos para correr la mano y permitir los muletazos con temple y ligazón. Ese premio gordo en el sorteo favoreció a Pepe Moral con los lidiados en segundo y cuarto lugar. El torero de Gerena olfateó el triunfo grande porque tuvo muy cerquita la Puerta del Príncipe, casi la acarició aunque le falto la segunda oreja del cuarto toro, que fue pedida con fuerza. En este toro Pepe Moral entendió a la perfección la lidia adecuada, sin molestar al toro, con buen trato, a media altura sin dejarse tropezar la muleta.

Estuvo rotundo sobre la mano derecha y templadísimo en los naturales. Faena precisa y medida que remató de un estoconazo. Muy parecida fue su labor en el segundo de la tarde, otro toro que no humilló y al que había necesidad de trastear con mano firme sin dejarle tocar la tela. Otra gran estocada y oreja. Fue la primera de las dos que cortó para salir en hombros por la puerta principal, que es la “suplente” en esta plaza de la del Príncipe que exige tres orejas, dos de ellas a un mismo toro.

Manuel Escribano se llevó tres miuras imposibles. Todos quedándose cortos, derrotando, metiéndose por dentro. Con el mismo coraje del que hizo gala a portagayola y en las banderillas al hilo de las tablas se empleó, igualmente, con la muleta. Muy digna actuacióna las puertas de sus dos tardes en San Isidro.

Publicado en Marca

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