Ataques contra una presidenta o la intrahistoria de una bajeza taurina

Ana María Romero, en el palco presidencial de la plaza de Málaga. JOSÉ PASTOR.
Ana María Romero, en el palco presidencial de la plaza de Málaga. JOSÉ PASTOR.

Por Antonio Lorca.

El escrito firmado por cuatro asociaciones profesionales taurinas (toreros, grandes empresarios, picadores y banderilleros y mozos de espadas) en el que solicitan la recusación de la presidenta de la plaza de toros de Málaga, Ana María Romero, por supuesta arbitrariedad en los reconocimientos y animadversión hacia las figuras, entre otras denuncias, es de esas circunstancias que sumen al aficionado en un profundo desaliento; una de esas noticias que lo dejan asombrado, patidifuso, parado…

¿A cuento de qué viene esto? ¿No hay problemas más graves en la actual fiesta de los toros que requieran la atención de los profesionales del toreo? ¿Cómo es que se han puesto de acuerdo sectores con intereses tan diferentes y, a veces, contrarios, para pedir que expulsen a una señora del palco?

Parece una broma, pero es cierto. Las redes sociales han repetido un aserto: “Es la última noticia del mafioso sistema taurino actual”. “Esto está como para quitarse”, se lamentaba un tuitero. “Acabáis con los toros”, apuntillaba otro. Es la mafia la que se pone en marcha para defender en exclusiva sus intereses. Y a la mafia le importa poco la fiesta, su presente y su futuro.

Además, los argumentos que exponen en el escrito son pueriles, superficiales, vanos…

Los toreros se quejan del carácter inflexible y altivo de la presidenta

¿Qué significa arbitrariedad en los reconocimientos y en la concesión de trofeos? ¿Quiere decir, acaso, que se aprueban o rechazan toros y se conceden orejas por puro capricho? ¿Animadversión hacia las figuras? Un poco extraño parece todo. Es mezquino, además, que se ponga en entredicho la ecuanimidad de la presidenta porque sea hermana de Juan Ramón y Enrique Romero, directores de exitosos programas taurinos en Canal Sur Radio y Televisión, respectivamente. No son sus hermanos referentes del periodismo crítico, precisamente, y más bien se caracterizan por su desmedido triunfalismo y su forofismo con las figuras.

Sea como fuere, algo huele mal en este asunto; da la impresión de que existe un trasfondo oscuro, una intrahistoria que no se quiere contar y que justificaría de algún modo este desatino taurino.

En primer lugar, (ya lo adelantó la presidenta el pasado jueves en este periódico), los toreros —las figuras, especialmente— se niegan a aceptar que Málaga es plaza de primera y, por tanto, se debe exigir un tipo de toro diferente.

Por otra parte, una mujer es un flanco supuestamente más débil que un señor —policía o no— con toda la barba, y los taurinos han preferido cargar contra la presa más fácil.

Con sus propias declaraciones y las opiniones indulgentes de algunos malagueños que bien la conocen, se podría hacer el siguiente retrato que quizá pudiera acercarse a la realidad.

Ana María Romero es una buena aficionada y una presidenta honesta cuyas dos únicas preocupaciones son el cumplimiento del Reglamento Taurino y la defensa del prestigio de su plaza.

Pero carece de mano izquierda en las relaciones con los taurinos, que la califican de inflexible, altiva y presa de un carácter dominante que dificulta la negociación con los toreros. Las cuadrillas se quejan, asimismo, de la dureza, la exigencia y los habituales comentarios poco edificantes de dos miembros de su equipo veterinario.

¿Presidirá Ana María Romero las corridas de las figuras?

Además, Ana María Romero ha cometido durante estos años un error que ahora le pasa factura: durante la feria de Málaga, siendo presidenta en activo, ha dirigido una tertulia taurina en Onda Cero, y ha ejercido como colaboradora en el programa Carrusel Taurino, de Canal Sur Radio, que dirige su hermano Juan Ramón.

La acusan, asimismo, de que es excesivamente exigente con las llamadas figuras, lo cual no es un defecto, sino una cualidad que la honra. Mucho más exigentes, sin duda, son las figuras con toros, compañeros, honorarios, horarios y calendarios…

Al parecer, fue Cayetano el primero que inició el año pasado una recogida de firmas entre sus compañeros, molesto con la actitud de la presidenta. Y el testigo lo ha recogido El Juli, que aparece en todas las quinielas como el verdadero muñidor del escrito de recusación.

Y algo más: este es el primer año que la Feria de Málaga comienza con una corrida de toros y no con una novillada, como es habitual. Se comenta que este no es un hecho casual. Así lo ha decidido la empresa para evitar que la señora Romero presida las corridas de las figuras.

Y el jeroglífico se explicaría de la siguiente forma: el último festejo del año pasado lo presidió Ana María Romero, por lo que el primero de este le correspondería a Ildefonso del Olmo, el otro presidente malagueño, que se turna con su compañera durante toda la feria.

Si así fuera, Del Olmo presidiría las corridas en las que participan las figuras (las dos de Ponce, El Juli, Ferrera, Castella, Perera, Manzanares y Roca Rey), y Romero el resto de los festejos.

Si se confirmara este detalle habría que concluir que toreros y empresarios han ganado el pulso que han echado a la Junta de Andalucía, y la perdedora sería la fiesta de los toros.

Por ello, urge que la Delegación del Gobierno andaluz en Málaga ratifique en su puesto a la presidenta, la defienda de las acusaciones y evite que otra vez ganen los antitaurinos, que trabajan cada día desde dentro para acabar con la tauromaquia.

En caso contrario, la Junta debe proceder al cese inmediato de la presidenta y proclamar como vencedores a los verdaderos enemigos de la fiesta.

(Hasta ahora, solo la Asociación Nacional de Presidentes de Plazas de Toros (ANPTE) ha mostrado su apoyo a Romero. Desaprueba el escrito de los taurinos y afirma que “mal futuro tiene la fiesta si la aplicación del Reglamento se entiende como animadversión a un torero o a un ganadero”).

P.D.

Juan Diego, presidente de la Unión de Toreros, aún mantiene un absoluto silencio; respetable su actitud, pero incomprensible. Un hombre debe vestirse por los pies.

Publicado en El País

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