Feria de Otoño: Emilio de Justo da un golpe en Madrid y abre la puerta grande

Cogidas de Román y Ginés Marín, que fue intervenido de una herida en la mandíbula derecha.

Plaza de Toros Las Ventas de Madrid. Tercera corrida. Asistencia: 16.827 espectadores, tres cuartos de entrada. Toros del PUERTO DE SAN LORENZO / LA VENTANA DEL PUERTO (6), los de La Ventana, de procedencia Matías Bernardos y Torrealta, de muy buen juego, los del Puerto mansearon en general. EMILIO DE JUSTO (7),de verde botella y oro. Estocada (una oreja). Estocada (una oreja). ROMÁN (5), de soraya y plata. Estocada que atraviesa y descabello. Un aviso (saludos). Dos pinchazos, estocada y cuatro descabellos. Un aviso (silencio). GINÉS MARÍN (6), de celeste y oro. Media estocada y descabello (vuelta). Es cogido en el sexto y Emilio de Justo culmina con estocada delantera y descabello (silencio).

Por Carlos Ilián.

Se abrió la puerta grande de Madrid para Emilio de Justo que en su escalada hacia los puestos de arriba del escalafón ha conquistado lo que en el ciclismo se llama un puerto fuera de categoría, o sea el puerto de Madrid.

Y lo que hoy logró De Justo vino por la vía del toreo sin concesiones, muy metido en los terrenos de la verdad. Tal vez un punto desdibujado por el buen pitón derecho de su primero, pero al ejecutar la suerte suprema con un volapié inmenso, de los que hacen historia, la plaza se le entregó.

El cuarto, un bobo, al que De Justo lo entendió para ligar unos derechazos de hondura, del mejor toreo de muleta, en esa querencia donde los atanasios embisten de dulce. Y para rematar otra estocada sublime y la oreja que le hacía salir en hombros en un anochecer de gloria para recordar. Sí, lo recordaremos.

Ginés Marín se llevó el toro de la tarde, el tercero que por el pitón izquierdo era gloria bendita para un buen muletero. Y Marín lo es. En algunos momentos, dentro de la desigualdad, corrió la mano con temple y en especial con mando. Faena de altibajos pero dentro de la ortodoxia. En el sexto fue cogido de muy mala manera al iniciar un derechazo. Sufre una herida de 5 centímetros en la mandíbula derecha de la que fue intervenido en la plaza, de pronóstico reservado.

Román también olió de cerca los pitones de su primer toro. Salió ileso de milagro para volver a la cara del animal en una labor de tesón, como el empeño inútil en su segundo, un mastodonte manso y parado.

Publicado en MARCA

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