Solo para Villamelones: Emilio de Justo

Por Manuel Naredo.

A veces la vida da la oportunidad, el privilegio, de otorgar el momento largamente esperado de pronto, en el momento realmente justo. Así de justo ha sido el momento de Emilio de Justo.

Y es que este torero extremeño, con ya once años de alternativa, vino a toparse con una de esas temporadas de ensueño, que no predecía, en principio, esas características, y que se convirtió, a base de calidad, de valor, de entrega y honradez, en la mejor de su vida. Y sobre todo, el momento de su consagración en la capital del toreo llegó justo, con la técnica pulida y la madurez a tope.

Nada, sin embargo, ha sido producto de la casualidad, sino de una carrera de sacrificios, iniciada desde una infancia pobre en su natal Cáceres, y alimentada en el esfuerzo, y muchas veces, demasiadas, en la incomprensión y el desdén que lo mantuvieron alejado de los carteles grandes, de las corridas preferidas de las figuras y de las ferias importantes. Algo que ha cambiado definitivamente justo este 2018.

El mismo día en que había muerto su padre, el pasado 22 de septiembre, Emilio se vistió de luces en Mont de Marsan, en Francia, donde volvió a dar un golpe de autoridad, pero donde también un toro le pegó una cornada de varias trayectorias en el muslo izquierdo. Tras la corrida y la intervención quirúrgica, como pudo, el torero asistió a los funerales de su padre.

Y luego, apenas unos días después, con el dolor en el alma y los puntos de sutura en el cuerpo, se presentó en Madrid el pasado domingo, pues estaba anunciado en una de las corridas de la Feria de Otoño y no quería perderse esa oportunidad. Lidió con maestría dos toros difíciles del Puerto de San Lorenzo y a ambos los mató de sendas estocadas tras ejecutar de manera perfecta, brillante y aleccionadora, la suerte del volapié. Una oreja tras cada labor, y por ende, el derecho de salir en volandas de la plaza de toros más importante del mundo hasta la madrileña calle de Alcalá.

Dicen quienes lo vieron y son proclives a los detalles, que Emilio de Justo, un torero de ya treinta y cinco años, nada más cruzar la puerta grande madrileña, miró al ya negro cielo, como queriendo compartir el momento con ese padre que le había acompañado a tantas plazas en tiempos mucho menos triunfales.

Dice que desde niño soñó con esa Puerta Grande que el domingo finalmente alcanzó, justo en el momento de su vida que tenìa que ser. Emilio de Justo ha llegado, por su propio pie, a la cúspide del toreo mundial y representa nuevos y venturosos aires, un refresco reconfortante.

Publicado en El Diario de Querétaro

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2 comentarios en “Solo para Villamelones: Emilio de Justo”

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