Es lo que digo yo: El toreo es un ejercicio espiritual

Monumental trinchezaro de Diego Urdiales al cuarto toro de la la corrida de Fuente Ymbro. Foto de ANTONIO HEREDIA.
Monumental trinchezaro de Diego Urdiales al cuarto toro de la la corrida de Fuente Ymbro. Foto de ANTONIO HEREDIA.

La tarde del 7 de octubre en Las Ventas de Madrid quedará marcada por siempre por la quietud, la pureza y la seriedad con la que Diego Urdiales la afrontó.

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

Durante la presente semana hemos vivido con beneplácito la gran tarde que ha protagonizado Diego Urdiales en Las Ventas de Madrid y también hemos leído muchas reflexiones acerca del suceso que en sí, para el toreo actual, representa un retrato estético y ético de la pureza que envuelve al toreo clásico cuando este se ejecuta con un nivel alto de profundidad, como el que consiguió alcanzar Urdiales el pasado domingo en Las Ventas de Madrid.

La cúspide de su obra llegó con el segundo de su lote, en una faena sin adornos ni alegrías y que fue un compendio de ley del toreo puro. El de Fuente Ymbro iba prendido en los vuelos de la muleta, o, más exactamente, con aquel “aire suave de pausados giros” del que le hablaba Belmonte a Chaves Nogales y con ese aire surgió una faena rondeña, clasica, sobria y bien rematada con una estocada que hizo que la afición madrileña se extremeciera.

Lo de Urdiales ha sido además de una lección de buen toreo, una lección de vida, ya que si el torero surgido en la Rioja pudo triunfar nuevamente en Madrid, ha sido por su temperamento indómito. Pocas veces se ha cumplido con más exactitud aquella frase que dice: el destino de un hombre es su carácter.

“Arte mata todo” me repetía en los pasados días un amigo que algo entiende de esto y así ha sido, Diego Urdiales consiguió captar a la perfección la teoría taurómaca alumbrada por el genio de Triana, que Manolete interpretó en su forma más trágica y es continuada en la actualidad por José Tomás y el mismo Diego Urdiales.

Afortunadamente siempre que surgen este tipo de lecciones de bien torear, estas tienen repercusiones y una de ellas es que el toreo clásico ha dejado nuevamente en evidencia al toreo en línea recta que actualmente abunda el escalafon, y en el que muy pocos llevan al toro detrás de la cadera, restándole con ello emoción y hondura.

Con tardes como estas comprobamos que el toreo cuando es de verdad es un ejercicio espiritual; y Diego Urdiales nos lo ha reafirmado nuevamente en un momento inmejorable para la fiesta brava a nivel mundial.

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_

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