Nostalgia por “Antoñete”

Nostalgia en el 7º aniversario de la muerte del torero “Antoñete”.

Por Sonia Blue.

Los taurinos han recordado con nostalgia y sentimiento el séptimo aniversario del fallecimiento del mítico torero Antonio Chenel “Antoñete” en Majadahonda. El usuario Somos el Pueblo (@EstoEsElPueblo) rendía homenaje a esta figura del toreo con los siguientes mensajes: “Antonio Chenel, último adiós y vuelta de honor en la plaza de Las Ventas. (Madrid, 24 de junio de 1932 – Majadahonda, Madrid, 22 de octubre de 2011)” y “En 2011 fallece Antonio Chenel, Antoñete.

Novillero desde 1949 mató su último toro en el 2000. Vio la gloria en su primera reaparición 1981-1985. Frase preferida: “Se torea como uno es: por eso el toro delata a los malos toreros y a los impostores”.

Pero las redes sociales recogen otros mensajes de memoria hacia el torero: “Eterno Antoñete. Fumaré un pitillo a su salud, maestro. (Antonio Fernández, @galleodelbu)”; “Eterno Antoñete. El Maestro. (Andrés Verdeguer, @verdeguer)” y “Eterno, Antonio Chenel ( y Oro) Albadalejo, Antoñete. (Alejandro Piquer, @AlexBarraca86).

Por su parte, la revista Hola relataba así la noticia de su fallecimiento: “El diestro Antonio Chenel Albadalejo, conocido como ‘Antoñete’, falleció el sábado 22 de octubre en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid), donde había ingresado el día anterior aquejado de una bronconeumonía, según informaron fuentes familiares“.

El diestro Antonio Chenel Albadalejo, conocido como ‘Antoñete’, falleció un sábado 22 de octubre en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid), donde había ingresado el día anterior aquejado de una bronconeumonía, según informaron fuentes familiares. Antoñete nació el 24 de junio de 1932 en Madrid, muy cerca de la plaza de Las Ventas, donde transcurrió su infancia y juventud ya que su cuñado, Paco Parejo, trabajaba como mayoral de dicho coso. Se vistió de luces por primera vez en 1946 y tomó la alternativa en Castellón, el 8 de marzo de 1953. El diestro, que se vistió de luces por última vez en 1975, sufría desde hace varios años crisis cardiorrespiratorias, la última de las cuales, el pasado invierno, le apartó definitivamente de su puesto de comentarista taurino en la cadena SER y Canal.

Precisamente fue Manolo Molés, jefe de información taurina en ambos medios, quien expresó la primera condolencia por el fallecimiento del veterano diestro. “Lo lamento muchísimo -dijo Molés, visiblemente emocionado-, porque ha sido una gran pérdida para todos”.

Con 54 años y retirado del toreo profesional, reapareció en 1987: “por necesidad, no por capricho. Las cargas familiares -algunos hijos a los que se ve obligado a mantener- le empujaron otra vez a los ruedos. El torero lo explicaba con una sinceridad que estremece al recordarla: “Estoy manteniendo cuatro casas y, a este ritmo, en un par de años me voy a quedar sin un duro; de manera que he de ganar dinero con lo único que sé hacer, que es torear”.

La reaparición fue en la feria de Sevilla. En la de San Isidro actuó tres tardes. De los resultados de estas corridas dependían sus contratos para el resto de la temporada. Le apoderaba el empresario de Las Ventas, Manuel Chopera, responsable del fracaso de Antoñete la tarde de su despedida, en Madrid, por “ponerle” unos toros de difícil lidia, según algunas opiniones, entre otras la del propio maestro, señalaba el diario El País.

“Pero no hay rencor. Hay, en cambio, una oferta del empresario, interesante para el veterano diestro. No ha sido la única, según asegura: “Otros me ofrecían más dinero. Había una propuesta de cientos de millones, para torear mano a mano con El Cordobés. Sí, se trataba de algo fabuloso, pero no estaba claro: para empezar, los millones no eran en mano pues dependían de que el montaje diera resultado; para acabar, yo salgo a torear en serio o no toreo. Se trataba de ir a plazas de poca monta, en plan show, y a mi eso no me va. Yo necesito la responsabilidad de Madrid y Sevilla, donde el toro tenga trapío y un público tan exigente como entendido sepa valorar el toreo” declaraba a este diario.

“No me explico esta mala fama, pues hago una vida sencillísima: el campo, alguna partidita de mus con los amigos, y el alcohol ni lo pruebo. Sin embargo es cierto que comentan eso. Hasta mi hermana me suelta a veces: ‘Que anoche te vieron con dos y llevabas una tajada como un piano’. Y resulta que ni había salido de casa. Pero esta fama no es de ahora ya de joven decían: ‘Menudo golferas es Antoñete’. Lo que ocurría era que si, por ejemplo, se trataba del cabaret, a mi me daba lo mismo ir a una hora que otra y en cambio muchos compañeros míos iban a punto de cerrar, con un misterio y una cosa, para que no los viera nadie”, confesaba en esa entrevista.

Y concluía. “A partir de aquella pared, todo lo que sigue es mío”. Entramos en el término de Navalagamella y empieza a caer la niebla sobre los pinares y los hondos parajes de espesa jara. 50 hectáreas de ese campo quebrado en las estribaciones de la sierra son la finca de Antoñete. Se la compró al doctor Pozuelo hoy hace justamente un año”, describía el periodista Joaquín Vidal.

Publicado en Revista M

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