San Luis Potosí: Alerta roja para los aficionados

Diego Ventura ha salvado una noche que naufragaba en la mediocridad ante un lleno en los tendidos.

Gato por liebre es lo que han dado en esta temporada en San Luis Potosí. En todos los festejos celebrados en este 2018 han salido muchos gatos, pero toros, sí acaso un par y anoche no fue la excepción.

Por Juan Carlos Valadez – De SOL y SOMBRA.

Los taurinos están empeñados en que no salgan toros enteros en San Luis Potosí y lo consiguen plenamente. Ayer, salieron al ruedo del Paseo un desfile de toros de las ganaderías de Santoyo (1 y 4 para rejones Ventura), Bernaldo de Quirós (2), Xajay (3,5 y 6), Fermín Rivera (7) y San José (8) y sin embargo, los que lidiaron los diestros de a pie, no eran toros. Un toro es, además de su trapío, un animal que embiste, y estos no embestían o si lo hacían era a duras penas.

Dicho esto hay que señalar que llegado el invierno la fiesta en México se vuelve a poner de moda, ya que todo el mundo quiere ir a los toros aunque sea una vez al año. Los aficionados ocasionales que acuden a los toros están convencidos de que la fiesta es emocionante, trascendente, alegre, y el único problema que podrían tener es llegar a entenderla.

Estos aficionados ocasionales llegan a la plaza con ilusión, dispuestos a comprender el drama que puede producirse en el ruedo, pero ¡oh sorpresa! se topan con que un grupo de taurinos y una figura del toreo como Enrique Ponce, que los privan de todo aquello que ilusionaban ver en un toro bravo y en el ruedo.

Porque la realidad es que aunque el festejo de anoche ha sido muy triunfalista, ha carecido del fundamento principal que debe tener siempre una corrida de toros y que en resumidas cuenta es la casta del toro bravo y su integridad.

A pesar de todas las orejitas y de las salidas en hombros de las que nadie se acuerda mañana, hay una alerta roja en todo esto, y es que los taurinos están consiguiendo una fiesta de toros aburrida e insoportable ante la falta de casta y trapío de los astados que se lidian generalmente cuando aparece anunciado un torero de la talla de Enrique Ponce.

Las corridas siempre, fueron buenas o malas pero antes no se aburría nadie. Una corrida de toros podía resultar deslucida, pero tediosa, jamás. En épocas pasadas también había tardes fraudulentas, pero la afición se quejaba. Ahora, en cambio, se aplaude al antitoro, sale el toro o lo que sea aquello, y le pegan un buffet de pases durante toda la faena, y en eso consiste la corrida hoy en día. Esto si nos va bien, porque aún puede ser peor, cómo sucede en algunos casos.

Enrique Ponce, por ejemplo, no pudo dar sus metrallazos de pases: porque sencillamente los toritos descastados, débiles, anovillados y sospechosos de manipulación de sus astas que llevó para la ocasión, no le embistieron.

¿Y los mexicanos? lamentablemente comparsas silenciosos del fraude.

Solo que esta vez tuvieron mejores momentos como en el caso de Fermín Rivera con su primero, al que le realizó una faena reposada, aunque de escasa ligazón, pero aún así se llevó dos orejas con algunas protestas.

Con su segundo puso buena voluntad, pero el gato toro de su propia ganadería le hizo el fuchi, y perdió la compostura con la espada.

A Sergio Flores le correspondió en segundo lugar un toro impresentable y docilón, al que le pegó pases insípidos, y se los jalearon hasta que se llevó dos orejas. A su primero, lo trabajó con meritoria insistencia, y el público premió sus porfías con algunas palmas.

El que ha estado mejor ha sido el rejoneador Diego Ventura en su segundo toro, al que le ha cortado un rabo un tanto exagerado, pero con el que ha cuajado una faena completa en la que ha pasado de lo clásico, a lo espectacular.

Siempre entregado y dominador con su grandiosa cuadra de caballos, cautivó al público de San Luis y se lo llevaron a hombros con justa razón.

Si mantiene este nivel Ventura en su temporada, no tengo la menor duda de que se consagrará también en México como el número uno indiscutible del rejoneo actual.

Pero si Ventura fue la luz, Ponce fue la noche.

Además del ganado impresentable de los matadores de a pie -como estaría la cosa que hasta Fermin Rivera mandó un becerrete de su ganadería- la otra parte oscura del festejo ha sido la actuación de Enrique Ponce, ya que continúa atrapado en sus propios vicios y necedades. El público potosino finalmente se hartó de sus desplantes y prueba de ello es que lo han tratado con cierta frialdad e indiferencia.

Ahora la gran duda será saber si la exigente afición de Guadalajara y de la Plaza México, tolerará los abusos del torero de chiva o le recriminaran con dureza sus procedimientos.

El truco del conejo que salía de la chistera ya fue descubierto y exhibido. Ahora la afición tiene la voz cantante en las plazas de toros.

Twitter @Twittaurino

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