Agustín Lara, ‘Crisol’ y Cinco Villas ‘Embrujo y Fantasía’…, Historias con Leyendas Por Bardo de la Taurina

Eran los años viejos de la década de los tostones, que paradójicamente eran los nuevos de la primera década de la Plaza México, con un Silverio Pérez que muy prontito había dicho mucho con su torear a ‘Barba Azul’, de la cabaña brava que herraba bajo la divisa verde y blanco de Torrecilla, que tan alto pondría el listón, pa’ que ni Manolete lo alcanzara con la oreja cortada a ‘Espinoso’, así no más porque sí, lo que sí terminó logrando el cordobés, fue una veneración más que a su toreo, a su leyenda, la que le precedía.

Ya cuando vino aquí y es que Manolete fue mártir de las circunstancias desde antes de morir, que pa’ efectos de lo taurómaco le valió la idolatría, y por ello cuando otro maestro que también fue ídolo Agustín Lara le escribiera aquella letras estruendosas y a la vez silenciosas, ¿las conoce usted?, ¿no verdad?, ¿le escribió el maestro Lara al maestro Manolete? bueno pues pronto se percatará de que existieron cuando tenga en sus manos el libro que promete lujo cual capote de seda; ‘Embrujo y Fantasía…, Historias con Leyendas’, con letras que se escribieron no solo pa’ ser leídas sino pa’ que nunca se nos olvide que ni México ni España en su fraternidad y en su Fiesta Brava, se podrían entender completas sin la obra del inmenso poeta de lo musical Agustín Lara.

Nacido en la calle de El callejón Puente del Cuervo en aquella vecindad la que estaba en lo que pudo haber sido el número 16 de la que hoy se llama República de Colombia, la remojada de molleja se la dieron en ‘Catedral de Zumárraga’, hoy metropolitana de la recientemente oficializada CDMX, es en el sagrario donde chapoteo el agua bautismal decir se halla en lo que se conoce como El Sagrario, cuya entrada principal es por La Plaza Seminario, todo esto en los predios donde hace ya casi quinientos años se dieron los primeros festejos de toros bravos, los que el libro de ‘Embrujo y Fantasía…, Historias con Leyendas’, nos cuenta no llegaron a Veracruz directamente de allende los mares sino que estaban desde hacía rato ya estacionados en Cuba.
Lara, hombre de pasiones tempraneras por la música y por el toreo, que pa’ él en sus mocedades, era representado por la figura “Del Indio Grande”, Don Rodolfo Gaona, con ese dato primigenio, fue que el autor del libro que es el mismo columnero que usted está leyendo, empezó a jalar hebra, la que le dio pa’ ir hilvanando las historias de las historias y las leyendas de las leyendas, de este hombre que se fue convirtiendo en ‘Azteca y Español’ lo que le heredaría musicalmente al pentecosteño ‘Príncipe’ y ‘Faraón’, ‘Lara, larara, lala…’ recibió las transfusiones del lidiador del ‘Petronio del Toreo’ y de la vagancia del cuento que se daba en el albero de La Condesa, entre los chavales que solo aterciopelaban la arena lanceando al toro de las ilusiones, pero cuándo se enteran que también los toros reparten cornadas, como que se les vuelve anoréxica la afición, y por otro lado en una de las idas de catre y cloroformo a la que parecía adicto Agustín, recibió de regalo pa’ sobrellevar las horas interminables un libro titulado ‘Embrujo Sevillano’ en cuya portada aparecía un toreador, libro que auténticamente enloqueció al convaleciente y le metió la pasión por España, a la cual en nuestra obra se dice le empezó a escribirle cartitas de amor sin siquiera conocer a la tierra con piel de toro.

Sevilla fue clave en la obra ‘lariana’ de ahí que a ella fue a la primera que musicalmente le declaró su amor, así que por ello no es cosa de los cruces casuales, también llamados casualidades que este escribano invitara y convidara al arte de lienzos, pinceles, oleos y técnicas mixtas del maestro Francisco Álvarez a formar parte integral de este libro aportándole arte mayor, en un triunfo pa’ asegundar el que sus obras lograron con su asentamiento en la galerías culturales de las plazas de Las Ventas y de la Real Maestranza de Caballería, la encomienda que es orgullo pa’ este libro se le hizo al artista una noche de estrellas y cantos morunos a la orilla del Guadalquivir, sabedor de sus ilusiones, alcances y de ese duende que le ronda el alma se tiro al ruedo del arte con una veintena de obras expresamente concebidas para el libro.

Para las letras se contó con el aporte cultural que solo un catedrático como lo es el Lic. Luis Eduardo Maya Lora, hubiese sido capaz de brindar asesoría, puntualización, revisión, historia y aportación al alimón en dos temas artísticos, sí, pero también delicados en los datos como lo es en lo musical y en lo taurino, lo cual Maya Lora no solo asumió la responsabilidad pa’ la que alzó la mano sino que indudablemente cumplió hasta conseguir los pañuelos blancos.

El embrujo y la fantasía han sido habitantes en la esencia de la obra y por supuesto en cada una de las páginas del libro y así es que nació la idea de traer en faena cabalgante por el túnel del tiempo la vigencia de una de las obras monumentales del universo que es ‘Valencia’, y pa’ ello como la estrella luminosa de senderos refulgentes, surgieron dos nombres cumbres cada cual en su horizonte y todo partió de proponerle al maestro Enrique Ponce y al artista Javier Conde, integrar a la puesta en escena de ‘Crisol’ (Que es torería, música, flamenco y pintura) la que ellos estelarizan; la gema musical; Valencia. ‘Valencia mía que yo soñara, yo no sé qué tiene de tibia y de rara, de rara y de tibia la luz de tu sol…’
Se acordó una dedicatoria de exhortación en la apertura del libro, pa’ los paladines del arte Ponce y Conde, las letras de la misiva fueron enmarcadas en una obra espléndida realizada desde luego por Fco. Álvarez y ahí surgió la fantasía de que con motivo de la presentación del libro que está proyectada se de en el Palacio de las Bellas Artes en la Ciudad de México, y en el Instituto Cervantes de Madrid, se diera el estreno en México y por ende en América de la puesta en escena ‘Crisol’ y pa’ ello sin duda el escenario soñado no puede ser otro que la sede de la plaza de toros más hermosa, con más color, bouquet y embrujo que hay en estas latitudes y que lo es, sin duda, la de Cinco Villas.

Se les expuso la idea a los empresarios del arte Don Luis Marco Sirvent y Doña Lucero Domínguez Cobián, quienes con esa sensibilidad tan a flor de piel que llevan en su estirpe, tomaron el proyecto, a su estilo que es lo bien hecho. Así llegó el jueves pasado y con el llegaron a la plaza espolvoreada por la arena sevillana los matadores de luz y cante, sin más, Cinco Villas en ese instante decidió elevar la propuesta a la realidad, se habló primero con el matador Javier Conde y seguidamente teniendo como escenario la luminosidad del albero de oro, Doña Lucero le leyó públicamente la propuesta al matador Enrique Ponce con el atestiguamiento de la selecta afición que ahí se congrega.

Y ahora los sueños son cristales de fantasía que en caleidoscopio de la realidad le están diciendo al mundo del arte que en breve el maestro icónico de la música mexicana Agustín Lara, será honrado a través de un libro específico en lo temático, que por primera vez se edita sobre la historia y las leyendas en torno a cómo nacieron sus canciones dedicadas a la monografía española y los pasos dobles que les escribió a sendos toreros de cada uno de los cuales se escribe su historia.

Y formando parte relevante, de todo ello, La Plaza de Toros de Cinco Villas, le dirá al mundo del arte; El arte de ‘Crisol’ está aquí… ¡Sí que sí!

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