Diego Urdiales: “México corre el riesgo de cometer el mismo error que se cometió en España, cuando se agigantó el toro”

Diego Urdiales habla de todo para la revista Aplausos en un polémica entrevista en donde explica su situación actual y cuenta todo sobre sus pasados triunfos en Madrid y Bilbao, toca también el tema de los dinero y de sus expectativas para el próximo año.

Pero así como hay aciertos en sus conceptos, pensamos que también hay errores y creemos que se equivoca o está muy mal informado en el tema de México, como la mayoría de los diestros extranjeros. Diego Urdiales debería de saber o quizás no lo sabe porqué no lo conoce todavía a estas alturas de su carrera, que en México no pedimos el toro ‘grande’ o ‘gigante’ como él menciona, tan solo se pide el toro serio. Que es algo muy diferente – De SOL y SOMBRA.

Por Ángel Berlanga.

Su temporada ha dejado al aire las vergüenzas del sistema. El mismo diestro consagrado por dos de las plazas más exigentes del mundo, Bilbao y Madrid, únicamente llevaba toreada una corrida a mediados de agosto. ¡Una! Y en su pueblo, por cierto. ¡Qué torero nos estábamos perdiendo! O, como él mismo denuncia, qué torero pretendían algunos que no descubriésemos… Sin embargo, en el toreo y en la vida la verdad siempre termina imponiéndose y en la carrera de Urdiales, tal y como se ha visto este año, aún quedan brillantes capítulos por escribir.

Quién iba a decirle que con apenas media docena de paseíllos cuajaría la temporada de su vida…

-Nadie, en realidad no llegó a decírmelo nadie.

Hablaba en sentido figurado.

-Lo sé, lo sé… Además, tiene razón: ¿quién iba a decirme que sucedería algo así?

Es que es muy difícil, casi imposible.

-Sobre todo en un año como este. Después de tomar la decisión de Madrid -la de ausentarse en San Isidro tras no llegar a un acuerdo con la empresa de Las Ventas- mi entorno tuvo vértigo. Yo lo sentí.

-¿Hubo quien pensó que estaba equivocándose?

-Seguramente. Pero nadie se atrevía a decírmelo. Saben cómo soy, saben que las decisiones que tomo tienen que respetarlas. La decisión me mantuvo en un estado de tranquilidad muy grande. No tenía nada hecho, ni Bilbao, ni Logroño… nada; y, sin embargo, tuve una sensación de convencimiento interior brutal. Sabía que mi determinación era la que iba a llevarme a algún sitio.

-¿Le afectan más de la cuenta las discrepancias de su entorno?

-Tras renunciar a Madrid no me dijeron directamente “Diego, te has equivocado”, pero sí lo insinuaron. Sé lo que quiero y lo que siento, pero también, por supuesto, estoy siempre abierto a escuchar las opiniones de mi entorno. Eso sí, las formas en que se me digan son vitales para mí. Si no son las correctas, no las acepto.

No sé si sabía que este año ha sido el torero con mejor promedio de orejas en plazas de primera de todo el escalafón: dos trofeos por tarde.

-Ser el mejor en las estadísticas ya me mosquea… -ríe abiertamente- Sé que cuando el triunfo llega y todo se redondea es mejor, pero para mí por encima de todo están las sensaciones, las de torear en esas plazas y sentir a la gente rugir, emocionarse, verla llorar, abrazarse… todo eso es incomparable con una puerta grande. Cuando emocionas de verdad, la gente te transmite después por la calle su pasión, te cuenta cómo lo ha vivido, con qué intensidad ha sentido tu obra, o determinado lance o muletazo, y eso para mí está por encima de todo lo demás porque en el toreo, como arte que es, lo que conmueve son esos detalles, esas sensaciones, más allá de cualquier premio tangible como una salida a hombros.

Sí, pero la estadística también cuenta lo suyo…

-Desgraciadamente prima más de la cuenta en este mundo; y eso va en contra de lo que para mí es el toreo. Parece que si no abres la puerta grande no eres el torero que en realidad eres, y eso es un sinsentido. Debería verse más allá; intentar intuir quién puede aportar algo al toreo.

Eso es bastante más complejo de calibrar que la estadística.

-El toreo es un arte complejo, de acuerdo, pero el problema no está en su complejidad a la hora de analizarlo. El problema surge cuando entran en juego los intereses. Parece que algunos se encargan de poner vendas en los ojos de la gente para que no se vea todo tan claro.

-¿Qué le llena más como artista: las sensaciones que uno percibe ante el toro o las reacciones que genera en el espectador?

-Suele ir todo unido, pero en el campo, a puerta cerrada digo, he tenido la suerte y la oportunidad de entrar en ese estado tan difícil de alcanzar, donde todo se funde -la embestida, tu toreo, tus sentimientos- y para mí eso es incomparable. Si encima hay público, ruge y pega olés de verdad, ya es algo maravilloso.

-¿Hay distintos olés?

-Uno sí nota cuándo el olé es de una manera o de otra. Lo digo por mí, no por otros compañeros. Hablo según mi experiencia.

ÁNIMO INDESTRUCTIBLE

Hasta arrancar la temporada sentiría incomprensión, sufriría la impotencia propia de quien se le margina al margen de sus condiciones…

-Este año ha sido todo muy raro. No me he cabreado en ningún momento porque con mi toreo siempre he tenido algo claro: en una tarde se pueden cambiar muchas cosas. De eso he estado siempre convencido.

También le habrá ayudado contar con un bagaje y una experiencia a prueba de bombas en ese sentido: nada le venía de nuevas…

-Cierto. No era la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que me ocurría algo parecido. Son muchas las temporadas en que he sentido esa incomprensión de la que habla, ese dejarme a un lado sin dárseme el sitio que consideraba merecer… Al final aprendes que lo que te llena de verdad es meterte en tu toreo. No digo que deba darte todo igual, no es eso, pero sí que, aunque lo tengas ahí, no te cree energías negativas ni malas sensaciones. Hay que intentar vivir cada momento, cada día de tentadero, de toreo de salón…; yo he vivido este año con una intensidad de toreo muy grande, aislándome de todo lo demás. Un torero tiene que estar lo más centrado posible en lo suyo, lo más metido que pueda en el toreo, en hacerle las cosas al toro para que todo lo demás no impida que el artista pueda expresarse. Aun así ese dolor anímico llega muchas veces cuando el trato no es el adecuado y se viven momentos durísimos, se piensan muchísimas cosas, si merece o no la pena tanto esfuerzo, tanto sacrificio…

-¿Con qué ánimo llegó al patio de cuadrillas de Bilbao?

-Llegué con la tranquilidad de saber que iba a sentirme comprendido, al margen de la preocupación y responsabilidad que conlleva una plaza de esa categoría. En Bilbao desde que debuté hace ya diez temporadas sentí que su público tiene un respeto y una sensibilidad especial, mucha paciencia también, y para mí eso es muy importante. Tres veces he abierto su puerta grande y otras ocasiones, aun sin abrirla, he tenido tardes igual de importantes.

Las circunstancias de este año eran distintas a las de otras temporadas.

-¡Es que llegaba con dos corridas de toros! Otros años había toreado más, o llegaba con las buenas sensaciones de Madrid o de otras ferias anteriores, aunque también hubo momentos en los que llegué con la soga al cuello, sintiendo que a la mínima en que se me escapara un pie… En realidad ha habido de todo y de las experiencias he ido aprendiendo. Fue bueno llegar con la Feria de Otoño cerrada. Fui a Vista Alegre con la satisfacción de saber que la empresa de Las Ventas había rectificado y que lo había hecho incluso antes de que toreara en Bilbao.

Tras el zambombazo de Bilbao, ¿llegó a Otoño más o menos presionado, más o menos atenazado?

-Llegué igual a un sitio que a otro: sabiendo que lo que finalmente acabó ocurriendo podía pasar. Para eso necesitas que te embistan los toros. Y eso es lo más difícil. Por eso es tan complejo que lleguen tardes como las de este año, porque tienen que juntarse muchos factores. El modo en que ha respondido la gente, la prensa y todo el mundo, me ha hecho sentir que lo sucedido ha sido especial, que aquello no acontece todos los días. Y es verdad: tardes así son realmente complicadas.

Regresaba tras exigir en primavera unas condiciones que a la empresa le parecieron excesivas. Eso alteraría sus nervios…

-Preocupa, claro está. No estuve en San Isidro por considerar que no iba en las condiciones que debía. Esa es una responsabilidad que me eché encima, pero a la vez lo hice convencido de que era capaz de hacer algo realmente importante durante la temporada.

Faltó abrochar en Zaragoza. Lo digo por rizar el rizo…

-La corrida no permitió el triunfo, pero tuve buenas sensaciones.

Y ahora, con el corazón en la mano, ¿cuál cree que va a ser la repercusión en los despachos de esta temporada? ¿Espera que le pongan la alfombra roja…?

-Al menos en Madrid y en Bilbao, deberían… Si no me dieran calor allí sería ya el colmo, sería como para buscar otra profesión… Creo que sí me la pondrán, de hecho ya lo estoy notando, sé de la intención de varias empresas, al margen de Madrid y Bilbao, de contar conmigo. Los triunfos de este año han traspasado barreras.

La figura del apoderado, muerta.

Se ha hablado mucho del camino de Urdiales junto a Luis Miguel Villalpando, su apoderado y hombre de confianza. La relación entre ambos va más allá del ruedo y los despachos. Su caso es una especie de rara avis en estos tiempos en los que la figura del apoderado independiente, volcado exclusivamente en su poderdante, prácticamente ha desaparecido. En su lugar se ha incorporado al tablero una figura mucho más dañina para la Fiesta: la del empresario-representante de toreros. “¿Que qué prefiero? Ya me ves dónde estoy”, comenta Urdiales. “Para mí es muy importante que el apoderado haga lo que tiene que hacer. ¿A quién representa? A su torero, ¿no? Pues entonces tiene que buscar el bien de su torero en todos los aspectos. Para mí esa labor es fundamental. Solo con esa tarea bien cubierta puedes despreocuparte de las cuitas de despacho y centrarte únicamente en torear, que es lo importante. Mi apoderado sabe lo que quiero, cómo lo quiero y en qué momento lo quiero. Y eso es clave”, reflexiona el riojano.

El reto ahora es reeditar tardes tan importantes, repetirlas con frecuencia…

-No busco repetirlas. Me gusta que cada tarde sea diferente. Busco que mi toreo cada día sea mejor, ser capaz de sentirlo más y llegar a la gente con mayor fuerza. Después pasará lo que tenga que pasar y cada tarde será diferente porque las embestidas y el contexto de cada día también son distintos.

Algún año se le dio sitio en las primeras ferias y no terminó de rentabilizarlo.

-No estoy de acuerdo con eso. En estos últimos años en que estoy toreando más mi temporada más abultada ha sido de 19 corridas. Después de las cosas que he hecho en el toreo, torear ese número, seguir sin debutar en diez o doce plazas importantes, no creo que sea como para sacar esa conclusión y decir que he desaprovechado la oportunidad. Ahora bien, si te apuntan con la escopeta cargada todo el día y hay dos o tres tardes importantes en que las cosas no salen… para algunos únicamente son dos o tres tardes más y, en cambio, para otros supone que se nos haya ido la gran oportunidad. Hay distintas varas de medir dependiendo de los toreros y de la prensa que se trate. Es la pura verdad.

Le noto dolido.

-Que me digan en qué plaza importante se me ha ido un toro. ¿En cuántas ferias, en cuántas tardes importantes? Insisto: si vas a cuatro ferias importantes y resulta que en tres de ellas no tienes suerte a unos se les acaba el mundo y con otros no pasa nada. Otra cosa distinta sería si eso sucediera un año, y otro, y otro… pero no es mi caso. Si nos ponemos a repasar tardes y faenas le aseguro que sacamos más de las buenas que de las otras.

Se habla mucho estos días del dinero de las figuras. Igualarlo imagino que a día de hoy será imposible, pero habrá que dar un salto, tendrá que notarlo este año…

-Es una aspiración lógica, ¿no? Toda la vida ha sido así. ¿Por qué no va a ser conmigo? Cuando empiezas tienes que amoldarte a unas condiciones, cuando despuntas se mejoran esas condiciones para seguir creciendo y cuando pegas dos zapatazos como los míos de este año las condiciones tienen que estar a la altura.

“Cuando el triunfo se redondea es mejor, pero por encima están las sensaciones: las de sentir a la gente rugir, emocionarse, verla llorar, abrazarse… todo eso es incomparable”

-¿Qué opina de esos 240.000 euros que cobran las máximas figuras en Madrid? ¿Favorecen la insostenibilidad del sistema?

-Son problemas que por desgracia no me atañen todavía… -ríe pícaramente- Tampoco soy empresario, no sé exactamente ni conozco en profundidad el tema, así que poco puedo opinar en ese sentido.

Pero el dinero de un espada ¿debe ir en consonancia a la categoría de su toreo, a la de los triunfos conseguidos, a lo que sea capaz de generar en la taquilla…?

-Supongo que un poco de todo, pero aquí solo se habla de cuatro cuando el toreo lo formamos bastantes más de cuatro. ¿Por qué no hablamos de lo poco que cobran los de abajo? ¿Con ellos no debe hacerse justicia?

Ese es otro problema a solventar.

-Ya lo creo…

-Es curioso que el toreo de siempre parezca ahora novedoso. ¿No le da que pensar?

-Aquí cada uno ve el toreo de una manera distinta. El que yo interpreto es el que he sentido desde que era niño. Me encantan los toreros de otras épocas, a los que siempre he visto unas formas de hacer las cosas que son las que me llenan. Yo hago lo que hago porque lo siento, no porque busque un sello diferenciador. No puedo buscar algo que no sienta: cuando uno busca algo que no siente no transmite nada a nadie.

-¿Aquí el que resiste gana?

-No es cuestión de eso. El toreo hay que respetarlo y su esencia está por encima de todo. Lo que conmueve y lo que hace que esta Fiesta tenga sentido son tardes como las de Madrid o Bilbao de este año. El toreo que conmueve es el único capaz de derribar todo tipo de barreras. Ahora bien, lo complicado aquí es conmover, convulsionar, que aquello sea un calambrazo. El triunfo está muy bien, pero cuando aquello convulsiona traspasa las barreras y hace que todo el mundo hable, se emocione, lo recuerde y llene su espíritu.

México y su toro

Confirmó la alternativa en noviembre de 2015, cuajando además una imborrable faena, “una de las mejores de mi vida”, recuerda. “Lo que sentí aquel día es muy difícil de explicar, tanto delante del toro como con la pasión de la gente. Dos horas tardamos en poder salir de la plaza… fue tremendo, muy bonito, ¡cuánta pasión!”, subraya el riojano, que volverá a la Monumental Plaza México este domingo 2 de diciembre para lidiar dos toros de Xajay.

Precisamente el toro es la asignatura pendiente de México en general y del coso de Insurgentes en particular. Sin embargo, Urdiales alerta: “Se ha subido el punto del toro y para mí es peligroso. México corre el riesgo de cometer el mismo error que se cometió en España en los años 70 y 80, cuando se agigantó el toro y se le sacó de tipo, provocando con ello la desaparición de muchos encastes y ganaderías con una manera de embestir extraordinaria, causando a su vez mayor uniformidad y previsibilidad en el toreo por falta de variedad. El toro de México es el que es, el encaste es el que es y no hay que volverse locos pidiendo el toro de Madrid en todas partes”.

Publicado en Aplausos.

Foto: ARJONA.

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