La verdadera decadencia de la Plaza México y la sombra de Pedro Haces

En 1965, el licenciado Alberto Bailleres González por medio de su empresa ‘Diversiones y Espectáculos Taurinos de México’, S. A. (DEMSA), rentó la Monumental Plaza México y entró como gerente el gallego-cubano Ángel Vázquez, un hombre más ligado al béisbol y otro tipo de espectáculos que al de los toros. Vázquez fue sustituido en su momento por el Maestro Fermín Espinosa ‘Armillita Chico’, quien duró poco, después llegó como el ganadero potosino don Manuel Labastida, quien a su vez fue suplido por otro ganadero don Javier Garfias de los Santos y, después, éste reemplazado por un reconocido taurino que había sido novillero de éxito y también criador de reses bravas, Carlos González. Los resultados de esta gestión fueron más negativos que positivos y después de la salida de DEMSA (hoy ETMSA) la plaza se volvió a cerrar por poco más de un año.

Y así llegamos al año 2018.

Por Juan Carlos Valadez – De SOL y SOMBRA.

Pensábamos que nunca iba a suceder pero lo han conseguido: han borrado del mapa al toro en la Plaza México, igual que ya lo están haciendo en Guadalajara. En consecuencia nos han arrebatado el tercio de varas, convertido ahora en un trámite inútil puesto que no hay nada que ahormar en un toro chico, enclenque y tullido como los que desfilan por el ruedo de la México cada semana durante la temporada. Aunado a esto la lidia se ha convertido en palabras de algunos críticos y aficionados en un incómodo trámite de cientos de muletazos para convencernos de que ha pasado algo y al final nada pasa.

Pero la verdadera decadencia no está en la lidia, esta en el toro bravo. Ese gran protagonista de la fiesta, que hoy está convertido en simple actor secundario al que le han quitado todo su poderío, casta, fiereza, bravura y todas las cualidades que algún día le adornaron.

La decadencia de la casta en las ganaderías mexicanas es la madre de todos los problemas. Esta falta de casta se resume en una cadena muy clara: el número de aficionados cada vez es menor.

Hubo una época en México en que gobernaban las figuras, pero ahora a falta de ellas la fiesta está en manos de grupos empresariales representados por ex matadores que también hacen las funciones de apoderamiento. Estos apoderados y ex matadores buscan en sus toreros la comodidad que ellos hubiesen querido cuando se vestían de luces, es decir: un tipo de toro que no moleste demasiado; que facilite el éxito; y, si sale malo, que no les cree muchos problemas a sus poderdantes.

Esto no debería de tener mayores problemas, los apoderados para eso están finalmente, pero el problema radica en que estos apoderados también son ‘empresarios operativos’ y con estas acciones al mismo tiempo que miman a sus representantes, ellos mismos se están disparando en el pie al expulsar a los aficionados del tendido con este tipo de políticas incomprensibles.

En resumen, la excesiva comodidad está provocando una muy grave crisis. Por eso los ganaderos llevan años buscando un toro comercial a modo; si no, se arruinarían. Desde hace décadas, se ha seguido un camino equivocado: buscar el toro suave, dócil, manejable, en vez del bravo, fiero, poderoso, que ha sido siempre la base de esta Fiesta y el que le da su grandeza heroica.

Una muestra de que el toro ha pasado a ser un protagonista secundario en la Plaza México, es que faltando menos de una semana para la corrida Guadalupana, aún no se conocen los toros que van a lidiar Morante de la Puebla, José Adame, Roca Rey y Sergio Flores, pero eso sí, los boletos ya están a la venta.

Ante estas acciones las sospechas de fraude para el próximo miércoles están a la alza y la credibilidad de los toreros, empresa y autoridades nuevamente a la baja. Y por favor olvídese usted de un sorteo limpio para el próximo miércoles, porque cada torero llegará seguramente con sus dos toritos bajo el brazo. El público de antes esto no lo hubiera tolerado, pero es cierto que eran otros tiempos, en donde la Fiesta Brava estaba más viva y suscitaba más pasión.

Ante este panorama desolador está por demás decir que las sospechas de fraude continuarán si no cambian la política empresarial en la Plaza México; pero sobre todo, si no se recupera la casta brava y la seriedad en el toro, el público acudirá cada vez en un menor número a la plaza cómo viene sucediendo desde que la actual empresa tomó control de la México.

Pero no toda la culpa es de los toreros y de la empresa, las autoridades y la comisión taurina también son cómplices de esta farsa, ya que permiten que continúen produciéndose estas graves faltas al reglamento y no imponen el regreso de los exámenes post mortems entre otras medidas, para darle más seriedad a los festejos.

Ante este vacío de autoridad en la plaza siguen desfilando toros afectados de sus astas y en algunos casos sin la edad reglamentaria. Porque es una realidad que se siguen lidiando toros manipulados de sus astas hasta las orejas en la Plaza México y nadie dice nada.

Esto no puede seguir así señores, más respeto para el aficionado que paga un boleto por ver un espectáculo íntegro, porque lo que están haciendo es de un cinismo que va más allá de la corrupción y el fraude. Es un gravísimo atentado terrorista contra la fiesta brava que ni el más hitleriano de los antitaurinos podría tramar.

El país está cambiando, pero la empresa de la México fuera de algunos eventos discotequeros esporádicos, parece que sigue viviendo en 1965.

Y mientras esto pasa en la Plaza México, en provincia un grupo de empresarios representados por el Senador Pedro Haces, encabeza una cruzada de dignidad en favor de la fiesta brava y anuncia desde su trinchera; “ya no vamos a permitir que las figuras extranjeras vengan a hacer lo que se les dé la gana; se acabó el toro chico y el billete grande” ha expresado abiertamente el empresario y Senador de la República en los últimos días.

La declaración del empresario al periodista Jaime Oaxaca se dió porque, al parecer Diego Ventura había llevado unos novillos de San Isidro al Relicario de Puebla para lidiarlos, pero que no se lo permitieron.

Es una realidad que este grupo de empresarios encabezado por Haces Barba está haciendo mucho ruido y habrá que ponerles mucha atención, porque se dice que tienen puesta la mira en la capital mexicana.

Tiempo al tiempo.

El obispo emérito de Ecatepec, detrás del empresario Rafael Herrerías, en la sesión del Senado en donde Haces tomó posesión como Senador | Foto: Milenio.

Twitter @Twittaurino

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1 comentario »

  1. Totalmente de acuerdo con sus comentarios, pero lo que no me queda claro, es porque, el aficionado no se defiende ? expresando su malestar no asistiendo a la plaza, o como antiguamente dando la espalada al espectáculo actual con un toro sin edad sin trapío y con 5 centímetros menos de pitón.
    El mejor juez es el propio aficionado, mas no el publico y el villamelon que asiste a la plaza y les hace el caldo gordo y aceptan gato por liebre.

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