Ocho con Ocho: ¡Vivir es increíble! Por Luis Ramón Carazo

El maestro Padilla en el salón de su casa en Sanlúcar de Barrameda. Fernando Ruso.

Titulo la columna con esa cabeza, porque me parece que el estar en este mundo a pesar de los muchos sinsabores, tomando la lección que deja para el futuro Juan José Padilla; esto es que el saberse que estamos vivos y haciendo lo que nos gusta, deberíamos saborearlo y reflexionar que respirar es un milagro, por ello a la pregunta de varios aficionados de lo que me pareció la Corrida Guadalupana en La México, mi respuesta concisa es que los elementos clave de la Fiesta sabrán que mucho tiene que mejorar un festejo que tiene pinta de convertirse en una fecha icónica como lo es el 5 de febrero.

Las protestas airadas en varios pasajes de la misma provocan actitud de cambio y es claro que Roca Rey alcanzó gran triunfo y Joselito Adame demostró pundonor (en lo que muchos no coinciden) por aparecer convaleciente en el ruedo, también cierto es que la materia prima (Xajay, Barralva, uno de Los Encinos y el de Santa Bárbara sin lugar a duda cumplieron) tendría que ser intachable.

Me parece que es posible comentar sin denostar y lo digo con la categoría con la que he crecido desde niño con los valores de casa, en un mundo en que casi  todos creen tener la razón, prefiero esbozar la duda razonable de que a quienes corresponde sabrán, encauzarán los reclamos y tornarlos en sensaciones positivas, eso esperamos.

Dicho lo dicho, me concentró en la despedida de Juan José Padilla (aparentemente definitiva de los ruedos) como lo hicieron antaño sus paisanos en La México; el primero Paco Camino en 1978 con toros de San Miguel de Mimiahuápam y el más reciente lo fue en 2004 el albaceteño, Manuel Caballero con los máximos trofeos de Gota de Miel de Reyes Huerta para su espuerta el 21 de noviembre y la más emotiva de los toreros españoles me parece fue la del 5 de febrero de 1995 de Pedro Gutiérrez Moya El Capea, cuando con un lleno impresionante y los pañuelos ondeando al unísono, recibió los máximos trofeos de Piropo, de Pepe Garfias

El jerezano, paisano entre otros de Rafael de Paula y de Ginés Marín, decidió que debido a que en La México su apoderado Matilla y su hombre de confianza, Diego Robles, le firmaron la primera corrida en 2001 y fueron sus alfiles en una carrera ejemplar, demostrando superar adversidades con la alegría de vivir y hacer lo que le gusta a pesar de los avatares, trocó el nivel medio y corridas duras en sus actuaciones, después de la cornada en Zaragoza en 2011, en ser líder del escalafón europeo en varias ocasiones y en corridas reservadas para las figuras, que a su modo y manera también lo es el jerezano.

En La México el 16 de noviembre de 2014, indultó al toro Sonajero de la ganadería de Villa Carmela, como solamente lo habían logrado sus paisanos; el primero, El Capea con Samurai de Begoña el 4 de mayo de 1986, misma fecha en la que Miguel Espinosa Armillita (quién fue homenajeado con la develación de su busto elaborado por el artista mexicano Ariel de la Peña, antes de iniciar la corrida el 16 de diciembre) tejió a Tenor una faena de rabo y luego en 2005 El Juli con Trojano de Montecristo y posteriormente El Fandi con Bomboncito de José María Arturo Huerta semanas después la faena de Padilla; son hasta ahora las faenas de indulto en La México de toreros españoles.

Padilla cual ave fénix y en contra de la lógica, emergió de sus propias cenizas, luchó con agallas contra la adversidad después de la brutal cornada en Zaragoza en 2011 y soportó con paciencia franciscana las penurias de una dolorosa rehabilitación. Reapareció en marzo del año siguiente en Olivenza en 2012, para el 16 de diciembre de 2018 cerrar su carrera en La México con el cariño del público que después de las Golondrinas, le gritó ¡Torero, torero! Y le cantó El Cielito Lindo.

Deja una lección de fortaleza, de cómo encarar la existencia y como sacarle alegría a la vida, en su despedida con el toro Guitarrista de Boquilla del Carmen brindó por el micrófono de la transmisión de televisión a su esposa Lidia, a la que conoció convaleciendo de una grave cornada en 1989 cuando novillero en la femoral y safena, teniendo que dedicarse dos años a repartir pan al estar en dique seco. En su actuación de despedida fue el torero arrebatado y  emotivo de siempre, deja una lección ¡Illa, Illa, Illa, Padilla Maravilla!

Por su parte enderezó su futuro Arturo Saldívar con los dos mejores astados de Boquilla del Carmen, ganadería zacatecana que hizo su presentación en La México; Arpista y Jaranero, bien pudo salir a hombros y solamente el rigor que aplicó el juez Jorge Ramos en su primero, le impidió obtener dos trofeos después de la magnífica ejecución de la suerte suprema y una faena muy bien estructurada, para en su segundo por fallar en la misma, perdió trofeos ganados por una actuación en conjunto, vibrante e inteligente.

Padilla se fue y Arturo pasó con fuerza lista de presente en La México que la próxima semana cobijará la despedida de El Conde con El Zapata y José Luis Angelino compañeros de cartel, los toros anunciados son los queretanos de Barralva.

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