Toreo y verdad

Antoñete en Madrid.

“Sólo los toros descastados y machacados en varas permiten el toreo encimista y el tercio de pase. No se puede hablar seriamente de toreo sin dejar sentado que citar en corto y con la muleta retrasada es una trampa porque lo dificil es dejarse ver del toro, darle sitio en la arrancada y luego templarlo y someterlo hasta vaciar el pase. Eso es lo arriesgado y lo importante. Cuando el toro viene arrancado desde lejos tiene mucho mas peligro que citándolo con los muslos en los pitones (…)

Los viejos toreros decían que lo mas importante es la colocación antes de empezar el muletazo (…) Todos decían lo mismo: “Si te colocas bien mandas en el toro y rematas bien el pase para quedarte otra vez colocado. Si te colocas mal, el que manda es el toro y al terminar el pase quedas descolocado”.

La forma correcta de citar es colocarte enfrente de la mitad del testuz y de la penca del rabo, de forma que haya una línea recta entre la cadera del torero (o el medio pecho) y el espinazo del toro. Una vez afirmado en ese terreno se adelanta la muleta y se espera que el toro llegue a la muleta. Sólo entonces, ni antes ni después, se adelanta la pierna para torear en curva. Al terminar el pase hay que ganar otro paso para quedar otra vez colocado enfrente del testuz. Los últimos que han hecho esto fueron Antoñete y Rincón (…)

Mientras Antoñete y Rincón hacían estas cosas tan sencillas y tan verdaderas, una falsa generación de figuras jóvenes inventaron el citar al hilo del pitón o, para colmo de la mentira, con la muleta y la pierna retrasadas.(…)

Como ya se había inventado el medio toro de la media casta y desfallecido en la muleta por los tremendos puyazos traseros o el pico de la muleta, este toreo de truco valía para sostener al toro en pie y sacarle la media arrancada que le permitían su falta de fuerza y de casta (…) después de toda esta farsa llegó el delirio del “tomasismo“, donde un público impresionable creyó que torear era dar un muñecazo dejándose enganchar la muleta constantemente. Creyeron que torear era hacer el poste y la rigidez vertical (…) Pero solo lo creyeron, porque casi nunca lo vieron.

Por Alfonso Navalón (Extraido de un artículo publicado el 11.11 2007 en la “Tribuna de Salamanca”)

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